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Lunes, 22 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h
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CADA uno aguanta la suya. A Iñigo Urkullu le ha entregado la sociedad vasca una responsabilidad y la dimensión de la empresa es grande. Recibe, si no se reproducen maniobras contra natura, un país en crisis y una incertidumbre en el corto y el medio plazo. Aporta la convicción de que el largo plazo está en manos de la voluntad y el esfuerzo de los ciudadanos. Lleva bajo el brazo una novedad sobre el periodo que ayer concluyó: un proyecto de país, una estrategia de recuperación.
Dijo en una ocasión el fallecido campeón del mundo de Fórmula 1 Ayrton Senna que "el segundo es el primero de los perdedores". No siempre es así; creo que tiene mucho que ver con las actitudes y expectativas públicamente expresadas por éste. En el caso de EH Bildu, ser la segunda fuerza es un éxito relativo cuando la expectativa de crecer empieza a tocar techo. Igualmente, la insistente fijación de su objetivo en desbancar al Partido Nacionalista Vasco le obliga a asumir hoy que esa expectativa ha sufrido un severo revés.
Cien mil votantes de diferencia a favor de los jeltzales y 10.000 votos menos que Amaiur en noviembrepasado así lo atestiguan; hoy EH Bildu ha perdido peso donde gobierna: con claridad en Donostia y con un castigo revelador en el territorio, que retiene por un puñado de papeletas.
Quienes no tienen margen a la interpretación de su derrota son Patxi López y Antonio Basagoiti. Su pacto de hace tres años ha sido leído por el ciudadano en clave de daño al país y su desencuentro tardío no aportaba credibilidad que compensara la ausencia de un criterio de gestión capaz de ofrecer confianza.
Hoy, la suma de ambas fuerzas suma un escaño menos que el PNV, lo que constituye el veredicto condenatorio de la sociedad a su estrategia pasada. La necesidad de que ambas fuerzas, y también EH-Bildu, sean interlocutores comprometidos ante el nuevo Gobierno por la gravedad de la situación del país les exige pasar página de una cierta arrogancia pasada. Su necesaria catarsis puede conllevar la asunción de responsabilidades con nombre propio.
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