Publicidad
Herramientas de Contenido
[Entrar | Registrarse]
Publicidad
por Jon Mujika - Jueves, 1 de Noviembre de 2012 - Actualizado a las 05:39h
votos
comentarios
Vista:
No hay daño tan grande como el tiempo perdido, dijo el genio Miguel Ángel Buonarotti sin haber presenciado ni uno solo de los últimos partidos del Athletic, donde todos los minutos de buen juego -hagamos una excepción: contra el Getafe apenas hubo de eso...-, se han ido por el sumidero. Estos sucesivos traspiés en las primeras cuestas han dejado al Athletic anclado en el lodo de las competiciones donde ya ha puesto sus pies.
Donde hay mucho sentimiento hay mucho dolor y anda el gentío, en estos días de difuntos, entre llantos (metafóricos en la mayoría de los casos...) y lamentos por la ilusión perdida. El Athletic de cuento de hadas se ha convertido en una novela de terror gótico solo con un salto de página, una pasar de una campaña a la siguiente. No hay quien dé con la lectura adecuada de los porqués, mientras los jugadores tratan ahora de levantar el ánimo de los aficionados, alicaídos e incrédulos.
No hay daño tan grande como el tiempo perdido y el Athletic ha tirado por la borda minutos y minutos de buen juego
Cada golpe duele, claro que sí. Cada error que cubrió con tierra los buenos minutos jugados (bien pocos en el balance hasta la fecha, dicho sea de paso...) ha mermado la moral de un San Mamés que en el último domingo -y ahí emerge la gran amenaza...- miró resignado cómo el castillo en el aire levantado la pasada temporada se desmoronaba a sus pies. La ausencia del último aliento fue todo un síntoma, un pésimo augurio y no quiero pensar que una señal de los cielos.
El Athletic, gigante por las veces que se ha levantado cuando parecía hundido, abre hoy la tercera de las puertas de la temporada donde, según anuncian los carteles, habitan los mayores peligros. La Copa se ha envenenado en el sorteo, sobre todo porque no hay espejos donde mirar para ver a un David rodeado de Goliats. Aunque no haya explicación científica que lo sostenga, el fútbol también vive de eso: de partidos que evocar para, poco a poco, ir creciéndose hasta convertir lo que era noche oscura en un equipo temible.
Hoy es el Eibar el que recibe en casa pero en el horizonte asoman dos fieras corrupias: Real Madrid y Barcelona. En la atmósfera rojiblanca, donde el huracán Sandy amenaza con volar todos los tejados, corre un viento de réquiem. No hay opciones parece decir la soldadesca que acompaña, que acompañamos, al Athletic en cada aventura.
Así lo parece. Pero en el fuero interno, en el hondón del alma de cada aficionado arde la débil llama de la esperanza. El espejo, el mismo espejo que añorábamos unas líneas más atrás, existe. Está guardado en el trastero de la pasada temporada. ¿Quién hubiese dicho que era posible pisar la sagrada tierra de una final europea con el París Saint Germain, el Manchester United, el Shalcke 04 y el Sporting de Portugal en el camino...? Solo los más osados. Y pudo hacerse. Para lograrlo, primero, el Atheltic hizo caja ante los inferiores: se mostró fiable. Si hoy lo logra y vence tal vez esa llamita empiece a calentar.
Publicidad
Publicidad
Gracias por su comentario
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad