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Períodico de Deia
athletic 1-0 osasuna una victoria de rechupete

La anhelada reacción

El Athletic se suelta y genera un número de ocasiones más que suficiente para tumbar a Osasuna

Solo la falta de puntería permitió que en la fase final los nervios se apoderasen de San Mamés

 

josé l. artetxe - Lunes, 8 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h

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Aritz Aduriz (c) celebra su gol, el primero del Athletic, junto aIraola durante el partido frente al Osasuna.

Aritz Aduriz (c) celebra su gol, el primero del Athletic, junto aIraola durante el partido frente al Osasuna. (EFE)

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BILBAO. Bueno. El Athletic cumplió con su afición brindándole un rendimiento que recordó bastante al del Athletic que se estaba esperando y tanto se ha hecho de rogar. Era el día y no falló, no podía hacerlo, y se asistió a una mejoría sustancial. El equipo, presionado por su errático deambular por la competición, también necesitaba soltarse, sacar a relucir su repertorio, aquello que no se puede olvidar, pero que no conseguía plasmar con un mínimo de regularidad y acierto. Hizo muchas más cosas bien que mal y como consecuencia de ello se alzó con un triunfo que mereció con creces, pese a que el marcador final, así como los minutos postreros pudieran indicar lo contrario.

La historia del derbi se alargó en exceso y la razón es evidente: se revivió la situación de tantos partidos de la pasada temporada, cuando la desproporción entre jugadas de peligro y goles impedía que los resultados tuviesen la dimensión buscada. Osasuna halló en ese déficit de puntería, acaparado por los activísimos De Marcos y Susaeta, su salvoconducto para conservar la vertical, pues tal cual fue el desarrollo del choque debió haber quedado noqueado bastante antes de que los nervios se apoderasen de San Mamés. Fiel al catecismo que desde su llegada Marcelo Bielsa impuso a la tropa, no hubo margen para la especulación, siempre se miró hacia adelante y únicamente el increíble desperdicio de jugadas determinantes deslució una puesta en escena más que esperanzadora, sobre todo habida cuenta el actual contexto.

Tampoco faltó la ya clásica ración de nervios inicial, con errores de bulto en entregas sencillas, aunque duró un suspiro, lo que tardaron los tres centrocampistas rojiblancos en relacionarse y reactivar, por ejemplo, la banda derecha, la zona preferida del terreno que tiene este equipo para progresar y romper líneas rivales. Asociados a Iraola y Susaeta, el trío que debe vincular a todos los componentes de conjunto, dio rienda suelta a su creatividad, con toques ágiles. Los automatismos, tan celebrados durante el curso anterior, afloraron para que enseguida Aduriz dispusiera de un servicio en condiciones. El ariete metió en el puchero el centro raso de De Marcos, quien ya había ganado la línea de fondo en ventaja.

La sencillez de la acción invitaba a reflexionar sobre los tremendos problemas que el Athletic ha acumulado en demasiadas jornadas para ejecutar este tipo de combinaciones que condensan su estilo ofensivo. Poco después, quien servía era Susaeta y Aduriz volvía a ganar la partida a los centrales para ceder a De Marcos. De nuevo Aduriz emergía entre un mar de zagueros para cabecear a la salida de un córner bien templado por Susaeta. El balón, con el portero vendido, salía rozando el larguero.

Eran los mejores instantes de un equipo que, aunque parezca mentira, acababa de marcar por vez primera antes del descanso en lo que llevamos de Liga. El fútbol fluía fácil porque también la recuperación se efectuaba con celeridad. Osasuna aparecía desbordado y sus turnos de posesión no servían para conectar con el siempre incómodo Joseba Llorente. Iturraspe ya había fijado la marca de Armenteros, el encargado de dinamizar a los suyos a partir de la divisoria, y los laterales se imponían, muy encima de Sisi y Nino.

mendilibar replica El derbi no estaba liquidado ni mucho menos, pero había cogido muy mala pinta para Osasuna. Mendilibar no aguantó más y ordenó un doble cambio a la media hora: Puñal y Lamah, a escena. Se notó. El incombustible capitán rojillo aportó equilibrio en el círculo central, mientras que la zancada de Lamah generó algunos problemas a Iraola. Lo cierto es que el Athletic dejó de mostrarse tan incisivo, ya no le resultaba tan fácil hacer juego, los de enfrente habían entrado en el partido.

Un centro cerrado de Lamah bailó sobre el larguero de Iraizoz, que poco después vio cómo de nuevo el poste largo se aliaba con él tras un chutazo de Lolo en golpe franco. No hubo más en el balance rematador de los navarros, que siguieron sin hacer agujeros en la zaga local. Y justo antes del intermedio, a la contra, Muniain sirvió a De Marcos para que fusilase. Empezó el recital de Andrés, con un prodigioso desvío a córner. Toda la segunda parte fue una sucesión de llegadas rojiblancas, la mayoría del mismo corte, con De Marcos o Susaeta penetrando en el área en ventaja, pero no hubo manera de hacer el segundo y bien que lo lamentó el Athletic.

Se contabilizaron no menos de seis jugadas propicias para marcar. Osasuna aguantaba más la pelota, en vano, salvo para cansar a su rival, cuyos despliegues, sin embargo, eran demoledores, salvo por la presencia de Andrés, rapidísimo cada vez que salía del marco. En un mismo lance desbarató dos remates de De Marcos, luego llegó a tiempo para detener un desvío letal de Lolo sobre la misma línea de gol. A continuación, Susaeta no alcanzó por centímetros un centro paralelo de De Marcos. El 10 rojiblanco tampoco salió ganador de un mano a mano con el portero. Llorente se escurrió, sólo en el punto de penalti. Susaeta, por fin, libró el cuerpo de Andrés, pero Damiá evitó la puntilla a puerta vacía. Otra vez llegó Susaeta y de nuevo Andrés respondió a su tiro cruzado.

En fin, estas oportunidades, más que suficientes en número y calidad, para haber sentenciado el derbi se registraron con intervalos de entre tres y cinco minutos. Osasuna jugaba con fuego, se descomponía con los pases filtrados entre sus líneas, pero se mantenía vivo. El cansancio, agravado por el fuerte calor, iba haciendo mella en todos, y Bielsa refrescó la contención con Aurtenetxe y San José. El Athletic se había hecho ampliamente acreedor a la victoria, pero tuvo que apretar los dientes, echar el resto en un tramo final no apto para cardíacos. La fortuna, por una vez, hizo un guiño a los de Bielsa cuando Timor estrelló en el poste izquierdo de Iraizoz una falta con barrera. Aún Iraizoz tuvo que intervenir para blocar un cabezazo de Lamah. Así todo, el Athletic terminó el encuentro arriba, atacando. Así lo quiere Bielsa y así debe ser. Aunque se le negó el gol de la tranquilidad, esa ansiada sensación que ayer regresó. A ver si es para quedarse.

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