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Aquella noche en que nació un nuevo Athletic

La última victoria rojiblanca en Mestalla, hace cinco años, finiquitó el 'bienio negro' y Llorente comenzó a gestar su cartel de jugador referencia

pako ruiz - Sábado, 20 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h

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Llorente evita a Marchena en el duelo de hace cinco años.

Llorente evita a Marchena en el duelo de hace cinco años. (deia)

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bilbao. El fútbol es un mundo lleno de tópicos. Uno dice que un partido marca un antes y un después. El Athletic y Fernando Llorente pueden dar fe de ello. Ese punto de inflexión sucedió la fría noche del 2 de diciembre de 2007, que, si se echa mano de las estadísticas, se trata de la fecha que recoge el que es de momento el último triunfo del conjunto rojiblanco en el estadio de Mestalla (0-3), donde hoy vuelven a comparecer los leones. Aquel domingo, el Athletic, dirigido entonces por Joaquín Caparrós, firmó un triunfo enorme que le permitió abrir una nueva etapa y espantar los fantasmas del que se denominó bienio negro. Ese día, además, Llorente anotó sus dos primeros goles de aquel ejercicio y empezó a escribir la bonita historia personal que le convirtió en una de las grandes referencias del equipo bilbaino.

En ese 2 de diciembre de 2007 se produjo casi un fenómeno paranormal. Sucedieron detalles impactantes para el Athletic frente al Valencia de Ronald Koeman. Aquel llamativo triunfo de los rojiblancos comenzó a gestarse desde la pizarra. Caparrós, en su primer año al frente de los leones, decidió innovar y salirse de la rigidez que ofrece su ideario futbolístico. Apostó por un inaudito y atrevido 4-1-3-2, confirmó la titularidad de Llorente en detrimento de Aritz Aduriz, al que quizá esa misma noche el utreano comenzó a abrirle las puertas de su salida del club ocho meses después, dio la máxima libertad a Fran Yeste, autor del primer gol, y así junto a otros micro conceptos que desembocaron en la rotunda victoria del Athletic que, para más gozo, salió ovacionado por el público ché.

El giro que dio Caparrós lo motivó la situación del equipo, que, recorridas once jornadas de Liga, flirteaba con los puestos de descenso -a solo dos puntos de distancia- y en el entorno rojiblanco no llegaban a esfumarse los ecos de las dos dramáticas campañas anteriores. O sea, el Athletic se presentó en Mestalla con solo 14 puntos en su casillero, frente a los 24 de un Valencia en zona europea, y con la zozobra de que seis días después el Real Madrid llegaba a San Mamés. Por ello, ese partido resultó tan crucial para los intereses bilbainos.

Esa inquietud, que volvió a reaparecer un mes después del triunfo en Mestalla, coincidió con las dudas en torno a Fernando Llorente, que en el primer tramo de Liga no había dado el salto que se esperaba y que parecía perderse en la suplencia. Por entonces, Aduriz era el elegido. Caparrós volvió a confiar en el de Rincón de Soto, al que, con el doblete que firmó, le cambió la vida, para bien claro está, desde las once de la noche del 2 de diciembre de 2007. El hoy técnico del Mallorca lo retrató en su comparecencia tras aquel encuentro: "A Llorente le dará confianza, sabe que tiene apretándole por detrás a Aduriz".

la nueva vida Un momento puntual, un gol, dibujan el destino de un jugador. El fútbol es así de contundente. Un día un futbolista está arriba y al siguiente, en los infiernos. Llorente experimentó esta tiranía. Y Aduriz. El primero comenzó a gestar su leyenda como referencia del Athletic. En los diez partidos anteriores de Liga que jugó sufrió una desquiciante sequía anotadora y se tenía que conformar con un solo gol en Copa ante el Hércules de Andoni Goikoetxea, que militaba en Segunda División. Aduriz, en cambio, estaba enchufado, con dos dobletes lejos de San Mamés, ante Levante y Valladolid. Para mal de Llorente, que llegó a ser hasta el tercer delantero, Ion Vélez disfrutaba de más minutos.

Se trató, por tanto, de la aparición de un Athletic reinventado que, además, rompió con uno de sus maleficios, ya que acabó con la desastrosa racha de veinte años sin vencer en Mestalla. Ese 2 de diciembre de 2007, Yeste abrió a la media hora la senda del triunfo con un bello tanto, ya que ejecutó con maestría un golpe franco cometido sobre Llorente al borde del área valencianista, mientras que en el segundo acto llegó la eclosión de Llorente, que batió en dos ocasiones la meta defendida por Santi Cañizares para alborozo rojiblanco y tragedia ché, ya que el equipo dirigido por Koeman empezó a entrar en depresión futbolística.

Tras su exhibición en Mestalla, Llorente ya no se desprendió de la titularidad, todo lo contrario de lo que le sucedió a Aduriz -hoy retorna al estadio ché como visitante-, que pasó a tener mucho menos protagonismo. Cinco años después, las tornas vuelven a cambiarse. Llorente es suplente, porque no quiere renovar y sigue pegado a la polémica, mientras que Aduriz, que se ha comprometido por tres temporadas tras su segundo regreso al Athletic, ejerce de referencia ofensiva y presume de pegada. Los dos, eso sí, son amigos y tienen muy buen rollito. El que el conjunto de Bielsa necesita para volver a vencer en Mestalla.

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