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¡Mantenga su distancia!

Txema Montero, * Abogado - Jueves, 18 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:36h

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Txema Montero

Txema Montero (Ruben Plaza)

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cON el fin de protegerse del frío de un día de invierno y por evitar perecer helados, varios puercoespines se apretujaron mutuamente. Pero al sentir unos y otros las punzadas recíprocas de sus púas, volvieron a distanciarse. Y cuando el frío caló de nuevo y la urgencia de calentarse volvió a acercarlos, se repitió idéntica calamidad, de modo que iban de uno a otro mal hasta que por fin hallaron la distancia que les permitía mantenerse cómodamente.

Del mismo modo, la necesidad de compañía empuja a las personas a acercarse al tiempo que sus muchos defectos les separan. La cortesía y las costumbres son esa distancia media que facilita la co-existencia en la que se acaba encontrando la forma de subsistir. En Inglaterra, a quien no mantiene esa distancia le gritan: "Keep your distance!" (¡Mantenga su distancia!). Es cierto que mediante ella se satisface solo de manera incompleta la necesidad de mutuo calentamiento pero, en compensación, no se siente el pinchazo de las púas ajenas. Ahora bien, quien posee suficiente calor interior propio prefiere permanecer alejado, sin producir molestias ni recibirlas.

La parábola, de Schopenhauer, me ha venido a la cabeza al leer los diferentes sondeos electorales coincidentes todos en que el PNV ganará las elecciones seguido de cerca por Bildu y a gran distancia por PSE y PP. Parece, pues, imposible que el PNV alcance la mayoría absoluta para gobernar en solitario sin necesidad de pactos. También se antoja muy improbable un gobierno compartido, porque cualquiera de las fórmulas de coalición que sume mayoría en el Parlamento Vasco sufre el inconveniente de las púas largas y afiladas de rivalidades y desencuentros que dañarían a quienes lo intentasen.

Por ello, no veo otra solución que el "Keep your distance!" de los ingleses. Mantener la distancia, en este caso, significa pactar acuerdos entre la lista mayoritaria que debería gobernar y quienes se muestren más próximos a su programa de gobierno en lo referente a las medidas a adoptar para afrontar la crisis económica. Mantener la distancia significa asimismo aparcar los debates institucionales sobre la autodeterminación y la soberanía que se harían necesarios, sin embargo, si la propia crisis económica nos empujara al rebasamiento del marco político actual ante la imposibilidad de encontrar soluciones dentro del mismo. Como un caracol que no construye su casa sino que esta le crece del cuerpo. Mantener la distancia significa "tener suficiente calor interior propio", un buen resultado electoral, para no tener que dar a los otros más de lo que puedes y que no te pidan más de lo que debes dar. Porque hay dos maneras de no estar a la altura de nuestro tiempo: estar por encima o por debajo de él.

Y eso me lleva a Iñigo Urkullu.

Churchill decía que "Gobernar es hacer creer". Iñigo Urkullu, eventual ganador de las próximas elecciones, tiene ante sí esa ineludible tarea. Hacer creer es afrontar la crisis económica desde la acción de gobierno. Actuar para sacarnos del cauce que se nos quiere presentar como inevitable: que hay unos intereses económicos tan poderosos que reducen a la nada las posibilidades de solucionar la crisis desde la política, dejándonos a los ciudadanos en el más absoluto desamparo y dando rienda suelta al ¡sálvese quien pueda! Hacer creer que es posible salir del actual marasmo económico y moral siendo austeros y equitativos, gastando solo lo que nos podemos permitir y recaudando de aquellos que todo se lo pueden permitir. Hacer creer es cambiar de actitudes. Poner patas arriba a los políticos ensoberbecidos a quienes con nuestros votos deberíamos recordar que "El orgullo precede a la caída" (Proverbios 16:18). ¡Cuánto político suelto hay por ahí con más apariencia de méritos que méritos mismos!

Y hacerlo con cautela. Vienen tiempos tan difíciles que las improvisaciones, las medidas irreflexivas, la demora o la premura en la toma de decisiones pueden resultar catastróficas. Véase la política de Rajoy. Me permito transmitirle a Iñigo Urkullu lo que en una situación similar aconsejaba Voltaire: "Quisiera que todo hombre público, cuando estuviese a punto de cometer un gran disparate, se dijera a sí mismo: Europa te mira".

Votaré por Iñigo Urkullu porque opino que sabe "hacer creer", porque el orgullo y la soberbia le son completamente ajenos, porque es incapaz de entonar el "sálvese quien pueda", porque mira a Europa… y porque sabe mantener su distancia respecto de los que tienen púas afiladas.

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