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Períodico de Deia
eibar-Athletic los años gloriosos del equipo armero

De cuando Ipurua soñó a lo grande

José L. Artetxe - Jueves, 1 de Noviembre de 2012 - Actualizado a las 05:39h

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BILBAO. En 72 años de existencia, la Sociedad Deportiva Eibar ha rozado dos veces el salto a Primera División. Ambas son recientes, separadas por pocos años, pues corresponden al período de mayor estabilidad que el club ha conocido jamás, certificado en un récord de permanencia en Segunda División. Desde 1988 hasta 2006, el equipo militó ininterrumpidamente en dicha categoría, fueron 18 temporadas donde hubo de todo, pero el equipo adquirió un prestigio e Ipurua se convirtió en un elemento imprescindible de la competición, en un escenario clásico que ponía en un brete a jugadores y técnicos visitantes. Sobre su húmeda superficie, el Eibar labró buena parte de sus opciones, tanto para eludir disgustos como para repartir sonrisas, aunque esto último fuese más esporádico.

Risas y nervios hubo para regalar cuando el equipo que dirigía Periko Alonso aspiró seriamente al ascenso a la elite en la Liga 96-97. Con una plantilla donde todos eran vascos salvo el palentino Rodríguez, los azulgrana se saltaron a la torera los pronósticos y optaron a premio hasta el final del campeonato. Capitaneados por el eterno Garmendia bajo palos, formaban la columna vertebral: Sarasua, Arce, Guerrero, Sarriegi, Bixente, Aitor Arregi, Artetxe, Olano y Solaun. Además estaban Aginaga, Aranaza, Jon Kortina, Pizo Gómez, Edu Alonso, Huegun o Loinaz.

Finalmente se conformaron con la quinta posición. Ese año ascendieron Mérida, Salamanca y Mallorca y se frustró un sueño que volvería a enganchar a la afición armera en la temporada 2004-05, la única en que estuvo José Luis Mendilibar. Entonces, el Eibar agotó sus probabilidades hasta la última jornada. Cádiz, Celta y Alavés le antecedieron en la tabla y los tres obtenían premio si sumaban los tres puntos. No fallaron, de modo que el objetivo volvió a esfumarse.

"En el descanso íbamos ganando al Racing de Ferrol, pero los otros equipos también y además con marcadores holgados. La tensión y el ver que no podía ser, hizo que al final cediésemos un empate". Mendilibar recuerda aquella experiencia con cariño: "Todavía la gente te comenta cómo fue aquel año, faltó muy poco". Nadie al principio del curso se planteaba semejantes metas, además la plantilla se formó muy poco antes del inicio de Liga.

"Una semana antes llegaron cedidos Moisés (ahora en el Granada), Silva (Manchester City) o Iraizoz (Athletic). Joseba Llorente, que marcó 18 goles, había estado cedido por la Real el año anterior y le dejaron libre, sin contrato. Conseguimos convencerle de que se quedase y de allí marchó al año siguiente al Valladolid".

LA ESTRELLA La historia de David Silva, hoy una estrella a nivel mundial, fue curiosa: pertenecía al Valencia y fue ofrecido a muchos clubes, pero se decidió por el Eibar, que sobre el papel no iba nada con sus características de jugador técnico, sin envergadura, muy liviano. "Era internacional sub'18, pero tampoco le conocíamos demasiado, nos hacía falta un zurdo y llegó él. Le costó dos o tres semanas entrar en el equipo, pero en cuanto cogió el sitio... Por cierto que jugó de media punta, por la izquierda pusimos a Kike Mateo. Creo que nunca han visto en Ipurua un futbolista de su categoría. Tenía mucha calidad y aprendió a pelear en los entrenamientos. Era competitivo, nos dio muchísimo". Seguramente solo el gran José Eulogio Garate (61-65) pueda equipararse a Silva en la historia de la entidad armera.

Iraizoz y Mendilibar ya habían coincidido en Lezama: "Fue en el Basconia, no conté con él y le mandamos cedido al Gernika. Esta segunda vez vino del Espanyol y volvió allí luego a disputarle el puesto a Kameni. Estuvo muy bien, le dije que tenía que aprovechar su envergadura y que tenía que salir del marco, fallase o no. Fue muy importante". Junto a los citados actuaban de seguido Gaizka Garitano, el actual míster del Eibar, Fagoaga, Karmona, Cifuentes, Manel, el uruguayo Varela, Corredoira y Ander Alaña.

Mendilibar celebra la particular visión que los entrenadores rivales tenían de Ipurua: "La víspera del partido todos decían que no les quedaba más remedio que cambiar su forma de jugar para adaptarse a nuestro campo y al juego que hacíamos. Es verdad que Ipurua puede ser algo más estrecho y que dé cierta sensación de agobio porque la grada está muy encima. Además, el Eibar siempre ha hecho un fútbol más directo, peleón, y por todo esto parecía que era más difícil ganarnos. Yo estaba encantado de que los rivales modificasen su estilo, mejor para nosotros. Así nos fue de bien".

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