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Sandra Atutxa - Viernes, 2 de Noviembre de 2012 - Actualizado a las 05:38h
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Una mujer subida en una escalera colocaba ayer un ramo de flores en el nicho de un familiar en el cementerio de Derio, por encima de varios visitantes con paraguas. (José Mari Martínez)
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Derio. Natalia y Carmen comparten confidencias sentadas sobre el panteón Odriozola-Odriozola en el cementerio de Derio. Un pequeño instante de descanso tras colocar los cinco centros de claveles blancos y gladiolos rosas, uno por cada uno de los familiares que yacen en el mausoleo de mármol gris. "Venimos todos los años", explican. "Es una tradición que no debemos perder", añaden.
Pero para Carmen Odriozola la visita al cementerio de Derio es más que una tradición, se ha convertido en casi una obligación desde hace un par de años. "Vivo en Etxebarri y no falto nunca. Aquí me conocen todos", comenta. Todas las tarde, sobre las cuatro, se deja ver por el camposanto. Se sienta y habla, habla mucho con quien compartió su vida. Así hace frente a la muerte de sus seres queridos. "Algunos pensarán que estoy loca, pero y qué, si yo tengo fe y soy feliz. Dejaré de venir cuando vaya con ellos", relata.
Desde que su ama falleció con 107 años, Carmen acude a diario a rezar ante el panteón de la familia. "Sentía pasión por ella. Era una mujer guapísima, estupenda. Tenemos a cinco familiares enterrados aquí: mi marido, dos hermanos, una sobrina y mi amatxu", recuerda con sentimiento.
Esta es una de las pequeñas historias que ayer se podían recoger desde primera hora en los cementerios vizcainos, camposantos que se convirtieron en la festividad de Todos los Santos en el lugar elegido por miles de personas. La peregrinación se iniciaba muy temprano y se prolongaba hasta el cierre de los camposantos, a las 19.00 horas. La Er-tzaintza reguló el tráfico en los accesos a los cementerios más concurridos para evitar atascos y problemas de tráfico. Además, en Derio se habilitaron zonas de estacionamiento provisionales para los que se acercaron en coche. Pero fueron muchos los que prefirieron el transporte público. "Yo he dejado el coche en el garaje y me he cogido el tren. Es mucho más cómodo", comentaba Julen, que acudió a Derio desde Bilbao con su mujer, Aurora.
Lo cierto es que una lluvia de flores, mezclada con la lluvia real, logró teñir de colores los nichos y los majestuosos panteones que se reparten por el largo y ancho de las calles en las que se divide el cementerio más grande de Bizkaia.
En uno de los laterales, siete miembros de la familia caló Dual-Gutiérrez honraban en silencio a sus difuntos. Por un instante, solo el sonido atronador de los aviones al aterrizar en el aeropuerto conseguía romper ese momento íntimo, repleto de sentimiento que viven con gran intensidad todos los 1 de noviembre familias como esta. Emilia, la matriarca, y su hermana, Juana, se instalaron desde las nueve cerca de sus difuntos. "Hoy es su día y tenemos que estar aquí con ellos toda la familia. Es nuestra obligación", comentaba Emilia. Por eso, a lo largo de la mañana se fueron sumando al encuentro en familia en Derio los hijos, las nueras y los nietos que jugueteaban. Todos alrededor de sus difuntos. Sentadas en una silla de plástico y tapadas con una manta, Emilia y Juana rezaban frente al panteón al que no le faltaba detalle: velas, imágenes de santos, bustos de mármol y hasta siete centros de flores artificiales decoraban el mausoleo familiar. Ni si quiera la lluvia logró deseanimarles. "Hemos venido preparadas, hasta con termo de café para media mañana", explicaban. Bajo unos plásticos se resguardaron de la incómoda lluvia que no cesó en toda la jornada. Con las horas, las calles del camposanto de Derio se fueron llenando cada vez más de personas que portaban ramos de flores y velas.
Tradición caduca En la zona de los nichos, Juliana colocaba un ramo de claveles rojos y blancos a su hijo fallecido hace tres años en accidente. "Desde que está aquí no le han faltado flores ni un día, y hoy no podía ser menos", explicaba. Y es que, aunque cada vez se opta más por la incineración, el día de Todos los Santos es una fecha en el calendario que cada vez es menos señalada. Hay quien se lamenta de que esta tradición, al igual que otras, terminará por perderse. "Ha bajado mucho. Hace unos años, a las diez de la mañana no se podía ni aparcar y, ahora, hay sitio de sobra", comentaba Carmen Odriozola. "Me da mucha pena, porque la gente joven no quiere obligaciones y trabajos. Incineran a sus familiares y se ahorran dinero y problemas", apunta.
La crisis también se nota. "Los pobres difuntos no tienen la culpa, pero los vivos debemos de sortear la crisis de la mejor manera y mantener un panteón y tenerlo bonito con flores cuesta dinero. No está la cosa para muchos derroches", reconocía Anabel Gómez.
La facturación del sector funerario en Bizkaia ha bajado entre un 15 y un 20%, un descenso que se ha notado principalmente este año y al que se ha sumado el incremento del IVA en trece puntos.
El servicio funerario más barato se sitúa entre los 1.000 y 2.000 euros y antes de la crisis el servicio medio oscilaba entre los 3.000 y 4.000 euros. Con la subida del IVA, según explican en la asociación de Funerarias de Bizkaia, los clientes piensan que los funerales y enterramiento de una persona es "caro" y por se eso optan por incinerar. Adquirir un nicho cuesta más de mil euros y después hay que mantenerlo. A estas cantidades se suman los 400 euros que se pagan por enterramiento, por ejemplo, en el cementerio de Derio, según ha dicho, cuando la incineración cuesta entre 400 y 500 euros. "El problema es que ya hay familias que no puede pagar y otras que evitan el gasto por si necesitan ese dinero para más adelante".
Pero aun así, los vizcainos siguen por el momento haciendo un esfuerzo para adornar con ramos de claveles los fríos y grises mármoles de los camposantos y honran así a sus difuntos.
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