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Seis meses después de la muerte de Iñigo Cabacas por el disparo de una pelota de goma de la Ertzaintza, y tras el homenaje que le tributó el martes el pueblo de Basauri, los padres del joven, Manuel y Josefina, trasladan a Xabier Lapitz en Onda Vasca su exigencia de justicia
Deia - Jueves, 11 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:37h
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Manuel y Fina, padres de Iñigo Cabacas, ayer en el estudio de Onda Vasca junto a Xabier Lapitz. (p. Viñas)
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Bilbao. Fina y Manuel, ¿cómo están?
MANUEL: Muy emocionados todavía del recibimiento que tuvo el pueblo de Basauri con nosotros y nuestro hijo, del homenaje que le hicieron los vecinos, los amigos y el Ayuntamiento, que han puesto una placa en su memoria, y del calor humano y el cariño que vimos.
Han asegurado que el apoyo recibido del entorno de Iñigo y de sus amigos les ha ayudado mucho.
FINA: Yo con los chavales además me encuentro muy a gusto, son los que me levantan el ánimo y ayer -por el martes- en Basauri estuvieron estupendamente. Luego agradezco la calidad humana que han tenido los vecinos con nuestro hijo, es como si hubiera dejado un poquito de mí en Basauri.
Pese a reconocer que no es un trago fácil para ustedes, como el conceder entrevistas a los medios, creen que es algo que deben hacer.
M: Sí, lo hago por mi hijo, creo que se lo debo. Por mi hijo haría todo lo que sea necesario, lo hice cuando estaba en vida y lo seguiré haciendo ahora.
La muerte de Iñigo es algo que no se olvida fácilmente, pasó en un momento muy especial y nos conmocionó a todos.
M: No se olvida, sobre todo por la forma en que sucedió. Fue en el momento menos oportuno, ETA ya había declarado la tregua, la kale borroka había desaparecido, había un ambiente excepcional en la calle, nadie vio ninguna trifulca y si la había no era necesario que fueran 20 furgonetas [de la Ertzaintza]. Además en plan zorro, bajando sin sirenas, en vez de por María Díaz de Haro, en dirección contraria, apostándose como se apostaron y haciendo una intervención policial al estilo franquista, sin avisar.
¿Qué cuentan los amigos que pasó aquel 5 de abril, después del partido contra el Schalke 04?
M: Según cuentan los amigos, los testigos que estaban allí, había un ambiente excelente. La gente se estaba divirtiendo, es lógico, estarían celebrando con sus copas, sus cervezas en la mano, porque habían ganado y era un día de fiesta para ellos. Aparte de eso pudo haber una trifulca de dos chavales que se habían pegado, pero por lo visto había acabado hacía una hora.
Iñigo falleció tras una intervención policial. ¿Hablaron entonces con Rodolfo Ares, el responsable político de dicha actuación?
M: Primero nos mandó un papel con dos números de la centralita para que le llamáramos nosotros. Estábamos en el juzgado cuando dos ertzainas nos entregaron el papel y mi mujer se sintió ofendida, también yo, y los amigos y toda la familia. Les dijimos que no aceptábamos esas formas, y el ertzaina nos pidió disculpas y nos dijo que nos daba el pésame, lo que acepté.
¿Y cómo reaccionó el entonces consejero de Interior?
M: Al darse cuenta de que había metido la pata, llamó a mi abogada, a Jone, para ver si le podíamos recibir en el despacho. Dijimos que sí, y al presentarse lo más bonito y desagradable que nos dijo nada más entrar es que lo sentía, pero que allí había habido una intervención porque no había ambiente festivo, sino violencia. Entonces los chavales, los amigos, no se le echaron al cuello pues no sé por qué, yo estaba todavía bloqueado y no animé a ello, sino que tranquilicé.
Lo que sucede es que se intentó incriminar a la víctima más o menos solapadamente, diciendo que había un ambiente radical y violento en el que estaba participando.
M: Exactamente.
Entonces, ¿cómo era Iñigo?
M: Era un chaval majísimo, no estaba metido en política ni había estado nunca en la kale borroka ni nada. Era un chaval de deportes, de música, de sus amigos, estaba muy ocupado, trabajaba en el Banco de Bilbao, en la Gran Vía, y estaba muy contento, sobre todo este año tenía unas ilusiones terribles para celebrar con los amigos que se había sacado el carné de patrón de barco. Quería salir y alquilar un barco para hacer un viaje, lo iban a pasar en verano estupendamente, pero no pudo llegar a hacerlo.
¿Le han intentado recriminar esta forma de actuar a Rodolfo Ares? Porque la relación con el Gobierno ha sido tensa...
M: Como bien acabas de decir, en vez de intentar buscar a los culpables en la Ertzaintza, que fueron los asesinos, intentaron culparnos a nosotros por coger una abogada de la izquierda abertzale y por no estar de acuerdo con la actuación que hizo la Ertzaintza. Entiendo que haya tolerancia cero, pero con una medida, porque lo que allí hizo fue pasarse catorce pueblos. Aquello fue terrorismo de Estado, no hubo violencia hasta que llegaron ellos, querían dar un escarmiento en la Herriko ahora que se ha calmado ETA, y sí que lo dieron.
Hay que resaltar que ustedes no tienen nada en contra de la Er-tzaintza.
M: En absoluto, ni contra el PSOE. A mí me ha saludado y me ha dado el pésame el concejal en el Ayuntamiento y se lo he admitido pero con mucho cariño, o sea que no tengo nada contra los socialistas, sino contra la Consejería de Interior, que lo está llevando nefastamente.
Lo que piden es justicia.
M: Justicia, sí.
¿Tienen la esperanza de que un nuevo Gobierno arroje luz?
M: Nos encantaría, porque esto se tiene que esclarecer, nadie se puede ir de rositas aunque cambie el Gobierno y aunque Ares se haya escapado. Todo el que cometió el error de aquella barbarie tiene que pagarlo, es la única forma de quedarnos por lo menos con un poco de consuelo porque hasta ahora hemos estado destrozados.
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Gracias por su comentario
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