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Períodico de Deia
el día después de la asamblea

El método de Urrutia abre otro horizonte

El rotundo refrendo a su gestión coloca al Athletic ante un escenario desconocido y esperanzador

jose l. artetxe - Miércoles, 17 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:38h

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El presidente del Athletic, Josu Urrutia, durante la asamblea del club.

El presidente del Athletic, Josu Urrutia, durante la asamblea del club. (Zigor Alkorta)

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bilbao. "Valoro positivamente el apoyo, nos satisface, pero no nos relaja porque el Athletic es un proyecto continuo, eterno". Josu Urrutia eludió recrearse en el éxito a la salida del Euskalduna. Le queda un buen trecho por delante, tal y como remarcó con esa alusión a la eternidad, su mandato no ha hecho más que empezar, aún solo ha cubierto algo más de una cuarta parte del mismo, pero no es menos cierto que podría jactarse, aunque no vaya con su estilo, de haberse instalado en un escenario inusitado, extraordinario en la historia moderna del club.

Se da por supuesto que la relajación nunca ha figurado en la agenda de la directiva que encabeza el exfutbolista, pero es precisamente el inusual refrendo que le brindan los socios el factor que le obliga, más si cabe, a permanecer alerta, a poner todo su empeño y sapiencia en el gobierno del Athletic. La responsabilidad inherente a su cargo adquiere una dimensión singular a partir del apoyo recibido. Los sucesivos inquilinos de Ibaigane siempre se han abonado al mensaje de que, una vez celebradas las elecciones, orientaban su gestión a servir a la totalidad del cuerpo social, independientemente de cuál hubiese sido su voto. Es lo lógico, quien manda ha de reparar en todas las sensibilidades y, básicamente, velar por el bien común.

Sin embargo, la experiencia demuestra que los procesos electorales trascienden al cierre de las urnas y sus consecuencias se arrastran prácticamente hasta la siguiente convocatoria, lo cual distorsiona la relación entre los dirigentes y el pueblo, así como la propia existencia del Athletic. La historia enseña que un porcentaje de los gobernados, de los socios, acostumbra a exteriorizar su falta de identificación con la Junta elegida. Un desafecto que, por supuesto, se plasma indefectiblemente en las reuniones anuales de compromisarios. Ha sido una constante que las directivas del Athletic hayan tenido que apechugar con una contestación permanente, más o menos numerosa, mejor o peor organizada, que a menudo no obedece a cómo se hagan o se dejen de hacer las cosas, sino al simple hecho de que militar en la oposición es una manera de vivir en el seno de la entidad.

AVAL Y RESPONSABILIDAD La rotundidad del resultado de las votaciones celebradas en la reunión del pasado lunes, supone una ruptura con esa tendencia que traba la paz social y coloca a los dirigentes rojiblancos bailando en un equilibrio inestable, a medio camino entre el desasosiego y el disparadero. Urrutia y su equipo han tenido la habilidad y la fortuna de poner de acuerdo prácticamente a todo el mundo. Con su abrumador visto bueno, los dueños del club han manifestado que se sienten representados por quienes se encargan de defender sus intereses. Urrutia cuenta pues con un crédito que, en efecto, no le permite relajarse. Al contrario, ese aval multiplica su responsabilidad por el incalculable valor simbólico que entraña. Echando la vista atrás, cabe hallar un precedente a la situación actual. Javier Uria resolvió con holgura su primer encuentro con los socios y repitió éxito en el segundo, donde la supresión del suplemento y la eliminación del carácter intransferible del carné le otorgaron un respaldo del 83%.

Las cuentas y el presupuesto de la Junta vigente obtuvieron el sí del 84,7 y el 85,6%, respectivamente. Los números, más limpios que nunca, según reza la auditoria, solo podían concitar una adhesión de este calibre, números que en su totalidad son el fruto de lo realizado por esta directiva, mientras que un año atrás estaban mediatizados por la herencia recibida. También entonces, Urrutia atrajo el 65 y el 73% de las papeletas favorables, ello pese a que insistiese en despojar de maquillaje la foto del estado económico.

TENSIONAMIENTO ARTIFICIAL Lo más llamativo de la asamblea es que, admitida de antemano la bondad y transparencia en el capítulo de los dineros, parecía estigmatizada a causa de una serie de acontecimientos que habrían sensibilizado hasta el extremo a los socios, generando un muy mal ambiente en el entorno. Se diría, a tenor de la línea informativa de determinados medios, que la directiva de Urrutia estaba en entredicho por su incapacidad para controlar los entresijos de la casa y por sus graves pecados por omisión en la política de comunicación. Vamos, que se daba por hecho que tanto sobresalto, tanto incendio, pasaría una severa factura al presidente.

El desarrollo del encuentro certificó el formidable desfase existente entre el afán censor de esos sectores de la prensa y la percepción o el análisis que el compromisario tiene de cuanto se ha cocido estos meses. Las críticas y la solicitud de explicaciones desde el púlpito se atuvieron a la corrección y, desde luego, no se pudo extraer la conclusión de que las respuestas dadas por Urrutia fueran insuficientes. El follón brilló por su ausencia y lo curioso es que la línea argumental del presidente no difirió en absoluto de la expuesta ante cámaras y micrófonos en las periódicas ruedas de prensa que ofrece.

Resultó que el presidente que no habla, que no comparece, que no comunica, que está ausente, ha conseguido con un estilo nada convencional -que aboga por funcionar en el ámbito interno, discretamente- domesticar la vorágine y rebajar la supuesta crispación a límites perfectamente tolerables. El convencimiento que rezuma de la reiteración de ese mensaje, tan asociado ya a la figura de Urrutia, que habla de observar una fidelidad a rajatabla a una concepción del Athletic que podría calificarse de sentimental, ha calado. Ha convencido a quienes deben de estar convencidos, que son los socios. Quienes insisten en pedirle cuentas y se esfuerzan en desacreditarle, deberán revisar sus postulados. Al menos de momento, los aciertos de Urrutia se imponen con rotundidad a los errores. Así lo cree el cuerpo social del Athletic.

La directiva ha podido captar la encomienda de la asamblea, que prácticamente sin fisuras le hace depositaria de su confianza para que prosiga con una labor que no admite relajos. El club atraviesa un período de bonanza favorecida por un método de gestión concreto y goza de una paz social como no se recordaba. Bonita y pesada responsabilidad para Urrutia y su equipo.

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