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La víctima, de 83 años, yacía en un charco de sangre con un cuchillo en el cuello
Shaila P. Rodríguez - Jueves, 18 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:37h
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Varios agentes de la Ertzaintza ante la vivienda de Algorta (EFE)
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Getxo. un vecino de Getxo de 83 años apareció ayer degollado en su domicilio del número 11 de la calle Ollarretxe, en el barrio de Algorta. Al parecer, alguien durante la madrugada de ayer -todavía sin identificar- accedió a la vivienda de I. J., ubicada en un bajo, por una de las ventanas del patio trasero y le atacó. Fue la hija de la víctima quien encontró el cuerpo sin vida de su padre en la mañana de ayer cuando se disponía a darle el desayuno como hacía todos los días. El cuerpo fue trasladado al Servicio de Patología Forense donde se la practicará la autopsia. La Ertzaintza, por el momento, no descarta ninguna hipótesis sobre la causa de la muerte y sigue investigando.
La hija del fallecido fue quien, alrededor de las 10.00 horas, encontró el cadáver cuando se disponía a darle el desayuno, como hacía cada mañana. Al entrar en la cocina descubrió que la ventana interior del balcón estaba rota y el suelo lleno de cristales, por lo que corrió al dormitorio de su padre, donde le encontró ya sin vida. "Nos ha contado que el hombre estaba sentado en el suelo del dormitorio en medio de un charco de sangre y con el cuchillo aún en el cuello", explicaba Julen, propietario de la cafetería Biarritz, situada en el mismo edificio donde residía I. J. y a la que la víctima acudía de forma habitual.
Todo parece apuntar a que la presunta agresión se llevó a cabo durante la noche de ayer. "Por lo que dicen los vecinos ha tenido que ser a eso de las dos de la madrugada, porque han escuchado algo", indicaba Julen. "La verdad es que por la noche hemos escuchado un golpe, pero no nos hemos enterado de nada", explicaban Agustín y Maite, vecinos del primer piso. Sin embargo, habrá que esperar al resultado de la autopsia para aclarar este hecho, ya que, entre otras cosas, determinará la hora de la muerte.
Al descubrir el cuerpo, la mujer alertó rápidamente a la Ertzaintza que, durante toda la jornada, permaneció en la vivienda recopilando pruebas con las que esclarecer los hechos y tomando declaración a vecinos y testigos. Asimismo, al cierre de esta edición, se desconocía la identidad de la persona o personas responsables de los hechos y el móvil de la agresión. "Por lo que nos ha dicho la hija, no tenía claro si faltaba algo de la casa, pero tampoco ha tenido tiempo de comprobarlo", señalaba el hostelero, quien indicó que el fallecido "era un hombre humilde que vivía de su pensión". Al parecer, años atrás, la víctima trabajó como vigilante de la discoteca Gwendoline de Getxo y en una cafetería de la localidad.
"Un bendito" Sus vecinos y conocidos calificaron ayer a I. J. como un hombre "bueno y tranquilo". "Era una bellísima persona, un bendito que nunca se metía con nadie", reconoció el hostelero. De ahí que nadie comprendiera cómo podía haber sucedido algo así. "¿Qué dinero pretendían encontrar en casa de un jubilado que toda su vida ha trabajado para salir adelante? Hay que tener mala fe", cuestionaba Aurora, vecina del segundo piso. Tampoco los vecinos del primero, Agustín y Maite, podían asimilar lo sucedido. "Estamos atónitos y también asustados; parece que ya no se puede estar tranquilos ni en casa", afirmó esta pareja que conocía a la víctima "de toda a vida". "Vivía solo desde que murió su esposa, pero su hija venía todos los días a atenderle, le traía la cena, le hacía el desayuno o le llevaba a su casa a comer. Era un hombre activo que salía a dar sus paseos y a echar la partida", destacaban estos vecinos. Además de esta, el fallecido tenía otros tres hijos que residen fuera de Euskadi: dos de ellos en Tenerife y el tercero en Levante. "Hemos hablado con uno de ellos, van a coger el primer vuelo para venirse. Están destrozados, no se creían lo que había pasado", indicaba el hostelero.
La muerte de I. J. ha convulsionado a la localidad, pero también a un territorio que está viviendo con temor el aumento de los asaltos violentos, preferentemente a personas mayores. Ocurrió en Orozko, donde el alcalde levantó la voz exigiendo más presencia policial en las calles ante el aumento de asaltos a sus vecinos mayores. La Ertzaintza y las policías locales están sobre aviso y también los propios ciudadanos, quienes constantemente reciben avisos para que extremen las medidas de precaución. No en vano, las personas mayores se han convertido en uno de los colectivos de la sociedad más vulnerables ante determinadas modalidades delictivas, como son los robos con fuerza o violencia. Tanto es así, que la Er-tzaintza ofrece conferencias, como la que el este fin de semana se llevará a cabo en el marco de la feria Nagusi, para que la ciudadanía preserve su seguridad.
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