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"El objetivo es permitir que se equipen los conductores a un precio justo", alegan
Aitor ANUNCIBAY - Miércoles, 10 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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Un hombre sopla un alcoholímetro químico antes de coger su coche. (Iker Azurmendi)
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Donostia. El mercado ha reventado y no da más de sí. Nadie podía imaginar hace pocos meses que una de las medidas para rebajar el número de accidentes de tráfico en Francia se retrasaría por la falta de previsión del Gobierno galo. El Ejecutivo liderado hasta el pasado mayo por Nicolas Sarkozy determinó que todos los conductores que circulasen por el Hexágono debían portar en el interior de su vehículo al menos dos alcoholímetros (denominados éthylotest), a partir del 1 de noviembre.
En caso de incumplir esta norma, los conductores autóctonos y de paso por la red viaria francesa, deberían abonar una multa de once euros. Sin embargo, ahora, la puesta en marcha de esta polémica iniciativa se ha traslado en el calendario hasta el 1 de marzo del próximo año. En todo caso, desde el 1 de julio de este año ya era obligatorio llevar estos aparatos, aunque los gendarmes no multaban si el automovilista no lo hacía.
La gran demanda de estos aparatos a lo largo de las últimas semanas ha vaciado los establecimientos (farmacias, estancos, grandes superficies y gasolineras, entre otros), lo que ha impedido que todos los vehículos hayan podido ser equipados tal y como reza la normativa francesa de tráfico. De hecho, su escasez ha provocado de rebote una peculiar inflación, de manera que los pocos alcoholímetros ofertados han aumentado su precio de uno a cinco euros. No en vano, los ciudadanos de este lado del Bidasoa han podido constatar la falta de etilómetros cuando se han desplazado hasta Lapurdi para adquirirlos.
Esta falta de previsión por parte del anterior Gobierno galo ha conducido al Gabinete de Hollande a trasladar la medida al próximo año, según ha confirmado esta semana el Ministerio del Interior francés. El titular de la Administración gala de esta cartera, Manuel Valls, señaló en este sentido que "el objetivo de este retraso es permitir que se equipen el conjunto de los conductores de forma adecuada y a un precio justo".
Certificación Al hilo de esta decisión, Valls también se replanteó la introducción de esta medida, dado que "propondrá a un comité interministerial de seguridad en carretera evaluar el interés de este dispositivo, en estrecha comunicación con el Consejo Nacional de Seguridad Viaria y las asociaciones de usuarios y de víctimas de tráfico", manifestaba hace pocos días el ministro del Interior. Las dos únicas empresas encargadas de fabricar estos alcoholímetros deben presentar en todos sus productos la certificación NF. Ambas ofrecen dos tipos de aparato: el químico (desechable) y el electrónico (permanente).
En el primero, hay que soplar por una boquilla insertada en una bolsa hasta que esta última se infla. Después, se inserta un tubo en la boquilla y se presiona la bolsa para que el aire recogido se dirija hacia ese conducto, donde hay un granulado químico. Si este compuesto toma un color verde, indicará que se ha superado la tasa de alcohol permitida (0.25 miligramos por litro en aire expirado para los conductores de turismos).
El segundo aparato es digital y está dirigido a aquellos que se dedican a la conducción profesional, dado que deben controlar con mayor frecuencia la tasa de alcohol. Estos dispositivos cuestan entre 100 y 200 euros.
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