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david barbero - Jueves, 10 de Enero de 2013 - Actualizado a las 05:35h
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■ BLOG: La nueva Letizienta. Novela esperpéntica muy real
Sofía. ¡Sofía! El grito fue lanzado por el rey Juan Carlos I de España. Pero no fue contestado. Se hallaba solo en la antecámara de sus habitaciones. Acababa de hacer un intento fallido de expulsar una ventosidad. Se había quedado con dolor de estómago a causa de los gases. Repitió la llamada. Tampoco recibió respuesta. Así que procedió a hablar en alto, porque esa era su manera de reflexionar, a la vez que bostezaba descaradamente.
-Estos gases me los producen mis graves preocupaciones. Mis 'reales' inquietudes no me dejan dormir. Soy el rey de España, y de los alrededores, desde hace cuatro décadas. Pero, ¡esto no puede seguir así! No he sabido casar a mis hijos. Ni al hijo y a las hijas.
El rey no podía disimular el sueño que le dominaba.
-La mayor se tuvo que divorciar. ¡No fue por las corbatas que llevaba Marichalar! La pequeña se casó con un jugador de balonmano. Ya entonces, era muy hábil para llevarse el … para llevarse el balón. Después, está el heredero. ¡Ese sí que me quita el sueño!
Juan Carlos I de España se levantó enfadado.
-Ha puesto la monarquía en peligro. Quiere hacer reina a quien todos sabéis. La de la z. ¡Pero esto se va a terminar! He tomado una decisión trascendental. Voy a hacer cambios en la casa real. ¡Cambios profundos! Quiero garantizar el futuro de la monarquía española para las próximas décadas, los próximos siglos y los próximos milenios.
El monarca, cansado, se volvió a sentar. Bostezó.
-¡Tomaré las medidas necesarias! La clave está en mi heredero como futuro rey Felipe VI y en la periodista esa que será Letizienta Iª. ¡Voy a dar la vuelta a este cuento de la nueva Letizienta! No puedo con este mal sueño, que no me deja dormir por las noches.
Dio otro bostezo tremendo, como signo de que estaba a punto de dormirse, a pesar de su gran enfado. Se le quedaron los ojos cerrados. Pero en ese momento, entró en la antesala la reina.
-Juanito, ¿me has llamado?
-Sofía, - dijo el monarca mientras soltaba otro bostezo - ¡reúne a la familia real! Os voy a comunicar una decisión trascendental que va a cambiar el futuro de la monarquía.
-¿No deberías consultarla antes conmigo en privado?
Juan Carlos I de España ya no contestó. Se había dormido y comenzó a soñar. En esa posición, ya pudo expulsar, con notable ruido, sus ventosidades.
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