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Juan Ignacio Pérez - Sábado, 27 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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Juan Ignacio Pérez, ex rector de la UPV y Catedrático de Biología Animal
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Resulta ilustrativo calcular los porcentajes de voto que obtienen las diferentes opciones electorales con relación al censo total, y no con referencia a los votos totales a candidaturas, que es como se suele hacer. De unas elecciones a otras varía notablemente el número de personas que se abstienen, votan nulo, o en blanco, personas a las que ninguna de las candidaturas (legales) en liza ha conseguido convencer para recibir su apoyo. Y si se quiere saber cuál es el apoyo social real de unas u otras opciones, conviene tener en cuenta ese factor.
He sometido a contraste la idea que se expresa mediante la afirmación de que "Euskadi es nacionalista", y para ello, he examinado todo el periodo que va desde 1977 hasta hoy. No soy partidario de analizar resultados electorales bajo el único criterio de la adscripción nacional de las candidaturas, porque constituye una simplificación de la realidad que suele conducir a distorsiones. Pero esta vez estoy obligado a ello. He agrupado las candidaturas según ese criterio, tomando tres decisiones pragmáticas para simplificar las cosas: 1) los votos de la antigua Euskadiko Ezkerra los he asignado por mitades a cada grupo; 2) los votos nulos en las elecciones en que la izquierda abertzale era ilegal los he asignado al bloque nacionalista (tras restar 10.000, que he mantenido como nulos); y 3) blancos y nulos, -con la excepción anterior-, los he sumado a las abstenciones.
En las elecciones autonómicas, y desde que se celebran éstas, los partidos nacionalistas han obtenido, en promedio, el apoyo del 37,5% del censo (entre un 33% en 1994 y 2009, y un 41% en 1984 y 2001); la segunda opción es la abstención, con un 34,7% del censo (mínima del 22% en 2001 y máxima del 42% en 1994); y la tercera, la de los partidos no nacionalistas (vascos), con un 27,8% (entre un 23% en 1980 y 1990, y un 37% en 2001). En la década de los ochenta la diferencia entre los dos bloques era muy amplia (en torno a 14 puntos porcentuales); pero durante las siguientes dos décadas se redujo sensiblemente (alrededor de 5 puntos), aunque en las elecciones del pasado domingo volvió a elevarse la brecha hasta los 12 puntos.
Pero las autonómicas no son las únicas elecciones que se celebran. Si nos fijamos en las del Congreso de los Diputados, cuyo ámbito es el del Estado en su conjunto, resulta que los datos de voto y participación son muy diferentes. Desde que se empezaron a celebrar, en 1977, y en promedio, ha dado su apoyo a candidaturas de ámbito español un 36,5% del censo (entre un 29% en 1989 y un 48% en 1977); se ha abstenido un 31,9% (entre un 23% en 1982 y un 39% en 2000), y vota a candidaturas nacionalistas vascas un 30,7% del censo (entre un 22% en 2008 y un 39% en 1982).
Así pues, podría afirmarse que en esta parte de Vasconia hay tres grandes grupos de electores de tamaño muy parecido; están, por un lado, los que suelen votar a partidos nacionalistas vascos (un 34% global en promedio); por otro, los que suelen votar a los otros partidos (un 32% en promedio); y también están los que no suelen ir a votar o votan nulo o en blanco (alrededor de un 33%). Lo que ocurre es que no siempre hace cada elector lo mismo, porque muchos votan en unas ocasiones y en otras no; y otros votan unas veces a unos y otras a otros, dependiendo del ámbito electoral de que se trate y de otros factores.
Todo esto no es un mero ejercicio numérico; es la constatación de que no se puede afirmar que Euskadi es nacionalista, ni tampoco se puede afirmar lo contrario. Y eso sin meter a Navarra y los territorios continentales en la ecuación. Conviene no perder estas cosas de vista.
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Gracias por su comentario
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