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Períodico de Deia
kepa junkera Músico vasco

"A los conciertos ya no van ni los que estudian música"

En el caserío de Busturia de Kepa Junkera (Bilbao, 1965), su centenar de trikitixas (desde la más clásica hasta la japonesa de última generación) conviven en armonía. Es la filosofía de Junkera que defiende la interculturaliad y por eso abre la tradición vasca a todas las músicas del mundo

Concha lago - Viernes, 12 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 12:37h

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Kepa Junkera posa en el exterior de su caserío ubicado en Busturia.

Kepa Junkera posa en el exterior de su caserío ubicado en Busturia. (Pablo Viñas)

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¿Le cuesta mojarse políticamente?

Yo sobre todo me mojo con mi música, aunque unos creerán que te has metido mucho y otros nada. Yo me he mojado en esta vida porque he sido fiel a lo que me ha dictado mi intuición, siempre me ha atraído la música, crear, aportar algo nuevo... Podía haber sido más conservador y sin embargo he optado por seguir mi camino. Yo creo que he contado muchas cosas a través de mi carrera quizá de una forma más abstracta pero creo que interesante. Aunque ya sé que es muy difícil agradar a todo el mundo a pesar de la pasión que pongo en cada proyecto.

Por eso le han llovido críticas.

Cuando tocaba en las romerías, en las bodas o en las txapelketas, se me criticaba los cambios que estaba realizando porque siempre me ha gustado poder improvisar, hacer variaciones, jugar con el ritmo... Ahí creo que me mojé, a pesar de que a lo mejor podía haber seguido las pautas establecidas. Sin embargo, decidí optar por un camino más personal y eso te granjea simpatías y antipatías. En este país es muy difícil separar las emociones y muchas veces se tiende a etiquetar, y a preguntar y ahora por qué te unes con este y no con el otro. Es la parte más miedosa y más critica, pero es una parte que tienes que admitir.

A algunos no les gustó que determinados cantantes interpretasen canciones tradicionales en euskera en su trilogía de 'Etxea', 'Kalea' y 'Herria'.

No, no les gustaba el proyecto, no lo veían interesante o les parecía que no venía a cuento que tal personaje cantase esa canción. En este tema ha habido gente que no es valiente y que se esconde en el anonimato de internet para criticarte. Pero eso es una parte mínima de mi día a día de mi positivismo y de mi actividad. Sobre todo eso te afecta cuándo dices si no lo he hecho con ninguna intención de polemizar ni de crispar.

O sea que no suele teclear su nombre en Google.

No, ni para lo bueno ni para lo malo porque yo ya sé que soy un tío normal, que no soy nada del otro jueves. Aunque soy una persona que he trabajado y sigo trabajando mucho, con mucha ilusión y muchas ganas. Por eso, en general, he recibido siempre mucho cariño por parte de la gente.

¿Se ha encontrado fuera muy mediatizado por llevar colgado la etiqueta de vasco?

Yo siempre he pensado que sí estaba allí era porque les interesaba mi música y mi trabajo. Esa convicción era tan fuerte que no pensaba en ninguna otra cosa.

¿Nunca ha percibido ninguna discriminación?

Yo no sé si por ser vasco alguien ha podido dejar de contratarme o de llamarme. Nunca he tenido ningún problema en 35 años que llevo, 20 de ellos saliendo por ahí a tocar. Llevo cantidad de años tocando en muchos lugares de España y siempre he percibido un cariño muy grande a nuestra cultura, al País Vasco... La gente entra en el juego mutuo de las emociones cuando toco. Yo, lógicamente, de lo que no puedo hablar es del sentimiento de los que no van.

Porque usted exporta música vasca.

Sí, pero yo he tenido la suerte de salir mucho con Oskorri y me acuerdo de conciertos en Madrid con la Plaza Mayor a reventar. O también con Benito Lertxundi, por el que había auténtica devoción. O grupos como Kortatu, Negu Gorriak... que tienen muchos seguidores, y yo soy solo una pequeña parte. La música no es algo local, es universal.

Después de estar mucho tiempo fuera, en EE.UU., Argentina, Brasil, Marruecos.... cuando recala en Euskadi ¿la ve con otra perspectiva?

Tener contacto con culturas distintas es un aprendizaje porque todo te modela. Te hace tener una visión diferente quizá a la que tenías antes de partir. Pero una persona que no haya salido nunca tiene interés y una persona que ha viajado muchísimo, también. Si ponemos ahora a diez personas tocando la misma trikitixa, esa trikitixa suena diferente a pesar de tener las mismas lengüetas, el mismo fuelle... porque cada persona tiene una forma de interpretar ese aire. En mi caso, todos los viajes me han aportado algo y me ha ayudado a abrir la mente.

¿Aquí nos miramos demasiado el ombligo?

Es que Euskadi está formada por muchas personas y además cuando vienes de fuera, hacer un crítica a nivel global sería injusto. Euskadi debe mantener un equilibrio y de lo que se trata es de no excluir ni a nada ni a nadie. Un país funciona cuando cada elemento y cada persona empuja desde su posición. Es como si me preguntas que harías tú si fueras lehendakari, yo no te puedo responder a eso. Pregúntame qué está haciendo Junkera en este momento para que Euskadi marche.

¿Es la crisis lo peor que le ha podido suceder a la cultura?

La crisis es un varapalo muy grande. Siempre ha sido difícil pero esta debe ser una estrategia a largo plazo, valorar el producto cultural, valorar a los creadores y las cosas intangibles. Aunque la imagen ahora es casi de un desierto y una persona. Hasta en nuestros propios entornos, gente que nos aprecia y nos quiere, percibimos que no compran discos, que a lo mejor se han bajado no sé qué de internet...

Que recurren a la piratería...

Sí, un amigo me dijo hace poco que un tío con un seudónimo ha colgado en internet mi trabajo y mucha más música vasca. Con todo el trabajo que hay, no solo de los creadores, sino de los que hacen una foto para la portada, de los que diseñan, de los que fabrican, de los músicos... ¿cómo vas a conseguir que ese trabajo se mantenga si le has quitado todo el valor con este tipo de prácticas? Además, ahora a los conciertos ya no van ni los que están estudiando música. Cuando no teníamos nada, yo me acuerdo de los esfuerzos que hacíamos mis amigos y yo para ir a ver un concierto a Burdeos o de las colas que hacíamos en el festival de jazz de Vitoria-Gasteiz. Ahora se ha perdido mucha ilusión y creo que es porque ha fallado la educación.

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