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Períodico de Deia
lagun aro GBC 65-72 bilbao basket

Otra de suspense

El Bilbao Basket deja escapar una ventaja de 18 puntos para acabar ganando de manera agónica

Una zona local atascó a los de Katsikaris, pero Mumbrú, Raúl y Hervelle resolvieron el entuerto

jon larrauri - Lunes, 15 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:40h

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Raúl López protege el balón en el suelo ante Qyntel Woods en el tramo final del encuentro de ayer en el Donostia Arena 2016.

Raúl López protege el balón en el suelo ante Qyntel Woods en el tramo final del encuentro de ayer en el Donostia Arena 2016. (REPORTAJE FOTOGRÁFICO: JAVI COLMENERO)

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donostia. Corría el minuto 24 de partido, Milovan Rakovic anotaba la canasta que colocaba en el luminoso un contundente 33-51 y todo apuntaba a que el Bilbao Basket tenía ya en el zurrón su segunda victoria de la temporada. Solo faltaba envolver el trofeo en papel de regalo y colocarle el lacito porque nada de lo que acontecía sobre la pista del Donostia Arena 2016 hacía presagiar algo distinto. Llevaban los visitantes quince minutos practicando un baloncesto más que notable, fluido y contundente, bajo la batuta de ese jugadorazo llamado Raúl López que agrupa regla, escuadra, cartabón, compás, brújula, GPS y conexión wifi en su humilde armazón de 1,82, mientras que el Lagun Aro GBC, deshilachado, sin filo ni patrón, veía cómo la tormenta le caía encima con el chubasquero en el armario. Jugaban a placer y a favor de viento los de Fotis Katsikaris, se desesperaban los de Sito Alonso ante tanta vía de agua que les abocaba al naufragio y el coso guipuzcoano enmudecía mientras la marea negra, encantada, se daba a los cánticos tras 48 horas de espesos nubarrones por cuestiones de despacho, patrocinios y números varios.

Pero ocurrió lo que parecía que no iba a ocurrir. Justo en su momento cumbre, cuando más sólidos e inamovibles parecían sus cimientos, la estructura del Bilbao Basket comenzó a tambalearse. Contra las cuerdas, el Lagun Aro GBC fió su último aliento a una defensa zonal con ajustes y todo lo que era luz en el horizonte vizcaino se fundió hasta alcanzar el más oscuro de los negros. Los ataques se espesaron hasta el límite y el motor no tardó en calarse. Anulada la conexión entre los bases y Rakovic que tanto daño estaba haciendo al rival, obstaculizado el juego al poste de Álex Mumbrú, superlativo hasta entonces superando a todos los pares que intentaron frenarle, y sin posiciones claras de lanzamiento exterior, los hombres de negro se quedaron encallados, a la deriva, y el rival no tardó en oler la sangre. Sito Alonso exprimió aún más las piernas de sus jugadores y Raulzinho Neto, amante de la velocidad, recogió gustoso el guante. Metió la sexta velocidad el base brasileño, penetró en las filas enemigas como el cuchillo en la mantequilla y, con la ayuda del debutante francotirador Rihards Kuksiks, fabricó un sonoro parcial de 16-4 que devolvía el calor a la grada y la emoción al partido (49-55) con diez minutos por jugarse. Y la cosa fue todavía a peor, pues las tornas de la contienda no cambiaron demasiado en el arranque del último cuarto, provocando incluso que los locales se hicieran con la manija del marcador (61-60), obligando a los locales a un sobreesfuerzo evitable para solventar la papeleta.

Pese a salir victorioso, el Bilbao Basket recayó en antiguos vicios que deberían haber quedado ya archivados. La capacidad de controlar las situaciones y los marcadores que Katsikaris pretende inocular entre sus jugadores tiene aún, visto lo visto, muchas horas de trabajo pendientes para que sea efectiva, sobre todo lejos del amparo del Bilbao Arena. Y es que tampoco es que el Lagun Aro GBC bordara el baloncesto en esos diez minutos en los que pasó por encima de los vizcainos. Simplemente sacó provecho del atasco ofensivo de su rival y de su subsiguiente nerviosismo defensivo y con eso le resultó suficiente para equilibrar las fuerzas, obligando a los hombres de negro a volver a colocar toda la carne en el asador. Ocurrió en Gran Canaria y no tuvo solución. Ayer se pudo salvar la papeleta pero al juego de los vizcainos le falta todavía regularidad, dejar de funcionar en forma de picos de sierra para ganar en calma y efectividad. Eso sí, cuando la luz roja de alarma se encendió en Donostia, a Mumbrú, Raúl y Hervelle no les tembló el pulso a la hora de asumir responsabilidades.

El martillo de Mumbrú El bajón de los hombres de negro en el tercer cuarto es más difícil de explicar si se tiene en cuenta su puesta en escena anterior. El Bilbao Basket arrancó el partido rumboso, con buena circulación de balón e intensidad defensiva, y solo una serie de pérdidas de balón por querer jugar por encima del aro evitaron que la brecha en el marcador llegara más pronto. Con Mumbrú martilleando desde el poste sin importarle que a su espalda estuviera Woods, Papamakarios o Korolev, los de Katsikaris encontraron una fuente de alimentación sostenible, aunque el Lagun Aro GBC no perdió el rebufo amparado en la fugaz explosividad de Woods y en la efervescencia del omnipresente Neto. Pero cuando Raúl López entró en acción -ayer Nikos Zisis jugó mermado por unas molestias estomacales- la diferencia entre ambos equipos se hizo mayor. El base de Vic fue amo y señor de todo lo que aconteció en pista durante el segundo cuarto. El partido se jugó al ritmo que él quiso. Anotó con tino, exploto el bloqueo central con Lamont Hamilton como compinche de fechorías, encontró a Adrien Moerman en la línea de 6,75 y al Lagun Aro GBC se le hizo totalmente de noche. Los guipuzcoanos quisieron responder a base de velocidad pero la confundieron con la anarquía, convirtiendo sus ataques en un festival de lanzamientos exteriores sin ningún tipo de criterio.

Con el 27-44 en el ecuador de la contienda, el Bilbao Basket no bajó la guardia. Con Rakovic brillando en ataque, nada hacía presagiar el bajón de rendimiento. Hasta que llegó. Se crecieron los anfitriones, se achicaron los visitantes y el 61-60 a 6:08 del final inauguraba un nuevo partido. Y entonces, los hombres de negro volvieron a ponerse serios. La defensa recuperó la solidez perdida y en ataque asumieron responsabilidades los jugadores llamados para ese menester. Mumbrú fusiló desde la línea de 6,75 y, aunque Kuksiks respondió con un dos más uno, Hervelle, superlativo atrás, surgió de los cielos para palmear un balón que tuvo continuidad con otro triple de Raúl. Con 64-68, el público disparó los decibelios para protestar unos pasos que anularon un soberano hirukoa de Ibekwe y, a continuación, el de Vic engatilló uno de esos lanzamientos de pillo que para él son especialidad de la casa -saliendo de tiempo muerto y con solo cuatro segundos en el reloj de posesión- para sellar una victoria que llegó con mayor suspense de lo esperado.

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