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Los rojiblancos deben ganar los tres partidos que restan y esperar al desenlace del Sparta-Lyon para tener opciones de clasificarse
Los de Bielsa llevan medio año sin ganar lejos de San Mamés
PAKO RUIZ - Viernes, 26 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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Ander Herrera se duele de un golpe recibido por parte de Fofana. (P. Viñas)
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BILBAO. El Athletic se ha metido el solito en un problemón. El escenario es sencillo. Recorridas las tres primeras jornadas de su grupo el conjunto rojiblanco solo ha sido capaz de sumar un punto, por lo que se adentra en un futuro tenebroso en la competición de la que es vigente subcampeón. La Europa League, que el curso pasado se convirtió en una historia muy bonita para los de Marcelo Bielsa, ofrece esta campaña trazas de auténtica pesadilla cuando todo apuntaba a un camino de lo más cómodo en un grupo que se presumía asequible por lo amable del bombo.
Pero este Athletic está reñido consigo mismo y con el mundo. Ayer sufrió un nuevo azote por culpa de sus propios errores, que le abocan a encomiarse a la diosa fortuna para clasificarse a los dieciseisavos de una competición que se le va escapando de las manos. Quedan tres partidos, en los que a los leones no les está permitido dejarse absolutamente nada. En el mejor de los casos alcanzarían la cifra de diez puntos, pero que podrían no ser suficientes en función del resultado que depare el duelo entre el Olympique de Lyon y el Sparta en Praga.
Pero lo primero es lo primero. El Athletic no fue inferior ayer al Olympique en el Stade Gerland e, incluso, tuvo la victoria en sus manos. Más bien la tuvo en las botas de Markel Susaeta, al que, de repente, se le ha esfumado el feeling que presumía con la Europa League, donde ha marcado nueve goles. Resulta, en cambio, que el día en que el conjunto rojiblanco necesitaba pegada asomó el Susaeta fallón, el que ya parecía descatalogado, para desprestigiarse al tirar a la basura dos clarísimas ocasiones de gol. Tomó dos decisiones fatales. La primera con una errónea vaselina en un mano a mano con Vercoutre y la segunda, con el 1-1 en el marcador, al no saber definir una asistencia de Fernando Llorente, cuya presencia aportó una plusvalía ofensiva.
Fueron dos de los detalles que explican la nueva derrota de los de Bielsa, a los que ayer no les sirvió ni siquiera los momentos, pocos eso sí, en que se acercaron a la excelencia de encuentros maravillosos que les llevaron a la final de Bucarest. Junto a la aciaga tarde de Susaeta, se sumaron los habituales despistes defensivos que casi siempre aprovechan los rivales, que han encontrado un filón en la defensa rojiblanca. No es de extrañar el sarcasmo fácil, el Athletic empieza con un 2-0 adverso los encuentros lejos de San Mamés, donde no vence desde el pasado abril, cuando lo hizo en El Sardinero.
final tras final Al Athletic solo le queda la esperanza de hacer pleno. Se trata de una serie de ganar finales, que no es precisamente una de sus virtudes. La más inmediata llega el próximo 8 de noviembre con la visita a San Mamés del cuadro galo, líder del grupo. Todo lo que no sea vencer al Olympique de Lyon, que tampoco demostró ayer un poderío que dé miedo, supondría el fin definitivo de los leones en esta Europa League, lo que se entendería como un fiasco de los que hacen mucho daño.
En caso de superar a los gones, al Athletic tocaría imponerse en Israel al Hapoel Shmona, el equipo que abrió la herida de los rojiblancos, que deberían esperar a la última jornada con el duelo en Bilbao frente al Sparta. Si los de Bielsa llegasen a los diez puntos, tendrían sus opciones. Pero ni así dependen de sí mismo. O sea, un problemón.
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