Saltar al Contenido

Períodico de Deia
el eco de san mamés

¡Lo que cuesta sacarla!

El Athletic se atasca y naufraga en un partido al que no supo hincar el diente

Jon Mujika - Lunes, 29 de Octubre de 2012 - Actualizado a las 05:40h

  • Mail
  • Meneame
  • Tuenti
Los jugadores del Athletic, lucieron, una camiseta blanca con el dorsal 27 de Ruiz de Galarreta.

Los jugadores del Athletic, lucieron, una camiseta blanca con el dorsal 27 de Ruiz de Galarreta. (O. Martínez)

Galería Noticia

El pobre hombre lanzó su inocente sentencia y provocó un mar de carcajadas, tal vez las únicas que se escucharon ayer en San Mamés. Presa de la desesperación, soltó un ¡Lo que cuesta sacarla! En el enésimo pase perdido y una voz le respondió al vuelo: estamos en Bilbao y es lo habitual... ¡qué esperabas! Fue la nota chusca de un partido con poca gracia, que comenzó con el recuerdo a Iñigo Ruiz de Galarreta en las camisetas -el equipo le deseó ánimos con el dorsal número 27 en los preámbulos...- y con una sensación desangelada: pese a que estaba previsto que así fuera, nadie en San Mamés hurgó bajo el asiento para sacar la cartulina y formar el mural anunciado. Había miedo en los ojos de los aficionados...

Tantas tardes de fútbol dándose un tiro en el pie (errores del portero o de última hora en el remate, desquicies arbitrales, fallos de concentración... ¡qué sé yo!) traen consigo esa sensación de desencanto, ayer presente antes, incluso, de que el partido certificase la oscuridad en la que habita el equipo. Un Athletic a trancas y barrancas, un equipo maniatado como si fuese la víctima de un secuestro - "¿quién se ha llevado el fútbol del pasado año?", se preguntaba una voz al descanso...- se estrellaba, una y otra vez, contra los farallones del Getafe, un equipo poblado de soviets con un francotirador al frente, Pedro León, que sembró el terror en la destartalada defensa del Athletic. "Iraizoz está nervioso", chistó una voz tras el gol de Juan Rodríguez. "Yo también lo estaría con esa defensa", le replicó otra voz, que fue agrandándose a media que la zaga concedía metros y remates como si fuesen dependientes de un comercio en gangas. Ocasiones a bajo precio: bien pudiera ser ese el cartel que colgase en el área rojiblanca.

Estupefactos por el ocaso de un equipo que el año pasado deslumbró con fuerza, los aficionados no encuentran explicación para este descenso a los infiernos. Y esa incertidumbre es, para desgracia de la estabilidad del club, leña que aviva el fuego de las especulaciones. Ayer, sin ir más lejos, La Catedral era un avispero de rumores, cada cual más extravagante o dañino que el anterior. "Hay jugadores que están haciendo la pretemporada ahora", "hay jugadores que se han borrado a las duras", "hay jugadores que le están haciendo la cama a Marcelo Bielsa porque no aguantan sus métodos", "hay jugadores que no tienen nivel para jugar en el Athletic"... Todo sonaba a un triste rosario de reproches, una letanía de hayques que nos sitúa en los albores de un desencuentro del Athletic con su afición, De ser así, ese sería un campo minado, un terreno cargado de peligros. Bien mirado, ayer mismo el equipo no encontró ese respaldo entregado y unánime de las gradas cuando las cosas se torcieron, ese estallido de rebelión ante la adversidad que tan grande ha hecho a San Mamés. ¿Se ha perdido la fe en este grupo...? Esa es la pregunta que subyace ahora en la actitud de las gradas. ¡Atchung, Atchung!

Duele esa resignación. Pero duele aún más oírle a Mikel Martínez, uno de esos aficionados nómadas que siguen la huella del Athletic allá donde vaya - "el año pasado me gasté más de 10.000 euros tras ellos", repetía una y otra vez...-, al asegurar que "no somos nosotros los primeros rendidos: son ellos". Tal vez sea injusto hacer de una voz, de esa voz, la opinión de toda una afición, de todo un pueblo. Parece evidente -lo contrario sería el adiós definitivo...- que el Athletic sufre porque no encuentra el camino. Pero la realidad es que no aparece el pie en que calzar el zapatito de cristal y las competiciones avanzan y avanzan, con el Athletic viendo marcharse el tren desde la estación en la que está anclado. Tampoco era el Getafe de ayer la quintaesencia del fútbol sino una aseada clase media y nos hizo un traje en toda regla... ¿Por qué?

Esa es la pregunta del millón de dólares. Da la sensación de que el equipo necesita una visita al gabinete de un psicoanalista, alguien que les retrotraiga al pasado y les despierte los recuerdos. ¿Conocerá Bielsa alguno, siendo la suya, una tierra cuna de la psiquiatría...? Desde esta atalaya se escucharon ayer algunas cuestiones que bien pudieran sentarse en el diván: la defensa infunde terror en el portero (y viceversa...), con lo que se producen contagiosos ataques de pánico cada vez que el rival ataca; jugadores como De Marcos, Iturraspe o Muniain se angustian porque sienten que su fútbol de hoy no es el mismo que el de ayer, y se precipitan o enloquecen en busca del juego perdido, cada uno por su cuenta; el equipo pierde los nervios al primer contratiempo y le falta carácter para la reacción. Todas esas teorías se escucharon ayer en San Mamés mientras el Athletic se estrellaba, una y otra vez, contra su rival. Y lo que es peor, contra un futuro incierto y peligroso que les agarrota y asusta.

votos comentarios
  • Mail
  • Meneame
  • Tuenti

Herramientas de Contenido

Cargando comentarios...

Gracias por su comentario


Publicidad


Tu información local

Selecciona tu localidad

Busca las noticias de tu localidad

Twitter-noticiasbizkai
Twiter-athletic+

Publicidad