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Xabier Lapitz - Miércoles, 10 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:37h
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Xabier Lapitz. (Foto: p. viñas)
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LaS organizaciones juveniles de los partidos tienden a ser como las siglas de sus mayores pero en alta definición. Todo es más intenso, más directo, más espontáneo. Por eso me llamó mucho la atención algo tan poco juvenil como un anuncio en la prensa a toda plana firmado por las Juventudes Socialistas de Euskadi-EGAZ Ramón Rubial. No es que sea poco juvenil hacer publicidad, pero se suelen elegir conductos menos estándar que eso de llegar a un periódico de la derecha española y poner 6.000 euros del ala. Es poco juvenil pagar una impar en un periódico en fin de semana salvo que en el PSE anden sobrados de pasta porque en el comité electoral está Melchor Gil, el hombre de los amigos que van repartiendo billetes de 500 euros. Si se los dan para un chalé, cómo no se los van a dar para esto.
El anuncio es chusco porque pone en evidencia la cobardía de Rodolfo Ares, que primero mandó a la muchachada a plantarse ante la sede del PNV (a mí eso me recuerda a otros que tal bailan y a los que Ares disolvía a porrazo limpio) y ahora usa las siglas de las juventudes (¡qué lástima por Ramón Rubial!) para no firmar él mismo la arenga.
"Los otros que tal bailan" se han adaptado bastante bien, pero ni media de decir que estaba mal lo suyo y peor lo de ETA. Otros que nos piden amnesia. Siempre hay algún verso suelto, como los cabestros que amenazaron con incinerar a la ex alcaldesa de Oñati, pero en líneas generales están obedeciendo a sus mayores en esta difícil reconversión que va de quemar un cajero a pedir un crédito. Albergo la esperanza de que por fin usen la capucha de los forros polares para que no se les enfríen las orejas. Sería todo un avance a la normalización del país.
No sé si existe eso que llamamos pecados de juventud. Una de las grandezas es estar equivocado y convencido a una edad y, más tarde, saber explicar por qué ocurrió eso y hacer un relato coherente del cambio. Yo creo que estuve equivocado, y ahora mismo puede que siga en el error, pero nunca he sentido un quebranto en mis convicciones éticas: nunca he justificado la violencia.
Desconozco qué problemas interiores le suscitan esos cambios a los entonces jóvenes del PSE que callaban ante el GAL, a los que hoy aplauden a González, a los que han pasado en un año del "ETA mátalos" a tragar con la bandera española colgando del Ayuntamiento que gobierna la izquierda abertzale, a los pegatiros que luego viajaron en coche oficial mientras sus víctimas quedaron cojas para toda la vida, y así, suma y sigue… pero no tiene que ser fácil.
Llevo algo más de medio libro leído de la obra de José Félix Azurmendi sobre las relaciones ETA-PNV. Hay mucho dato y la obra es interesante, pero no puedo quitarme de la cabeza una sensación: trata de convencernos de que ETA no era tan mala cuando él militó, y el PNV nunca fue tan duro con esa organización… hasta que él decidió cambiar. Trata de explicar su evolución, en un ejercicio personal que quiere compartir con el resto. Seguro que dice que no es así, pero me lo parece.
También me ha parecido que algunos pierden la cabeza y engordan la cartera en ese viaje. Sin ir más lejos, uno de los protagonistas de La semana de la risa de Bilbao, que acaba de traer de estrella invitada a Jon Juaristi para hablar de "El compromiso del autor contra la barbarie". ¡Ja! ¿Contra qué barbarie? ¿Contra la de la ETA de la que formó parte Juaristi? ¿Contra la del hagiógrafo del belicista Aznar? ¿Contra la barbarie saqueadora de las arcas públicas españolas en la que tan bien se mueve el ínclito? El compromiso de Juaristi es un chiste bárbaro, che.
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Gracias por su comentario
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