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Períodico de Deia
gracias a una gran defensa final

El espíritu y el filo

El Bilbao Basket estrena su casillero de victorias al derrotar al Barcelona en un duelo titánico en el que los anfitriones acertaron con su decidida apuesta por blindar su zona en los dos actos finales

Jon Larrauri - Lunes, 8 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h

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Los jugadores del Bilbao Basket, con Adrien Moerman y Nikos Zisis en primer plano, aplauden al público de Miribilla a la conclusión del choque.

Los jugadores del Bilbao Basket, con Adrien Moerman y Nikos Zisis en primer plano, aplauden al público de Miribilla a la conclusión del choque. (JOSE SAMPEDRO)

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bilbao. Mamadou Samb acostumbra a ver los partidos sentado en el banquillo. Como decimoprimer hombre del equipo que es, su papel principal se desarrolla durante la semana, en los entrenamientos. Cuando llegan los partidos, acostumbran a ser otros los que reciben la luz de los focos mientras que él, con esa perenne sonrisa que siempre le acompaña como seña de identidad, les apoya y aplaude desde la banda. Sus comparecencias en cancha, cortas normalmente, acostumbran a llegar en partidos ya resueltos. Pero ayer todo cambió. Exigencias del guión. En un duelo de máxima tensión, con el marcador parejo en todo momento, la acumulación de faltas de los hombres interiores en el segundo acto obligó a Fotis Katsikaris a mirar al fondo del banquillo. Y ahí estaba Mamadou. Sentado. A la espera. Activó el griego la carta del senegalés y este respondió con creces. Ningún pívot rival le pasó por encima y en ataque no se cortó un pelo. Sus números en 13 minutos de juego no fueron siderales, pero esa no es su función. Katsikaris admitió tras el duelo que apostó por él porque le ve currar entre semana como el que más. La tierra, para quien la trabaja, como dejo dicho Emiliano Zapata. Y fue así, con trabajo y solidez desde el primer espada hasta el decimoprimer jugador, a pico y pala, como el Bilbao Basket tumbó ayer a ese gigante con pies de barro que es hoy en día el Barcelona Regal. Si Samb representó el espíritu, las ganas, el trabajo incansable que siempre hay que poner sobre la mesa para derrotar a un gran equipo, sus compañeros aportaron el filo, la mirada del tigre ofensiva y la artillería necesaria para salir triunfadores.

La pizarra de Katsikaris mostraba con claridad desde el lunes cuál debía ser la clave de la contienda. "Si nos tienen que ganar, que no sea porque nos arrollan en el juego interior, que sea desde la línea de 6,75", les vino a decir desde el primer entrenamiento. Ocurre que no es sencillo imponer el criterio propio en un duelo y al Bilbao Basket le costó ayer dos cuartos. En ellos, el Barcelona jugó bastante desatado, a favor de viento. Con Marcelinho sintiéndose libre y con espacios, los visitantes encontraron bastantes facilidades a la hora de colocar el balón en situaciones ventajosas cerca del aro. Bajo esos parámetros, jugadores como Tomic y Lorbek son prácticamente imparables, más aún cuando, además, controlan de manera abrumadora el rebote ofensivo -hasta ocho rechaces en canasta ajenas rebañados en el acto inaugural-. Pero a la vuelta de vestuarios, con 37-43 en el marcador, todo cambió. Los hombres de negro cerraron su defensa, acotaron la zona como si fuera el tesoro más preciado, colapsaron las distancias cortas y el juego ofensivo del Barcelona empezó a petardear. Sus interiores ya no encontraban suministro y las pocas veces que el balón llegaba a sus manos no hallaban espacios para maniobrar con comodidad. La invitación para que los de Xavi Pascual se jugaran la vida desde la línea de 6,75 estaba ya cursada y los visitantes picaron el anzuelo. Comenzaron a bombardear desde el perímetro, pero su punto de mira no estuvo atinado. Su 5 de 25 lo dice todo y, además, esta vez el aún renqueante Juan Carlos Navarro no pudo ser su clavo ardiente al que aferrarse.

Y como ocurre tantas veces en el baloncesto, con el rearme defensivo llegó de la mano el equilibrio en ataque. Si durante los dos primeros cuartos las ofensivas no fueron demasiado fluidas, tras el descanso pasaron a ser mucho más definidas y precisas. Con este radical cambio de panorama, el marcador también sufrió un vuelco. Si hasta entonces había sido el Bilbao Basket el perseguidor, este ingrato papel lo heredó el Barcelona en los quince minutos finales, desde la igualada a 45 puntos. Con los de Pascual absolutamente encasquillados -anotaron solo dos puntos en los cinco primeros minutos del tercer cuarto- el Bilbao Basket tiró de fondo de armario. Rakovic mostró al Bilbao Arena su capacidad de finalizar acciones con facilidad cuando recibe cerca de la canasta, Moerman engatilló desde la larga distancia, Mumbrú posteó con criterio y Zisis y Raúl López no solo aportaron distribución y dirección, sino que asumieron responsabilidades anotadoras cuando fue necesario.

capacidad resolutiva El trabajo bien hecho permitió al Bilbao Basket alcanzar el último cuarto con una renta de cinco puntos (57-52). Quedaba, por lo tanto, mucha tela que cortar. Katsikaris apostó por juntar en cancha a Raúl y a Zisis y acertó de pleno, pues el equipo ganó en control de la mano de dos de los directores de juego más cerebrales de la competición. El 63-54 a falta de 7:38 para el final hizo soñar al Bilbao Arena con un final plácido, pero equipos como el Barcelona acostumbran a resistirse a la hora de claudicar. Tomic hizo un último servicio a los suyos antes de cometer la quinta falta, Lorbek aprovechó una ayuda innecesaria para anotar solo desde la línea de 6,75 y el 66-61 a 2:52 de la bocina indicó a los hombres de negro que aún quedaba trabajo por hacer. Zisis asumió los galones de líder sin que le temblara el pulso, pero Mickeal, Jawai y Abrines respondieron desde la trinchera contraria para obligar al Bilbao Arena, con el 70-67 a 43 segundos del final, a un último esfuerzo, tanto en la cancha como desde ese graderío que ayer volvió a rozar el lleno a pesar de la coincidencia del partido con el Athletic-Osasuna, algo que enorgulleció a Katsikaris.

Pero a los anfitriones no les tembló el pulso. La siguiente jugada ofensiva contó con una elaboración digna de precisión quirúrgica para que el balón acabara en las manos de Moerman y, libre de marca, anotara un triple, aunque en la siguiente jugada Vasileiadis cometió falta sobre Lorbek cuando lanzaba desde la misma distancia, anotando el esloveno dos de los tres tiros libres. Con 20 segundos para el final, el Bilbao Basket se defendió desde ese potro de tortura. Primero fue Mumbrú, al que respondió Navarro con sus dos únicos puntos en el partido, luego fue Kostas el que acudió a la línea, errando uno de los dos lanzamientos, y el eterno Sarunas Jasikevicius decidió aportar algo de picante al asunto con un triple de ocho metros. El 76-74 a tres segundos de la conclusión prohibía cualquier tipo de error y Zisis, soberbio, anotó sus dos tiros libres sin pestañear, haciendo baldío otro monumental triple de Saras. La victoria, la primera del curso, se quedaba en casa a base de espíritu y filo, gracias al trabajo global, desde el del esforzado Mamadou hasta el del más rutilante de los artilleros.

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