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Cristiano Ronaldo es un claro ejemplo del "ego". Una de sus frases: "me silban porque soy guapo, rico y gran jugador"
Imanol Querejeta y Javier Vizcaíno - Sábado, 13 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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Cristiano Ronaldo e Irina Shayk. (Efe/EP)
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Cuidado con los egos gigantes. Quienes se quieren demasiado desprecian todo lo que queda más allá de sí mismos y se conducen por la vida dejando víctimas en la cuneta. Identificarlos y mantenerlos a distancia sin entrar en su juego nos ahorrará más de un disgusto
J. V.- ¿Es impresión mía o cada vez es más abundante la especie de los que tienen un mundo que empieza y termina en su ombligo?
I. Q.- No estoy muy seguro de que cada día haya más, lo que sí creo es que se les nota más porque ya no disimulan. En ello influye la impunidad con la que se desenvuelven, que favorece que se apliquen con mucho desparpajo y creyéndose lo que dicen. Hablan como quieren, hacen lo que quieren, vulneran las normas cuando quieren y, como suelen estar cerca de círculos de poder, no les pasa nada.
J. V.- Para no equivocarnos. No estamos hablando de personas con una buena dosis de autoestima y que se quieren a sí mismos en una medida razonable. Es otro tipo de gente.
I. Q.- Sí, estamos hablando de personas con baja autoestima, inseguras, con baja capacidad, nula autocrítica y conocedoras de su escasa valía, que se apoyan en sus relaciones para imponer sus criterios a los demás. Estos criterios casi siempre van orientados a buscar beneficios personales tangibles. Las personas con una sana autoestima son críticas y agradecidas porque saben cuántos de sus valores y habilidades han sido adquiridos de los conocimientos y las enseñanzas de otras personas.
J. V.- Me temo que son características irreversibles... y que no solo no disminuyen sino que crecen con los años.
I. Q.- Así es. Este trastorno de la personalidad, el de los que están encantados de conocerse a sí mismos, es irreversible e irreductible porque como saben más que el resto... ¿Quién es el listo o la lista que les hace una observación? La mayoría de los rasgos de la personalidad que tienen un aroma a psicopatología suelen mejorar con la edad, pero estos no.
J. V.- ¿Se dan cuenta de que son así? ¿Les importa?
I. Q.- Sí, y no les importa. Solo viven para buscar las mentes más capaces que las suyas para generar todo tipo de infundios a su alrededor, para enviar mensajes contradictorios, para filtrar medias verdades en la búsqueda de descalificar a cualquier persona que haga las cosas mejor que ellos o ellas. Detestan a la gente competente y querida, suelen ser personas frías y perversas que se rodean de individuos serviles y de bajo perfil para ir consiguiendo sus logros.
J. V.- Y los demás, ¿se dan cuenta de que son así? ¿Por qué no les paran los pies? ¿Por qué, incluso, parecen tener clubs de fans que los alientan?
I. Q.- Porque vivimos en un tiempo en el que hay que ser políticamente correcto y se suele transigir más de lo que es conveniente. Estas personas perversas suelen buscar aislar a sus víctimas para ahogarlas. Lo hacen con la ayuda de sus pelotas particulares. Lo políticamente correcto está muy bien y es muy deseable donde procede.
J. V.- Sin llegar a lo de los clubs de fans, da la sensación de que no es un comportamiento muy sancionado socialmente. No son pocos los personajes públicos que muestran esas actitudes y, en general, se les ríen las gracias.
I. Q.- Hombre, se las ríen aquellas personas que viven u obtienen beneficios y/o status de su mano. Algo que las protege es el miedo que infunden, o al menos intentan infundir, porque como cualquier persona vulgar, son rencorosas y cuando se alían con gentes poderosas ponen a estas personas a ejercer su influencia en su beneficio si es preciso, perjudicando a sus adversarios. Este favor de las gentes poderosas lo consiguen a través del servilismo y la seducción con los de arriba; luego le ponen precio a la dignidad perdida desatando toda la furia que incita su envidia contra el que no les aplauda. Son capaces de promover que les entreguen un regalo aunque lo tengan que pagar ellos con tal de simular que esto se hace porque se les tiene afecto.
J. V.- Sigo pensando en los narcisistas públicos y notorios. En los entornos en los que se mueven provocan daños irreparables. Pero siempre les llaman de otra organización donde encuentran "carne fresca" para seguir su labor destructiva. ¿Por qué?
I. Q.- Hay organizaciones muy perversas que viven de destruir el trabajo ajeno y que necesitan de este tipo de personas para llevarlo a cabo. Al fin y al cabo, muchos responsables de organizaciones necesitan de estas personas que juegan sucio dedicando las horas que haga falta a facilitar el control de los demás y la destrucción de los rivales brillantes. Son a esos superiores perversos lo que Frank Nitti a Al Capone. Por cierto, son peligrosos.
J. V.- No es difícil convertirse en víctima de uno de ellos o de ellas. ¿Cómo hacerle frente sin salir peor parado?
I. Q.- No teniéndoles miedo. Suelen intentar amedrentar a sus víctimas más ilustres una y otra vez y huelen el miedo como lo hacen los perros. Si te huelen con miedo van a por ti, pero si les plantas cara se tientan la ropa varias veces. Eso sí, como se dice en la calle, les pone meterse con gente capaz y sueñan todas las noches con desacreditar a esas personas mientras se aprietan el cilicio allí donde más les suele doler.
J. V.- ¿Crees que si algún Narciso estuviera leyendo todo esto se daría por aludido? Apuesto a que no...
I. Q.- Algunos seguro que sí y si interpretasen que va hacia ellos en primera persona, estarían planeando cómo vengarse desde el minuto cero después de leer la entrevista.
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Gracias por su comentario
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