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Joven 50 años después

por andoni iturbe - Viernes, 2 de Noviembre de 2012 - Actualizado a las 05:40h

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Dirección: Sam Mendes. Guion: Neal Purvis, Robert Wade y John Logan. Intérpretes: Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Ralph Fiennes, Naomie Harris. Producción: Reino Unido. Duración: 143 minutos.

En Skyfall se ejecutan varias operaciones que merecen ser reseñadas después de tantas películas sobre el agente 007. Una de las más importancias es la lección que da la factoría sobre el famoso personaje al modelo de las trilogías que, a golpe de mecánica y falta de creatividad, deciden hacer secuelas o precuelas intentando ir al origen o al universo motivacional de sus protagonistas. Skyfall les ha dicho, en un golpe de autoridad, que el revisionismo no consiste en ver dónde y cómo nació tal personaje o tal guerrero, sino en algo tan determinante como los lugares recónditos del inconsciente. Y es ahí, a ritmo de psicoanálisis y complejos de Edipo, donde se agranda un personaje tan cerebral y seductor que juega a ser ambiguo por primera vez.

Sam Mendes sale fortalecido de su hazaña cinematográfica en un universo en el que se siente cómodo

Sam Mendes ha tenido que sobreponerse al reto de hacer una película homenaje al universo Bond y crear nuevas y estimulantes vías para acrecentar la leyenda. Un viaje intenso e inmenso que comienza con un brillante epílogo en el que peligra la existencia de Bond, que da pie a una excelente interpretación de Adele, otro ejemplo de las virtudes de Skyfall, junto a personajes bien construidos bajo la matriz psicoanalítica; una producción sofisticada que no abusa del lujo como reclamo visual (pasa del lujoso skyline de Shanghai, el casino lujoso de Macao a una derruida isla y a los subsuelos rateros del metro de Londres), algo en lo que había decaído últimamente; un vigoroso e inteligente guion y una dirección que consolida la acción y la personalidad latente y oculta de sus personajes.

Hablando de perversidades, Javier Bardem borda su personaje y se convierte en uno de los malos por excelencia de los 50 años de su rica historia. Skyfall es consciente de que más que una película-homenaje es casi un film testamento, de un pasado que mira y observa con orgullo y nostalgia las pautas de un mundo, el del espionaje, imposible de retratar desde los parámetros de antaño. El guion tiene una función aglutinadora, regeneradora y anticipadora. Alguien podría preguntar qué se puede esperar a partir de ahora; incluso en alguna sesión algunos señores mayores se quejaban de que cada vez más se parece más a Misión imposible que a su propia esencia. Pero pocas veces se había visto un producto así, tan vehemente con la marca que representa, porque profundiza, sugestiona y rubrica la personalidad del agente 007, demasiado críptica hasta ahora, en un modelo de mundo global que encripta sus códigos.

Sam Mendes sale fortalecido de su hazaña cinematográfica en un universo en el que se siente cómodo, inquiriendo el cinismo de unos valores que supuestamente representan al mundo occidental y la ironía de verse como otro. En Skyfall hay espectáculo cinematográfico del bueno y materia que agradaría a los seguidores de Lacant, uno de los padres del psicoanálisis y uno de los autores claves para entender el cine de Hitchcock.

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