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Los rojiblancos rescatan la versión del curso pasado 48 horas después de la charla con el presidente
El regreso de Herrera al once inicial propicia la transformación de los 'leones', más reconocibles
PAKO RUIZ - Lunes, 8 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h
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Ander Herrera, que volvió al once titular, asiste un balón tras superar al osasunista Oier. (O. Martínez y Juan Lazkano)
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bilbao. Habrá que deducir que la terapia de grupo ha hecho efecto en tiempo récord. O habrá que pensar que Josu Urrutia les echó a los jugadores una regañina en la cumbre del viernes. El presidente, por tanto, ejerció de jefe sin necesidad de recurrir a luces y taquígrafos. El Athletic deterioró su imagen en el derbi de Anoeta y en el duelo europea de Praga. Y resulta que 72 horas después de la dolorosa derrota ante el Sparta el conjunto rojiblanco ofrece la versión más cercana al Athletic que deleitó en juego durante campaña pasada. Ver para creer. Semejante transformación merece ser objeto de una tesina debidamente detallada.
Lo cierto es que los leones se quitaron ayer un peso de encima. Superaron a Osasuna en un derbi que debían ganar sí o sí, con lo que salen del pozo. Buena noticia después de lo que ha caído. El Athletic de Bielsa ha vuelto. Quizá suene a excesivamente superlativo, porque tampoco el conjunto navarro exigió lo máximo a los rojiblancos, a los que les surgió aliados inesperados, los postes. Pero sí asomó el Athletic que se esperaba este curso y que tanto se ha hecho de rogar. Bielsa puso en liza la propuesta que le identifica. Lo hizo en gran medida porque recuperó a Ander Herrera, que compareció de nuevo como titular mes y medio después. La presencia del bilbaino pone a cada uno en su sitio, por lo que el rosarino no tiene necesidad de hacer pruebas de laboratorio.
Ander Iturraspe encontró a Herrera. Óscar de Marcos exhibió sus mejores sensaciones. Iker Muniain, en su partido cien como rojiblanco en competición liguera, carburó por su banda izquierda y conectó con Herrera, al que ha debido echar mucho de menos. Markel Susaeta se asoció con Andoni Iraola y con De Marcos, lo que se entiende como el regreso del tridente del costado derecho, letal cuando funciona. De esa conexión nació el tanto de Aritz Aduriz, que necesita al Athletic de Bielsa para hincharse a meter goles, como así le ocurrió el ejercicio anterior a Fernando Llorente, que elevó su cuenta a 29 tantos en las tres competiciones. Por cierto, Llorente sigue disfrutando de minutos como revulsivo, pero ayer el de Rincón de Soto, que desperdició una gran ocasión en el primer balón que tocó, prolongó su sequía en San Mamés desde la histórica semifinal de la Europa League frente al Sporting de Lisboa. Y de aquello han pasado más de cinco meses.
Aduriz, en su tercera etapa como león, suma ya cuatro dianas en Liga, prácticamente la mitad del total del colectivo, nueve. El donostiarra, que se siente cómodo bajo el magisterio de Bielsa, luce genética rojiblanca, quizá porque le han obligado estar lejos del Athletic. Aduriz ejecutó un golpeo extraordinario con su pierna derecha a servicio de De Marcos, que seguramente deberá repasar en vídeo las decisiones que tomó en el buen puñado de ocasiones de que disfrutó. El de Laguardia completó un encuentro sobresaliente, pero le faltó batir a Andrés Fernández, que le traumatizó con sus intervenciones, para sacar matrícula de honor.
vía de agua El Athletic rescató su alegría a la hora de gestionar un partido. Fue así porque, salvo en el tramo inicial, funcionó su maquinaria en la medular, donde se cocinan los encuentros. Es lo que reclamaba a viva voz Bielsa, del que se sabe está convencido de disponer de un bloque superior al de la temporada pasada. Habrá que creer al rosarino, quien, como indicó en la víspera del duelo ante Osasuna, insiste en la ilusión que le genera este equipo, al que, sin embargo, le falta matar los partidos.
De Marcos y Susaeta se reinventaron la campaña anterior en la que ambos se convirtieron en referencias del Athletic de Bielsa. Son dos de los grandes beneficiados del ideario del argentino y ayer lo ratificaron con su machacante presencia en el área navarra. Pero asomó un déficit que es muy manido en el fútbol. No tuvieron pegada, sobre todo el primero, que gozó de hasta cinco oportunidades de marcar. Las más claras llegaron en el ocaso del primero periodo, en un mano a mano con el guardameta murciano, y en el primer minuto de la reanudación, donde no acertó en un doble remate a puerta.
Tampoco lo hizo el de Eibar, al que, al contrario de lo que le sucede en competición europea, le cuesta horrores marcar en Liga. Susaeta padeció la excelencia de Andrés Fernández en dos disparos mediado el segundo acto. Por momentos, emergieron amenazantes antecedentes del último ejercicio, donde se escaparon puntos de San Mamés en los compases finales frente al Barça, Racing o Espanyol.
En esta ocasión no se repitió el mismo drama porque el Athletic rentabiliza la sociedad Gurpegi-Ekiza, ya que los leones no han recibido gol alguno en sus tres últimas citas ligueras en La Catedral, entregada ayer con los de Bielsa. Además, Jon Aurtenetxe, debido a los problemas físicos que sacudieron a Castillo, disfrutó de sus primeros minutos en el presente ejercicio, lo que fue otra de las buenas noticias de la tarde.
¿De Osasuna? Pues, el bálsamo de los últimos tiempos. Los rojillos no rascan bola en San Mamés desde hace cinco temporadas, al mismo tiempo que a José Luis Mendilibar le sigue castigando su maldición en La Catedral, donde sufrió su cuarta derrota consecutiva desde que fuera destituido como entrenador del Athletic siete años atrás.
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