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El Blancos de Rueda Valladolid ha cuestionado los pronósticos con su excelente inicio de temporada
roberto calvo - Sábado, 27 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h
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La plantilla del Blancos de Rueda Valladolid celebra su última victoria en la cancha del Assignia Manresa. (Acb)
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BILBAO. Los pronosticadores más agoreros no perdieron el tiempo y señalaron al Blancos de Rueda Valladolid como uno de los candidatos al descenso. Hubo incluso algún jugador que no se cortó en afirmar en pretemporada que el conjunto pucelano no tenía nivel para la Liga ACB. Ahora todos tienen que comerse sus palabras y tratar de explicar cómo es posible que una plantilla conformada con menos de un millón de euros, que en la preparación cosechó resultados preocupantes, lleve dos victorias en cuatro jornadas después de haber jugado como visitante ante el Barcelona, el Unicaja y el Manresa y como local ante el Real Madrid.
El equipo milagro, lo llaman, y algo de eso debe ser ya que a un mes de empezar la temporada tenía solo confirmados al entrenador y a un jugador, Nacho Martín. La plantilla solo pudo ser cerrada la semana previa al inicio de la competición porque antes el club tuvo que salvar numerosos obstáculos. De hecho, en junio era equipo de Adecco Oro, pero como ocurrió en 1994 le ha salvado la campana. Entonces, fue el no ascenso del Cajabilbao el que le libró de ir a la división inferior. Ahora ha sido una concatenación de sucesos la que ha permitido que el Club Baloncesto Valladolid, fundador de la ACB y el séptimo con más partidos en la Liga, siga un año más en la élite.
La renuncia del Menorca dejó una plaza libre en la Liga Endesa que, en teoría, correspondía a la entidad pucelana, pero la ACB no aceptó su inscripción hasta que cumplió con algunos compromisos económicos que tenía pendientes. Era volver a una competición con un número impar de equipos o estirar al máximo los plazos para que entrara el Valladolid. Lo hizo al final de aquella manera: sin jugadores, sin entrenador, sin directiva y casi sin dinero porque tampoco el patrocinador aseguraba su continuidad. El club del Pisuerga ha tenido que reconstruir su proyecto casi desde cero y en ello ha tenido un papel importante el bilbaino Eduardo Pascual, que en su cuarta temporada en la dirección deportiva ha tenido que rebuscar en las notas más escondidas de su agenda para armar una plantilla mínimamente competitiva. Por ahora, los resultados le avalan ya que el equipo pucelano saca dos partidos de ventaja a la zona de descenso, pese a haber tenido un calendario infernal.
El Blancos de Rueda Valladolid utilizó toda la pretemporada y toneladas de paciencia para ir llenando su vestuario y acompañando a Nacho Martín, su capitán y emblema local. Primero, renovó Roberto González, como técnico y poco a poco fueron entrando jugadores de distinta procedencia con una característica en común: tenían que ser baratos. Como primera avanzadilla, el chaval local Antonio Izquierdo regresó a casa desde el equipo EBA del Cajasol, y David Navarro llegó desde el Menorca de la Adecco Oro. El verano avanzó y a finales de agosto el club vallisoletano cerró otras tres piezas: el ghanés Alhaji Mohammed y el irlandés Ian O'Leary, procedentes de Kuwait y Palencia, respectivamente, y el prometedor base lituano Vytenis Cizauskas, cedido por el Zalgiris Kaunas.
de todas partes Mientras el resto de equipos de la Liga Endesa comenzaban ya sus amistosos de preparación, el Blancos de Rueda seguía buscando jugadores con experiencia en la competición y que permitieran cumplir con los cupos. Así, se incorporó Jordi Grimau, cedido por el UCAM Murcia, y luego Edu Ruiz, que volvió a Valladolid desde el desaparecido Granada. Pero el equipo, a ojos de los analistas, seguía sin tener buena pinta hasta que, ya con la primera jornada a la vista, llegó la traca final, los jugadores en los que los pucelanos deben basar sus aspiraciones de permanencia.
Alex Renfroe, campeón de la Legadue con el Brindisi en la pasada temporada, y Othello Hunter, que repartió el curso entre China y Ucrania, ocuparon las plazas de extracomunitarios. Junto a ellos aparecieron en Pucela dos hombres a los que les ha llegado una gran oportunidad en su carrera. Nedzad Sinanovic se levantó de la hamaca en una playa gallega para firmar por el Blancos de Rueda a una semana de empezar la Liga. A sus 29 años, el gigante bosnio firma los mejores números de su carrera porque, por fin, es la referencia interior de un equipo. Tal es así que en Valladolid temen perderlo antes de que acabe la temporada.
La otra apuesta de Eduardo Pascual, tan arriesgada como requiere la situación del club, ha sido la de Uros Tripkovic. Criado en el Partizán y otrora gran promesa del baloncesto serbio que fue languideciendo en sus pasos por el Joventut y el Unicaja, el tirador de Cacak espera reencontrarse en Pucela tras un año de baja por una lesión en la cadera. Es aún joven, 26 años, y en el Blancos de Rueda va a tener la responsabilidad de ser el líder anotador de un equipo que necesita sus puntos.
Así, con piezas llegadas desde distintos puntos del mundo y sin que ni siquiera dos de ellas hubieran compartido equipo el año anterior, el Blancos de Rueda Valladolid se ha convertido en el equipo revelación de las primeras cuatro jornadas, en un milagro bañado por el Pisuerga. Hambre, ganas de pelear contra el destino y, seguramente también, talento y calidad no descubiertos hasta ahora han cambiado los pronósticos y ahora los candidatos al descenso quizás sean otros. Ellos mismos pensaban que el inicio de Liga iba a ser una prolongación de la pretemporada. "Claro que me sorprende. Pero no hemos hecho nada. Esto es muy largo", ha advertido el técnico pucelano. Pero en Valladolid ya tienen dos valiosos comodines.
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