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El Bilbao Basket se hace oír

Un triple de Kostas Vasileiadis a diez segundos del final certifica la tercera victoria de un Bilbao Basket que tras el descanso tuvo que mejorar sus prestaciones defensivas para recuperar el terreno perdido

Jon Larrauri - Domingo, 21 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h

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Kostas Vasileiadis sonríe tras anotar el triple que acabó dando la victoria al Bilbao Basket, con Txus Vidorreta en segundo plano.

Kostas Vasileiadis sonríe tras anotar el triple que acabó dando la victoria al Bilbao Basket, con Txus Vidorreta en segundo plano. (Pablo Viñas)

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bilbao. "¡No sois nadie sin megafonía!". La Demencia, fiel afición estudiantil, ocurrente y punzante como muy pocas, disfruta hoy en día del momento dulce por el que atraviesa su equipo tras años de sufrimiento y dolores de cabeza y ayer, cuando vio a su equipo once puntos arriba en el marcador en el tercer cuarto (43-54), se creció y decidió lanzar un desafío al infierno del Bilbao Arena. "¡No sois nadie sin megafonía!", gritaba a pleno pulmón -y de buen rollo- desde una esquina del pabellón la tropa colegial, la misma que ayer viajó por carretera desde Madrid a la capital vizcaina y programó el autobús de vuelta para las 4.00 de la madrugada con el fin de dejarse caer antes por algún garito local. "Ya sabes, por si hay alguna prórroga", decía alguno de ellos antes del partido sin disimular las ganas de cachondeo.

Pero ocurre que el Bilbao Arena es alguien. Y el Bilbao Basket, también. ¡Y menudos son ambos! En respuesta al guante demencial, Miribilla subió varios grados la temperatura ambiental, los hombres de negro incrementaron también su intensidad defensiva, hasta el momento con más fisuras que contundencia, y los de Fotis Katsikaris regresaron al partido para acabar ganándolo de manera agónica, algo que se está convirtiendo en costumbre. Tres finales apretados, tres victorias para el zurrón. No es mala señal ese temple y esa sangre fría.

Fue una victoria de mérito porque el partido fue de muchos quilates y de enorme exigencia entre dos equipos que explotaron sus armas hasta el último aliento. El Bilbao Basket, dubitativo en defensa hasta el descanso, se creció cuando así lo exigió el duelo y puso sobre la mesa lo que a día de hoy constituye su mejor virtud, la experiencia en situaciones límite, a falta de conseguir esa mayor regularidad y constancia que llegará con el paso de los partidos. Estudiantes, por contra, aportó su juego directo y repleto de filo al que la llegada de Txus Vidorreta al banquillo ha añadido cuajo y variantes. Y en ese choque de armas pudo salir ganador cualquiera. Los colegiales volaron lustrosos cuando encontraron facilidades para penetrar a canasta y hacer bailar al danzarín Germán Gabriel, superlativo hasta el descanso, mientras que los anfitriones sacaron pecho cuando encontraron solidez en la retaguardia y la resolución del partido pasó a ser cosa de soldados de alto rango. Ahí supo batallar mejor que su adversario, que erró tiros libres vitales en el acto final, y apoyado en un Lamont Hamilton soberbio, haciéndose valer por físico y rapidez de piernas en las distancias cortas -¡qué lujo es tener un pívot certero desde el potro de tortura de los lanzamientos de 4,70 metros- llegó en situación ventajosa a los segundos finales, en los que Kostas Vasileiadis, con uno de esos teledirigidos triples que nacen de su muñeca, dejó sin capacidad de respuesta al adversario, que cayó con todos los honores.

Que el Bilbao Basket se encuentra aún en fase de crecimiento lo reconoce hasta el propio Katsikaris. Todavía hay engranajes que afinar en la sala de máquinas. Por ejemplo, esas desconexiones que sufre de vez en cuando el equipo en ataque, donde de vez en cuando confunde las coordenadas. O esos bajones defensivos que permiten al rival sumar puntos sencillos y acumular parciales contundentes. Por eso es tan positivo el balance de 3-1, porque al equipo se le ve margen de mejora y, ante todo, arsenal suficiente como para desactivar esas alarmas. Ayer fue Hamilton el que brilló en la pintura, con Rakovic de lugarteniente, mientras que Raúl aportó su característica batuta, acumulando más minutos, y también algún que otro error, de los esperados pues Zisis pasó desapercibido como consecuencia de las faltas. Entre las armas exteriores, Vidorreta tenía bien estudiada una de las situaciones favoritas de los bilbainos, el juego al poste de Mumbrú -mandó ayudas constantes para su par y el catalán no se encontró demasiado a gusto-, pero ahí surgió Vasileiadis para bombardear desde la larga distancia. Incluso Pilepic demostró, pese a necesitar aún más poso, su facilidad para sumar puntos, pero el heleno no le dio más minutos porque creyó más oportuno añadir mayores cimientos a la retaguardia que sumar artilleros en cancha.

Arrancó el Bilbao Basket con las ideas muy claras tanto en defensa como en ataque y su planteamiento tuvo reflejo en el marcador, aunque fuera de manera efímera. Con un juego ofensivo eficaz y fluido, poniendo siempre la bola en situaciones ventajosas, los hombres de negro se vieron 16-10 arriba, hasta que, a 3:48 del final del primer acto, Vidorreta vio que aquello no le convenía y reseteó a sus tropas con un tiempo muerto. A partir de ahí, el paisaje cambió totalmente y Estudiantes comenzó a galopar. Con sus exteriores penetrando con facilidad, los visitantes enlazaron un parcial de 0-12 que les dio el control del partido, aunque entre Pilepic y Rakovic cortaron la sangría hasta el 20-22. Pero poco cambió el choque en el segundo cuarto, ya que los colegiales encontraron un auténtico filón en Gabriel. Con el ala-pívot dominando la situación desde la atalaya del poste bajo (anotó 15 puntos en apenas siete minutos), Estudiantes encontró todo tipo de grietas en la retaguardia de los de Katsikaris, a quien las cuentas tampoco le salían en ataque pese a que un arreón de Pilepic igualó el marcador momentáneamente a 29 puntos. Pero los de Vidorreta no temblaron. Siguieron controlando la situación con Gabriel desatado y alcanzaron el descanso en una situación muy ventajosa (41-49), desnudando las debilidades defensivas del rival.

Reestructuración A la vuelta de vestuarios, los locales pusieron toda la carne en el asador. Adelantaron líneas en defensa, se mostraron más agresivos y la reacción no tardó en llegar, con un parcial de 10-0 que les devolvía el control del luminoso (62-61). Quedaba claro que el final iba a ser taquicárdico, que el tiempo para las tacadas de puntos para cualquier bando se había acabado y, ante ese panorama, una falta de Barnes que posteriormente fue sancionada con técnica acabó siendo fundamental. El Bilbao Basket sumó seis puntos en la misma jugada y gestionó con tino su exigua renta hasta que el triple de Vasileiadis finiquitó la faena. ¡Y cómo se hizo oír el Bilbao Arena celebrando la victoria!

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