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Ángel lÓpez - Sábado, 20 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h
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A mí me ponen nervioso los parones ligueros. Demasiado tiempo para examinar casi con la misma exigencia de final de curso los desajustes del equipo, bastante normales por cierto al inicio de una temporada. Tantos días sin competición derivan en una búsqueda incesante de asuntos, informativos o deformativos, interesantes o interesados que sirvan para saciar la ingesta diaria de la vitamina rojiblanca que demanda la insaciable afición.
Todo sirve si se trata de evitar acudir con las manos vacías a la habitual tertulia mañanera. No importa el calibre de la noticia sino demostrar al vecino que sabemos tanto como él. En el examen de "empape" puntúa lo mismo conocer los recientes tuits de Llorente sobre su futuro, saberse al dedillo las cuentas presentadas por Urrutia, elucubrar sobre el desgaste que producirá el maratón de partidos que se avecina o prever un camino casi imposible hacia una nueva final. Algo obvio visto el caminar del equipo en la Europa League o los cruces que ha deparado el bombo envenenado de la Copa.
Hasta podría resultar meritorio opinar con el gracejo de Llongueras sobre el cambio de look de Amorebieta (que ha pasado de parecer el paje del rey al último Mohicano). Dejarse hacer semejante avería en la pelambrera es según se dice una novatada de la selección vinotinto a la que no ha puesto peros. Más le valdría contestar con la misma velocidad a la jugosa oferta de renovación que tiene encima de la mesa. Y ya puestos a hablar de imagen, algún retorcido habrá imaginado en el hocico de Muniain o de Iraola el no menos pintoresco bigote de Piqué. Prueba fallida en todo caso porque a ninguno le quedará tan bien como a Carlos Meléndez.
Lo que está claro es que en ausencia de partidos, estar al cabo de la calle del dietario rojiblanco es una exigencia para cualquier forofo que pretenda hacer gala de su condición. Aunque muchas veces hable sin conocimiento de causa lo verdaderamente importante es no parecer desinformado.
En estos parones las crónicas sobre las rutinarias sesiones de Lezama suelen saber a poco y es entonces cuando se activa la investigación o la imaginación. Interesarían más las noticias oficiales fechadas desde Ibaigane sobre las operaciones aún abiertas, pero como no terminan de producirse terminan cobrando más protagonismo los rumores. Ya sean confidenciales procedentes de García Rivero o simples chismorreos sobre supuestos encuentros furtivos en el Kate Zaharra, habitual punto de encuentro, sea dicho de paso, de representantes, representados, pretendientes y pretendidos.
Todo buen aficionado necesita estar al corriente de lo que emane de cualquier respiradero del Athletic, aunque los asuntos que se revelan no siempre huelan bien. Pero nada de esto es comparable al cóctel de emociones que genera un partido: los comentarios previos, los que provocan las jugadas que alimentan la ilusión o la decepción y los intensos debates que se generan después de conocer el resultado.
Impagable toma de pulso del latido rojiblanco que se repite desde que el fútbol es fútbol. Hay charlas post partido mucho más emocionantes que el propio encuentro porque a la hora de analizar al Athletic todos tenemos nuestra batería de argumentos y los defendemos a capa y espada aunque la razón no nos asista.
Como todos llevamos un entrenador dentro, es en esas charlas donde sale a relucir la estrategia del analista ventajista que siempre tiene una solución (casualmente no empleada por el míster) para esos lances del encuentro que no salieron como se esperaba. En esas moviolas se descubren nuestras filias y fobias y hasta hay espacio para el recuerdo: en mi caso aquella época en la que soñaba ser protagonista de las jugadas imposibles que sí ejecutaban otros más virtuosos. Hoy es jornada de reflexión y no se recomienda hablar de política, seguro que muchos lo agradecerán después de una agotadora campaña que ha vuelto a poner en evidencia afinidades y divergencias. Afortunadamente el balón vuelve a rodar y encauzará las escasas energías y emociones que quedan en la reserva. Hablemos de fútbol. Opio del pueblo o no, esta vez nos viene de perlas para cambiar el chip, porque el Athletic es lo que nos une a los diferentes. Mañana se repetirán los corrillos para hablar de lo que ocurra esta noche en Mestalla aunque cambiaremos el bar por el patio de un colegio electoral. Amunt Athletic!
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