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Una menor de 16 años y una joven de 18, ambas vecinas de Amorebieta, fueron localizadas sanas y salvas después de pasar 24 horas en paradero desconocido
Shaila P. Rodríguez - Jueves, 10 de Enero de 2013 - Actualizado a las 05:33h
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Buzos y agentes de la Ertzaintza, durante la búsqueda del menor de 12 años desaparecido en Amorebieta en 2010. (Z. Alkorta)
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Bilbao. El temperamento impulsivo y aventurero propio de la adolescencia lleva en ocasiones a cometer actos alocados, en ocasiones extremos, como darse a la fuga por una discusión, un malentendido o con la excusa de visitar a un amigo de otra localidad de esos que las redes sociales y las nuevas tecnologías ponen al alcance de los jóvenes hoy en día.
Un ejemplo es el caso de las tres menores -de 12 dos de ellas y 13 años la otra- de Santurtzi que el pasado mes de noviembre viajaron hasta Granada sin notificárselo a nadie para conocer a un adolescente con el que contactaron a través de internet. Afortunadamente, locuras juveniles como esta tienen, en muchas ocasiones, un final feliz a pesar del mal rato que las familias afectadas pasan hasta que se produce el desenlace.
El caso más reciente es el de dos jóvenes vecinas de Amorebieta que el pasado martes desaparecieron de sus domicilios sin dejar rastro. Las desapariciones de estas dos chicas no estaban relacionadas entre sí y ambas jóvenes fueron encontradas sanas y salvas horas después. En ambos casos las familias afectadas denunciaron las desapariciones, por lo que la Policía vasca puso en marcha el protocolo de actuación que se establece habitualmente en estos casos -dando aviso al resto de cuerpos policiales- a pesar de que se sospechaba que ambas fugas habían sido voluntarias.
La primera desaparición tuvo lugar la mañana del pasado martes. Una menor de 16 años abandonó su domicilio "de forma voluntaria", según especificaron fuentes del Departamento de Seguridad del Gobierno vasco, y permaneció en paradero desconocido hasta última hora de la tarde de ese mismo día cuando regresó por su propio pie y sin ningún tipo de daño a su domicilio. Por el momento, se desconocen las causas de la marcha de la menor. Sin embargo, se sospecha que puedan estar motivadas por algún tipo de desavenencia familiar.
La segunda desaparición se produjo también la mañana del pasado martes. Una vez más se trataba de una adolescente vecina de Amorebieta, si bien, en esta ocasión, la joven había cumplido ya la mayoría de edad.
Las mismas fuentes señalaron que todo parecía indicar que la joven había abandonado su domicilio por propia voluntad. Una versión que se confirmó al regresar un día después de motu propio y sana y salva.
Familiares de la desaparecida confirmaron a DEIA que la joven salió de casa la mañana del día 8 y en lugar de ir a clase "se fue".
"Parece ser que la tarde del martes estuvo en Durango, pero, por ahora, no sabemos dónde ha pasado la noche ni qué ha estado haciendo", reconocieron los familiares, ya tranquilos tras saber que la joven se encuentra en buen estado. "Confiábamos en que todo fuera una ventolera típica de la edad o una mala racha porque algo así ni es típico en ella. Es una chica muy formal en una familia muy normal", puntualizaron las mismas fuentes. Además, según la familia, la joven no se llevó el teléfono móvil ni dinero.
Sin embargo, estas no han sido las únicas desapariciones de adolescentes que han mantenido en vilo a algunas familias de Amorebieta. En marzo de 2010, un malentendido, una pequeña riña familiar y una preocupación excesiva por las notas llevaron a un menor de 12 años a desaparecer durante 20 horas. El pueblo entero se volcó con la familia del menor y participaron en el amplio y completo dispositivo de búsqueda que se desplegado por las inmediaciones de la localidad.
El niño pasó la noche en una borda en el término municipal de Lemoa y regresó sano y salvo cuando fue localizado, primero por un testigo en el barrio de Elorriaga de Lemoa y, poco más tarde, por una patrulla rural de la Ertzaintza en el barrio de Gandarias desde donde le devolvió en perfecto estado a Amorebieta. El menor no ofreció resistencia cuando los agentes le animaron a que regresara, ya que el frío y el hambre le empujaron a volver al calor del hogar.
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