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Tribuna Abierta

El 11-S y la venganza

Por Igor Barrenetxea Marañón, * Historiador e investigador del Instituto Europa de los Pueblos-Fundación Vasca - Martes, 15 de Enero de 2013 - Actualizado a las 05:33h

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LA directora Kathryn Bigelow se ha convertido en todo un referente a la hora de contar los acontecimientos que han marcado nuestra historia más reciente: las consecuencias del 11-S. Primero fue con En tierra hostil (2008), un soberbio filme sobre la guerra en Irak, y, ahora, con el filme La noche más oscura (2012) que retrata las vicisitudes que llevaron a encontrar a Osama Bin Laden y abatirle. Una vez más, la directora, con razones fundadas, ha encontrado el favor de la crítica. Ahora bien, ambos son unas composiciones cinematográficas virtuosas y robustas. Pero no debemos olvidar la importancia del mensaje.

Black Hawk derribado (2001), en mi opinión es una de las mejores películas bélicas que se han rodado. Su realismo e intensidad, su autenticidad, hacen que el espectador pueda respirar el polvo del desierto de Somalia y encontrarse en medio de las explosiones. Y, sin embargo, su gran tara reside a la conclusión en la que se llega: ¿Héroes? No, los soldados norteamericanos no se sienten héroes, son las circunstancias los que les hacen llegar a serlo. Ahora bien, el relato descriptivo de la acción bélica encubre la fragilidad de este discurso. Al final del filme aparece el listado de los nombres de los marines muertos en acción y, por contraste, sencillamente se citan las 1.000 bajas enemigas. En conclusión, las vidas americanas son más valiosas que las víctimas inocentes del fuego cruzado. Y tampoco se nos aclara qué beneficios reportó tal carnicería a los somalíes.

En lo tocante al filme que nos ocupa, es una historia de cumplida venganza, de ahí que dramáticamente sea tan atractiva y apasionante. Pero detrás de eso, de esa belleza y gran virtuosismo técnico y narrativo, hay una mirada autocomplaciente. La conclusión a la que se nos lleva es que, por fin, se ha cumplido un acto de justicia suprema. La polémica que ha envuelto al filme, en el que se ha acusado a la CIA de haber filtrado información confidencial a la directora y al guionista, nos induce a considerar su autenticidad. De hecho, la escena del asalto nocturno a la casa donde se ocultaba Bin Laden es magistral. Sin embargo, volvemos al punto de inicio. El filme arranca con un fundido en negro con una secuencia en donde se escuchan las voces de los afectados por los ataques del 11-S, voces angustiadas, que encarnan a las víctimas de aquel horrible atentado y que nos contagian de su sufrimiento y miedo. En la escena final, en cambio, nos encontramos con un primer plano de la agente de la CIA, artífice de la operación contra Bin Laden, sentada en un avión de transporte expresando con una lágrima la emoción contenida de haber logrado su propósito. Ahora bien, ¿qué sucedió desde el atentado a las Torres Gemelas? Se han producido las invasiones de Afganistán e Irak. Han caído miles de víctimas civiles y militares. El peaje de esta guerra contra este enemigo invisible ha sido terrible. Nada se cuenta de todo esto.

Además del atentado del 11-S, también se muestra el de Londres, aunque no el de Madrid. Se propugna como un ataque a las libertades americanas. ¿Lo era? O más bien ¿fue una manera de socializar el dolor y la tragedia desde la perspectiva integrista? ¿Acaso ese atentado podía socavar tales libertades? No, pero el discurso justificativo de la lucha contra el terrorismo internacional con los medios legales o ilegales está ahí presente. Por eso, lo más endeble del filme reside en su ideología, al igual que ocurre con En tierra hostil.

En la primera parte del filme, un detenido facilita información esencial para seguir el rastro de migas de pan dejadas por el cerebro de los atentados. Otro filme, Amenazados (2010), que pasó desapercibido, reflexiona sobre este aspecto de una manera más incisiva y brutal. En el filme de Bigelow acaban haciendo bromas como si las garantías de los acusados fueran un hecho que entorpeciera la lucha antiterrorista, sin importarles la dignidad de los reos. Y se antoja que si Bin Laden tardó en ser descubierto fue por esta obsesión de la Administración Obama (2009) por los derechos de los presos. Así, los sometidos a estos tratamientos especiales parecen ser siempre hombres que ocultan información valiosa o clave para este propósito. No aluden a todos aquellos que, acusados de forma injusta, fueron torturados. La garantía de la libertad no puede suponer crear un escenario en el que los derechos humanos solo sirvan para unos y no para los demás. Son esta clase de actos los que alimentan los fanatismos y cercenan las libertades.

Tampoco se alude a la decisión moral de acabar con Bin Laden y cerrar este círculo desde el 11 de septiembre de 2001, sin más. No se buscaba hacer justicia ni capturarle. Una vida por las miles que supuso aquel terrible atentado en Nueva York. Así que, después de todo, se desprende que el fin justifica los medios, que el haber torturado a personas es lícito si se persigue un bien supremo como es poner fin a la vida del mayor criminal del siglo XXI. El mensaje es claro: nadie puede salir impune de una agresión a Estados Unidos.

Pero tal fin, por mucho que nos desagrade lo ocurrido, no debe subvertir los derechos humanos porque entonces no hemos conseguido avanzar. En el filme La guerra de Charlie Wilson (2007), por ejemplo, se lanzaba un mensaje crítico cuando el protagonista se encuentra con la incongruencia de que el Congreso es capaz de aprobar miles de millones de dólares para apoyar la guerra en Afganistán pero incapaz de destinar ni un solo dólar para construir escuelas, la base de una buena educación para erradicar el fanatismo. O ya, Green zone (2010) se convierte en otro alegato contra las falsas manipulaciones que justificaron la invasión de Irak. El filme de Bigelow, artísticamente intachable, adolece de esa visión crítica sobre la irresponsabilidad de Estados Unidos. Bin Laden ha muerto, sí, pero ¿qué se ha logrado con ello? Sería interesante destinar los mismos esfuerzos a la erradicación del integrismo por medios pacíficos, se entiende, con educación, bienestar y cultura.

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