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Las vacas de una zona de Kenia ya no espantan las moscas tse-tsé con el rabo, sino con un collar que despide un olor que repele a estos peligrosos insectos
JAVIER TRIANA - Miércoles, 26 de Diciembre de 2012 - Actualizado a las 05:39h
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El ganadero Johnston y su hijo Josek, junto a la vaca 'Kamoli', una de las portadoras del experimental collar repelente. (EFE)
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KENIA
la vaca Kamoli no parece inmutarse por su extravagancia, pero en realidad es un antílope acuático: el novedoso collar que luce emite el apestoso olor del animal salvaje, lo que mantiene alejadas a las letales moscas tse-tsé. Como Kamoli, más de 1.500 reses que pastan en las kenianas Colinas Shimba, en el sureste del país, prueban un innovador sistema que espanta las moscas, sin necesidad de fustigarlas con el rabo.
"Si la vaca lleva puesto el collar, es como si la vistieras con la piel de un antílope acuático, y las moscas no la atacan", explica Christian Borgemeister, director general del Centro Internacional de Fisiología de Insectos y Ecología (ICIPE), encargado del proyecto. Las picaduras de las moscas -que provocan la denominada enfermedad del sueño en los humanos, nagana en los animales- dificultan el crecimiento de las vacas (al no dejarles pastar tranquilas), la cría, y afectaban a su producción láctea, entre otros inconvenientes. "Las moscas no atacan ni a los antílopes acuáticos, ni a las cebras. Nosotros identificamos el componente que mantenía alejadas a las moscas. Tratamos de probar con cebras primero, pero son muy salvajes y no permiten que te acerques. Parecen burros, pero no son domesticables en absoluto", comenta Borgemeister.
como un badajo Así, los collares -de diseño tosco y que de lejos podrían confundirse con un badajo- despiden el hedor de los antílopes acuáticos gracias a un mejunje artificial de cinco sustancias químicas disponibles en el mercado. "La verdad es que huele fatal", reconoce el científico en un claro salpicado de boñigas de vaca, donde llevan a cabo los análisis mensuales de las reses que forman parte de este programa, financiado por la Unión Europea con 1,5 millones de euros. El radio de acción del perfume espantamoscas es de entre cincuenta y cien metros alrededor del collar, según las estimaciones del científico jefe en ICIPE, Rajinder Kumar, aunque los responsables del proyecto recomiendan que cada animal lleve uno. "Antes del programa (de ICIPE) las vacas se morían habitualmente. Compraba medicinas y sprays para ahuyentar las moscas, pero mi ganado seguía muriendo. Ahora, ya no", explica a Efe Esther Mulinge, que tiene 45 años, 10 vacas, y un número similar de dientes. Esther gastaba entre 2.000 y 3.000 chelines kenianos (entre 17 y 26 euros) en esos medicamentos al mes, y el precio de cada collar ronda los 3 euros, multiplicado por los diez rumiantes de su ganado. "Incluso si cuesta más que los anteriores tratamientos, los compraremos, porque vemos el efecto", aseguran a coro varios ganaderos de la zona. El efecto -afirman los beneficiarios- se percibe enseguida: al pastar sin perturbaciones, los animales pueden alcanzar hasta 350 kilos, por los 250 de antes de iniciar las pruebas con los collares, por lo que su precio de venta llega a los 42.000 chelines, por los 28.000 de antes. Los collares protegen, además, a los ganaderos cuando están cerca de los rumiantes que los portan, así que, negocio redondo.
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