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Los usuarios del centro de día de Sestao conviven con dos gatos adoptados
E. Zunzunegi - Domingo, 21 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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Marga acaricia a 'Rayo' mientras este se dirige a un sofa para recostarse. (E. Zunzunegi)
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GARFIELD y Rayo son unos celadores muy especiales que han conseguido "arañar" el corazón de los cerca de 20 mayores que a diario utilizan la tercera planta del centro de día de Sestao. A ellos, y a las cuatro profesionales que allí trabajan en el bienestar de los residentes temporales del centro foral.
Llegaron los felinos a la vida de estos hombres y mujeres hace tres años desde una sociedad protectora de animales gracias a la mediación de Beatriz, la terapeuta ocupacional del centro y colaboradora de una asociación de auxilio para gatos de Bilbao.
"Venían hechos una pena", rememora Itziar, psicóloga y administrativa del centro que actualmente atiende a 80 personas mayores. "Garfield incluso vino sin uñas. Se las habían arrancado" lamenta esta mujer que, como Marian, la animadora sociocultural y Marga la auxiliar de enfermería, procuran que estos "jóvenes" disfruten del día con sus coetáneos.
"¡Ah! pero no quiero que crean que somos los abuelos de los gatos!, que aquí hacemos muchas cosas", tercia Nieves, una perla de 97 años con una lucidez de bandera que además deja claro que no es muy de gatos. "Yo cuando voy a moverme les digo Rubio -como también llama a Garfield-, Rayo, muévete y se apartan. Es que no voy bien de la cadera", reconoce esta mujer que como el resto de los abuelos de la plaza Balmaseda tienen un ojo puesto en estos dos simpáticos gatos, uno siamés, común europeo, el otro.
"Su presencia entre los mayores es muy beneficiosa por cuanto, no sólo les hace sentirse necesarios y útiles por cuidar de alguien, si no que, además, anima su vida de relación con sus compañeros, ya que les permite expresar sus opiniones sobre el particular porque no todos tienen la misma opinión", comenta Beatriz quien se encarga, además de todas las cuestiones veterinarias, de los felinos.
"Garfield es muy mimoso, parece un gato perro por lo dócil y obediente que es. Rayo sin embargo es más gato gato", apunta Marian. Mientras lo cuenta, Garfield se revuelve sobre la manta que Carmen lleva en sus rodillas sin por ello despertarse. "Le encanta que le rasquen", comenta la anciana con una sonrisa en los labios, una sensación generalizada en la`planta tercera del centro, única zona por donde transitan los mininos a pesar de que su curiosidad les ha hecho meterse alguna vez en el ascensor o salir a la terraza de la planta tras romper una malla de red. Mientras Garfield ronronea, Rayo aparece ante los contertulios con gesto disciplente, aunque dirige sus pasos de manera decidida hacia Carmen, otra de las usuarias que tiene una relación especial con los gatos.
"Llegaron poco después de que yo viniera aquí", recuerda esta septuagenaria que ayuda a Beatriz en la limpieza y alimentación de los gatos, como antaño hiciera en su casa con sus propias mascotas. Pequeños gestos para una convivencia llena de ternura y que procura un nuevo aliciente a los mayores. Cuando el centro de día cierra, los gatos reinan en la tercera planta. De día su feudo acogerá a un grupo de personas que les quieren, les respetan y además les tratan como a reyes. ¡Miauuu!
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