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La procesión vespertina reunió a más de doscientos vecinos de Pobeña
e. Zunzunegi - Lunes, 8 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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A diferencia del Socorro, es una cita íntima para los vecinos. (E.Z.)
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Muskiz. Lejos de la algarabía que acompaña habitualmente a la Virgen del Socorro en la romería que se celebra en Pobeña todos los 8 de septiembre, y que congrega a miles de vizcainos llegados de municipios de buena parte del herrialde, ayer la vuelta a casa de la Virgen auxiliadora de marinos y pescadores, el Socorrillo, se celebró con el respetuoso recogimiento que le dieron sus fieles vecinos.
No quiere decir esto, si embargo , que la vuelta de la Virgen a su farallón rocoso junto al Barbadun, donde se ubica su ermita, fuera una manifestación de duelo para los fieles de la parroquia de San Nicolás de Bari -donde ha reposado durante este mes- ya que flores, música y danzas se dieron de nuevo cita en honor a esta devoción mariana.
Una cita festiva en la que también hubo un lugar para la diversión de los más jóvenes que aprovecharon la mañana dominical para entretenerse con variados juegos populares.
No solo el menor número de congregados en Pobeña en la procesión vespertina era diferente al de la romería de septiembre si no que incluso, como manda la tradición, la vuelta se hizo por un recorrido distinto al de entonces, aunque -eso sí- no faltaron los pétalos de rosa que a la ida y a la vuelta le lanzan Mertxe y Cari desde el domicilio familiar. "Cuando se viene del Socorro hacia San Nicolás la Virgen se adentra por las marismas en recuerdo a los tiempos en los que los pescadores debían llevar en bote la imagen de la Virgen hasta el mismo núcleo de Pobeña, cuya playa se situaba en lo que hoy es el campo de fútbol", recuerda un feligrés.
Relleno La vuelta sin embargo es un poco más corta ya que se lleva a cabo por la zona del aparcamiento que se sitúa en dirección a la playa, junto a la ladera que sube hacia Kobaron. "Es el que nosotros llamamos el camino antiguo, cuyo relleno surgió con la actividad minera a cuenta del lavado de mineral de hierro y que cesó cuando las minas empezaron a verter los lodos hacia la zona donde se ubicaba el desparecido cargadero de Pobeña, en la costa, hacia Ontón", reseña este devoto de la Virgen.
Una Virgen que, junto al niño, lucía ayer el manto blanco y azul que los feligreses de San Nicolás se aprestaron a preparar la víspera en sustitución del manto beige y oro que luce cuando viene desde su ermita. Este último, y otro tercer manto, fueron donados por la familia Serrano, de Pobeña, mientras que el manto blanquiazul portado ayer fue una donación de la familia Barquín de Muskiz.
No solo los mantos son objeto de mimo por parte de los feligreses si no que incluso se esmeran en que el pelo natural de la Virgen luzca radiante. Para ello, una sesión de peluquería pone el punto perfecto a esta talla mariana de apenas un metro de alto que ya ha vuelto a su hogar, hasta el 8 de setiembre.
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