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Períodico de Deia
reformas sanitaria y financiera

La gestión de Obama, su aval en estas elecciones, presenta luces y sombras

Las reformas sanitaria y financiera han sido sus grandes medidas en política interior

Marta Martínez - Sábado, 27 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:39h

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El presidente estadounidense, Barack Obama, visita estos días varios estados clave en la recta final de la campaña electoral.

El presidente estadounidense, Barack Obama, visita estos días varios estados clave en la recta final de la campaña electoral. (Foto: AFP)

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BILBAO. Barack Obama llegó a la presidencia de Estados Unidos con la maleta llena de sueños y ambiciones, en un país cansado de la guerra y en medio de una gran crisis financiera y económica. Su victoria despertó esperanzas y su lema, Yes We Can, se convirtió en un símbolo tras los ocho oscuros años de George W. Bush. Al contrario que su predecesor, Obama abogaba por la diplomacia frente a la política guerrerista, defendía los derechos de las minorías y de las mujeres, hablaba de cobertura sanitaria para todos los residentes en Estados Unidos y de reconciliación con el mundo musulmán. "Cambiaremos Estados Unidos y el mundo", proclamó siendo aún candidato. Sin embargo, la realidad del día a día en la Casa Blanca le ha enseñado que no todo es posible.

El primer mandato de Obama, que finaliza en enero, deja así luces y sombras. Cumplió su promesa electoral de aprobar una reforma sanitaria y acabar con la guerra de Irak, pero no ha conseguido aún el crecimiento económico que los estadounidenses demandan. Una de las primeras medidas que tomó al llegar a la presidencia fue la firma del cierre de Guantánamo, una realidad que tres años después aún no se ha materializado. En política exterior, Obama puso fin a la guerra de Irak, mantiene un plan de retirada de tropas para Afganistán y consiguió firmar con Rusia un nuevo acuerdo START para la reducción de armas nucleares. Además cerró la herida del 11-S al lanzar la operación Gerónimo, que acabó con la vida de Osama Bin Laden, una acción celebrada en las calles de Estados Unidos y muy cuestionada a nivel internacional.

Sin embargo, la situación en Oriente Medio es más explosiva que nunca: Teherán continúa con su programa nuclear, Israel amenaza con una acción militar contra instalaciones nucleares iraníes aun sin el apoyo de Estados Unidos, el diálogo entre israelíes y palestinos está más bloqueado que nunca, y la administración Obama observa impasible el derramamiento de sangre en Siria y el contagio en los países vecinos. De hecho, se acusa a los servicios secretos de no haber ni siquiera podido valorar a los distintos grupos opositores sirios.

El candidato republicano Mitt Romney no se cansa de atacar la política exterior del presidente, sobre todo desde el ataque al consulado de Bengasi, que pilló por sorpresa a la administración Obama. Para los republicanos, se necesita más fuerza y liderazgo en política exterior.

Política interior Pero el asunto que más preocupa a los estadounidenses y el que decidirá el voto el próximo 6 de noviembre es la economía. Poco ayuda a Obama que durante su mandato, la mayor recesión desde la Segunda Guerra Mundial haya impedido el crecimiento y haya recuperado apenas la mitad de los 8,7 millones de empleos que se perdieron entre 2007 y 2009. Los datos de septiembre dieron un respiro al mandatario, cuando se conoció que la tasa de paro había bajado del umbral del 8%; aun así, la cifra sigue siendo demasiado alta para la mayor economía del mundo: 7,8%. Asimismo, ayer se conoció que la economía estadounidense creció un 2,0% en el tercer trimestre de este año respecto al mismo periodo de 2011 debido al aumento del consumo privado y del gasto del gobierno federal.

El presidente demócrata y candidato a la reelección aboga por subir los impuestos a los más ricos y por regular el mercado financiero para evitar que se repita la catástrofe del 2007-2008. Romney, por su parte, acusa a Obama de haber estrangulado la economía con su afán regulador y apuesta por "el juego del libre mercado". En 2010, el mandatario estadounidense firmó la reforma financiera, la más intervencionista en Wall Street en 70 años, lo que le valió el enfrentamiento con la clase empresarial.

La ley recorta considerablemente la capacidad de los bancos de hacer inversiones de riesgo, otorga mayores poderes a las autoridades para actuar en una entidad financiera a fin de prevenir su colapso, impone mayores controles sobre los créditos hipotecarios y reduce el margen que las empresas tenían hasta ahora para imponer tasas en las tarjetas de crédito.

Esta fue la segunda reforma de calado que realizó su administración, después de la sanitaria, que supuso todo un vendaval político. Los republicanos le declararon la guerra desde el principio, pero esta fue avalada por la Corte Suprema. A Obama le queda pendiente otra reforma crucial para uno de sus principales nichos de electores: los latinos. Se trata de la reforma migratoria, ansiada por 12 millones de indocumentados y pospuesta una y otra vez.

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