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por Álvaro Baraibar - Lunes, 15 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h
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Álvaro Baraibar. (DN.)
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hace unos días, la izquierda abertzale (IA) se mostraba orgullosa de la autocrítica que, en su opinión, había llevado a cabo. Sin embargo, el juicio crítico del pasado reciente es un largo camino que la IA tiene todavía pendiente. Más que autocrítica, la IA está llevando a cabo una relectura del pasado con el claro objetivo de construir un relato de lo ocurrido donde no haya, no sé si vencedores y vencidos, pero, desde luego, donde no haya vencidos. En ese ejercicio se acude a la socorrida memoria para explicar el pasado desde el presente, para presentar un pasado a la medida del presente y del futuro que se pretenden.
Memoria es una idea difusa, flexible, que se estira y encoge casi a placer. Historia y memoria son dos conceptos distintos y cada uno tiene su lugar, pero pocas veces es respetado, al menos en política. Aquellos que no quieren cambiar el juicio del pasado y acusan a quienes lo hacen de revanchismo o revisionismo (es decir, los sectores de la derecha que todavía no han condenado las atrocidades del franquismo) reducen la memoria a su mínima expresión y la confunden intencionadamente con la historia. Se trata de "no volver sobre el pasado". Todo el pasado sería historia y esta no se cambia, simplemente se asume. Otros, en cambio, empequeñecen la historia y convierten el pasado en simple memoria, manoseando y retorciendo los hechos hasta hacerlos irreconocibles. La memoria llevada a este extremo no pretende el reconocimiento y la reparación de un daño provocado ni la recuperación de un pasado que no ha recibido el trato que merece. Esta memoria responde más bien a los intereses de quienes necesitan justificar el dolor que unos infligieron para no entrar a juzgar otros dolores.
La IA siempre ha interpretado la historia de Euskalerria como un continuo de lucha y sojuzgamiento del pueblo vasco por el enemigo. En ese contexto la violencia no sería sino la reacción natural de un pueblo que se siente atacado y que resiste. El enemigo cobra forma a lo largo del tiempo de diferentes maneras: como Imperio romano, visigodos, españoles, franceses, liberales, franquistas, estados opresores español y francés, y un largo etcétera. Todos los conflictos del pasado serían en realidad manifestaciones del Conflicto (con mayúsculas), el único, el que todo lo explica. Poco importa que históricamente no se sostenga ese continuo. Poco importa que históricamente esos conflictos del pasado sean en muchos casos problemas sin relación alguna entre sí. Políticamente es necesario explicar que el conflicto siempre ha estado ahí porque solo de ese modo la violencia tiene sentido y se justifica. Cuando la autocrítica deviene en memoria entendida no como reparación, sino como justificación, es que queda un largo camino por recorrer.
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Gracias por su comentario
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