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PSE, PP y medios próximos azuzan el miedo para erosionar al PNV y ahuyentar a sus posibles votantes
igor camaño - Sábado, 13 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:37h
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Andoni Ortuzar dijo ayer que los ultraderechistas "visitaron Sabin Etxea y no una herriko taberna porque no son tontos. Saben cuál es su verdadero problema". (Alkorta)
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BILBAO. La política suele tender a descalificar al adversario cuando faltan argumentos propios que defender. Es una práctica habitual y recíproca entre líderes y formaciones, y algo que se ha extendido a los medios de comunicación (el burro delante para que no se espante). Basta echar un vistazo al programa del PNV, solo un vistazo, y leer alguna de las intervenciones de Iñigo Urkullu durante estos días para convenir que el partido nacionalista ha colocado casi todas sus fichas en la casilla de la crisis y la recuperación económica, preocupaciones centrales de la sociedad, como confirman todos los estudios sociológicos.
La mayoría del personal vive acongojado con la situación. Quien no tiene trabajo, porque no lo tiene y no sabe cuándo lo tendrá; quien lo tiene, porque no sabe cuánto le durará ni en qué condiciones; quien tiene un negocio, porque no sabe cuánto resistirá; quien pasa apuros, porque no sabe cómo lo hará los próximos días, semanas o meses. El resto de las cosas o conceptos quizá sean importantes, pero no tan básicos como comer y vivir. Urkullu se ha ofrecido para acompañar a esas personas, para esperanzarles con la experiencia en gestión institucional de su partido. En cambio, sus rivales políticos y mediáticos soplan y soplan para hinchar el globo de la independencia, de la soberanía, de supuestos planes y políticas que dividen y enfrentan, y que llevarán a este país a la ruina. Y tócala otra vez, Sam.
La estrategia está clara: meter miedo, crear un clima de tensión aparente, atemorizar a los posibles nuevos votantes del PNV con exageraciones, teorías y suposiciones que carecen de base demostrada. O que, cuando menos, arrinconan la principal intención jeltzale: remangarse contra la crisis económica. La fórmula cosechó éxito en anteriores comicios y quieren repetirla. Es normal. No hay que cambiar lo que funciona. La táctica de asustar a quienes busquen refugio en este mal momento en el PNV es evidente, tanto a nivel de partidos como a escala mediática. Ahí está la hemeroteca para repasar titulares, verbos, enfoques... Eso es lícito. Mentar la moral de los medios a estas alturas parece tan demodé que nadie lo cuestiona, lo que es para mirárselo, pero quizá en otra ocasión. Así, de ocasión en ocasión perdida, pasan los años y la responsabilidad social del sector se diluye en la alocada velocidad del día a día. Divagaciones periodísticas al margen, lo que deja de lado esa estrategia es el fundamento, su apego a los hechos. La mayoría de los medios de comunicación del Estado y de Euskadi cojean de la misma extremidad. No es de extrañar, por tanto, que, tras un vistazo a sus portadas y crónicas, la conclusión sea que el personal anda a tortas entre independentistas y no independentistas, que la secesión es un hecho que sucederá el próximo lunes 22 a las 13.45 horas si gana Urkullu, que a las 14.00 horas todos los bancos vascos habrán quebrado, que a las 14.10 horas se habrá desmoronado el sistema de pensiones, que a las 14.15 horas cerrarán todos los colegios públicos, que un cuarto de hora más tarde bajarán la persiana los hospitales y que a las 15:00 horas, a más tardar, saldrán todos los autobuses repletos de vascos no nacionalistas que serán expulsados del país por españolazos. Tras la última salva de insultos a los que huyen, los vascos puros se calarán txapela, kaiku y abarcas y cantarán el Gora ta gora mientras un agujero negro se los traga por los siglos de los siglos, amén.
Falta de argumentos Una parte del país, representada por el PNV, está a otra cosa, ha colocado los huevos en otra cesta, pero políticamente, electoralmente, no interesa admitirlo. Seguramente porque no hay argumentos que mejoren los expuestos. Es más útil inocular miedo al personal para que, atemorizado, rechace una papeleta endiablada que le conduce al abismo y opte por otras. O por ninguna.
El nacionalismo democrático carga con la misma fama que el abuelo de Heidi. El viejo gruñón de los Alpes, que, según los alcahuetes del valle, no hablaba con nadie, era un huraño y casi se comía a los niños. Quien haya visto la serie de dibujos animados ya sabe lo que cambia el entrañable cuento y cuál es el verdadero papel del barbudo.
El miedo es libre. A algunos les asustan más, les aterrorizan, otras cosas: la burbuja inmobialiaria que creó el PP con aquella ley del suelo que aprobó Aznar en 1998, germen de toda esta crisis que atenaza al Estado; los recortes del estado del bienestar de Mariano manostijeras; la politización de la justicia y su sometimiento al poder político; la aprobación de la cadena perpetua; el recorte de libertades; la cada vez más desproporcionada actuación de las fuerzas de seguridad del Estado en las calles, que recuerdan aquellos tiempos de grises, carreras y porrazos sin ton ni son; la carta blanca que parecen disfrutar todos los grupos de extrema derecha que añoran a Franco, como los que ayer volvieron a liarla en Bilbao sin que ningún delegado del Gobierno (¿no había que hacer recortes y prescindir de lo inservible?) dijera esta ley es mía; la creación de un grupo terrorista de Estado como el GAL por un gobierno del PSOE a cuyo presidente, plas, plas, plas, aclamaron hace unos días en Barakaldo; las consecuencias de futuro de la gestión de López; el escandaloso apartheid informativo que pretenden consumar los socialistas con una concesión de frecuencias de radio perpetrada con nocturnidad y alevosía mientras cierran la puerta de Lakua; que haya alcaldes, como el de Barakaldo, que adjudiquen a dedo veinte millones de euros... ¿Miedo? ¿A qué? ¿A quién? ¿Al abuelo de Heidi? Anda ya.
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