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w Combatir la crisis es la petición unánime al nuevo inquilino de Ajuria Enea w La violencia es ya una preocupación residual y la independencia apenas aparece en la agenda ciudadana
concha lago - Sábado, 20 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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Iñigo, de 33 años de Zalla.
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bilbao
EL oficio de encuestador es parecido al de periodista. Ves y escuchas muchas cosas, te confunden con un vendedor, con un político o con un mercachifle de cuarta y te dan la espalda. Sales a la calle para que la gente siembre peticiones al nuevo lehendakari y recoges tempestades. "Que arregle esto", es el clamor unánime. Hay muchos vascos molestos, cabreados, desmotivados y desilusionados. Cuentan que la crisis les ahoga, gritan que no tienen trabajo y repiten muchas veces que no llegan a final de mes, que les fríen a impuestos, que la sanidad naufraga, que la educación hace aguas... pero ya no se fían de nadie. En la jornada de reflexión, amargan con sus penas y alargan sus miserias. Pero ¡ojo! Si pides en la víspera de la cita electoral una reclamación formal, con foto de carné para el periódico, las penas parecen menos penosas y las miserias menos miserables.
No quieren salir en el papel, ponen pies en polvorosa y se inventan cualquier excusa para eludir el compromiso. "Esta misma mañana me han hecho la misma pregunta por teléfono". ¡Qué casualidad! Frente a aquellos que se han embarcado en la extinta campaña electoral con frenesí, la encuestadora tiene la percepción de que la gente no ha visto un triste cartel, ni ha oído un corte de voz radiofónico, no ha cogido un insípido caramelo y no se ha pinchado con una raquítica rosa. Nadie quiere saber nada y los que se mojan son un oasis en un desierto de pasotas.
Pulsando el termómetro de la calle, la realidad gana por KO y las elecciones pierden a los puntos. El lehendakari no será el Olentzero ni Santa Claus, pero va a tener que portar sacos mucho más pesados. "Menos privilegios para los de arriba y que mire más por los de abajo", escribe todo el mundo en su carta, a modo de posdata. El desempleo es, con mucho, el factor que mayor desasosiego provoca en la población vasca. Pero a pie de calle también se palpa el interés soberanista. "Que vele por nuestros intereses", indican, a sabiendas de que la identidad no se defiende sola y dando a entender que han olvidado los peores años de nuestra historia.
Sales a preguntar y la gente pone cara de escéptica, de no enterarse o de que el tema no va con ellos. Algunos espetan que no irán a votar. "¿Para qué?, si prometen una cosa en campaña y luego hacen la contraria". ¿A quién se referirán? Otros comentan que harían el pedido según el tendero que les toque, "es que no es lo mismo que salga Iñigo que Laura", dicen en confianza. Y la mayoría manda a la encuestadora directamente a freír espárragos. Es lo que toca. Hay desconfianza, desasosiego y la gente ya no tiene la moral para que le toquen los pinreles cuando les han colocado a trompicones en la retaguardia del bienestar.
A pie de calle, se topa de bruces con una imagen que también se ve a vista de pájaro y es que los políticos es una clase que no cae bien. "Solo van a la suyo", señalan muchos, refrendando aquello que decía Churchill de que "el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones".
La sombra de la corrupción vuela bajo. Por eso, la gente pide al próximo lehendakari honestidad, seriedad y trabajo. Solo les falta decir que sea un hombre bueno. Y sobre todo se respira ese descrédito hacia la clase política que hace buena la máxima de vota al hombre que promete menos porque será el que menos te decepcione.
La base social interpreta la realidad según le va la feria y la feria debe ir pero que muy mal. Los que quieren aportar su testimonio de forma anónima son legión y los que más se sueltan las melena. Julio, de 62 años, trabajador de Kutxabank. coincide en señalar la crisis como objetivo número uno, "porque parece que el tema de la paz está ya solventado y no hay marcha atrás", afirma sin fisuras. A su juicio, el drama reside en los cientos de jóvenes vascos que, con una buena preparación, se ven obligados a marcharse fuera porque no tienen trabajo. "Ese 50% de paro juvenil es un dato inadmisible. Parece que no hemos aprendido nada porque la crisis laboral es una crisis perpetua que ahora se ha acentuado". A su lado, Mari Cruz, 57 años, asiente. "Es el desempleo, los ajustes en Osakidetza, los recortes en la Ley de Dependencia y los que tenemos ancianos a nuestro cargo, sabemos de lo que hablamos", dice mientras acaricia a un mayor discapacitado en silla de ruedas. "¿Cree lehendakari jauna que podrá hacer algo?", lanza la pregunta al aire.
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