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Marcus Williams, base de Unicaja al que hace escasos años se le auguraba una exitosa carrera en la NBA, sigue siendo víctima de la irregularidad de su juego
jon Larrauri - Viernes, 2 de Noviembre de 2012 - Actualizado a las 05:40h
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Marcus Williams penetra a canasta en el duelo ante el Manresa. (Foto: ACB Photo)
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MARCUS Williams tiene que trabajar duro, mejorar su actitud y su forma física; creo que hasta ahora no ha tenido un programa de trabajo serio". Jasmin Repesa no acostumbra a casarse con nadie, ni siquiera con aquellos jugadores que llegan a sus equipos con vitola de estrellas. El técnico de Unicaja, uno de esos vociferantes sargentos de hierro de los banquillos, no esperó ni a que comenzara la temporada para lanzar un aviso a navegantes a un jugador que aúna genialidad y anarquía a partes iguales, un base llamado hace años a ganarse el jornal sin problemas en la NBA pero que ha debido buscarse las habichuelas al otro lado del charco víctima de su irregularidad y sus problemas extradeportivos. A sus 26 años, Williams está ofreciendo en Málaga un esbozo de lo que ha sido su carrera. Nadie duda de su calidad, de su capacidad para desequilibrar en ataque cuando está on fire (visión de juego, capacidad de penetración, acierto en el triple cuando entra en racha pese a no ser un excelso tirador...), pero su aportación se diluye muchas veces por culpa de su pasividad defensiva, recriminada en muchas ocasiones desde el banquillo, su exceso de individualismo y sus problemas para dirigir en estático que han llevado en ocasiones a Repesa a utilizarle como escolta cediendo la batuta a su compatriota Earl Calloway.
El Bilbao Arena podrá presenciar el domingo las evoluciones de un jugador al que hace poco más de un lustro se le auguraba un prometedor futuro en la NBA. Californiano de nacimiento y criado en una de las zonas más deprimidas de Los Angeles, se formó en el Crenshaw High School y tras una temporada en el prestigioso centro de Oak Hill se decantó por Connecticut a la hora de dar el salto a la universidad. Se perdió parte de su primer curso por su mal rendimiento académico -los Huskies acabaron ganando la NCAA-, en su segunda campaña promedió unos interesantes 9,6 puntos y 7,8 asistencias y justo antes de su temporada junior, la que debía ser la de su consagración, su trayectoria se torció. En agosto de 2005 fue detenido junto a un compañero, A. J. Price, ahora en los Washington Wizards, acusado de vender ordenadores portátiles que habían sido robados en la universidad y fue sentenciado a 18 meses de libertad vigilada, 400 horas de servicios comunitarios y no pudo jugar el primer tramo del curso.
Aislado del equipo, Williams pasó los meses de sanción entrenándose en solitario en un instituto cercano al campus de Connecticut. Para ayudarle a superar el mal trago, su madre viajó desde Los Angeles y fue testigo de unas sesiones que muchas veces se alargaban hasta bien entrada la noche. "Ahora aprecia mucho más las cosas, no da el éxito por asegurado como hacía antes. Le han quitado lo que más ama, el baloncesto, y esto le ayudará a crecer", aseguró Michele Williams sobre Marcus.
Levantada la sanción, Williams regresó en un gran momento de forma. Promedió 12,3 puntos y 8,6 asistencias, firmó el sexto triple-doble de la historia de los Huskies y decidió entrar en el draft de 2006. Pero cuando muchas previsiones apuntaban hacia un lugar entre los diez primeros elegidos, el base fue seleccionado en el puesto 22 por los New Jersey Nets. Su primer año en la NBA fue correcto, pero en 2008 fue traspasado a los Golden State Warriors y ni allí ni en los Memphis Grizzlies, su siguiente destino, encontró muchos minutos de juego.
Sin haber cumplido aún 25 años, Marcus Williams se vio sin sitio en una competición en la que estaba predestinado a triunfar. En 2010 fichó por el Enisey Krasnoyarsk ruso, la pasada temporada recaló en el Jiangsu Dragons de la pujante Liga china y el pasado verano Unicaja le dio la oportunidad de mostrar su valía en la ACB y la Euroliga. Habrá que ver cómo acaba el experimento.
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