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Ucrania, ¿guerra civil o conflicto entre potencias?

¿Por qué los ciudadanos ucranianos se posicionan bien con Rusia bien con la UE? Conviene recordar que la actual Rusia y la Unión Europea surgen casi a la vez y que, mientras la UE no ha dejado de crecer, Rusia no ha dejado de perder influencia

Por Igor Filibi, * Profesor de Relaciones Internacionales UPV/EHU - Lunes, 27 de Enero de 2014 - Actualizado a las 06:02h

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EL informativo comienza con los graves enfrentamientos que se están produciendo en Ucrania. Una multitud de manifestantes, con cientos de banderas, se oponen a otra multitud de policías antidisturbios, pertrechados con cascos, corazas y escudos. Las carreras, los gritos y los golpes se suceden. Hay una tremenda humareda que lo envuelve todo y, de pronto, surge una gran bandera europea ondeando en el centro del caos. No es la única, varios manifestantes portan en palos la bandera de Ucrania y la europea. ¿Qué hace que una persona de Ucrania, país no miembro de la Unión Europea, porte una bandera comunitaria en los duros altercados que está viviendo su país? Estos mismos días, otras manifestaciones en Ucrania mostraban banderas rusas. ¿Por qué los ciudadanos ucranianos se posicionan bien con Rusia bien con la Unión Europea?

Aunque no suela recordarse, las historias de Rusia y de la Unión Europea están entrelazadas porque ambas surgen casi a la vez. En efecto, a partir de la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, se inicia el proceso de disolución de la Unión Soviética. Primero, la Alemania socialista se fusionó con la Alemania del Oeste el 3 de octubre de 1990. El Muro, que fue el símbolo de la división alemana y europea, tras la reunificación alemana se convirtió en un símbolo de la unidad europea.

A lo largo de 1990 y 1991, Estonia, Letonia, Lituania, Ucrania, Bielorrusia y las repúblicas centroasiáticas abandonaron la Unión de Repúblicas Socialistas soviéticas (URSS) y se convirtieron en Estados independientes. Un momento clave de este proceso se produjo el 8 de diciembre de 1991, cuando los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia firmaron un tratado en el que se declaraba la disolución de la URSS.

Al día siguiente, los jefes de Estado y de gobierno de la Comunidad de los Doce acordaban en el Consejo Europeo de Maastricht la creación de la Unión Europea, cuyo tratado sería firmado en la misma ciudad de Maastricht el 7 de febrero de 1992. Esas veinticuatro horas entre los días 8 y 9 de diciembre de 1991 cambiaron el mundo. En el Este, el imperio soviético se derrumbaba. En el Oeste, emergía la Unión Europea.

Desde entonces, la Unión Europea no ha dejado de aumentar su territorio y el número de países miembros. Las sucesivas ampliaciones de 1995, 2004, 2007 y 2013 han conformado una Unión de 28 países y 500 millones de personas. Mientras tanto, Rusia no ha dejado de perder territorio e influencia. Los países occidentales se aseguraron de desmantelar lo máximo posible los pilares del poder ruso. Durante las guerras de los Balcanes, Occidente intervino activamente en el territorio de la antigua Yugoslavia. Los bombardeos de la OTAN sin mandato explicito de las Naciones Unidas son un ejemplo claro de la decisión y voluntad política occidental. Tanto EE.UU. como la Unión Europea reconocieron rápidamente los nuevos Estados que se desgajaron de la Unión Soviética y de Yugoslavia. Y cuando a Rusia solo le quedaba Serbia como aliado en la zona, se le debilitó con el reconocimiento de la independencia unilateral de Kosovo. No sirvieron de nada las exigencias ni los avisos rusos. La sucesión de revoluciones de la Primavera Árabe también han debilitado la posición rusa. Y Occidente no ha parado de erosionar las bases de su poder en su antigua área de influencia. Pueden citarse los planes del escudo antimisiles liderado por EE.UU. o el acercamiento a Georgia para construir un gasoducto alternativo a la red rusa de Asia Central, aunque la férrea respuesta rusa en Georgia dejó claro que la soberanía de las antiguas repúblicas soviéticas tenía como límite el respeto a sus intereses estratégicos.

En la actualidad, fuera de su territorio, Rusia tiene bases aéreas en Armenia, Kirguistán y Tayikistán. Además, tiene estaciones de radar en Azerbayán, Bielorrusia y Kazajstán y algunas tropas desplegadas en Moldavia. Merecen una mención especial las dos bases navales rusas en Siria y Ucrania, donde se encuentra la flota del Mar Negro en Sebastopol y Rusia tiene desplegados unos 13.000 marineros y soldados.

Merecen una mención especial las dos bases navales rusas en Siria y Ucrania, donde se encuentra la flota del Mar Negro, en Sebastopol, y Rusia tiene desplegados unos 13.000 marineros y soldados

Solo si lo enmarcamos dentro de este proceso de pérdida de influencia de los años 90 se puede entender la importancia estratégica que presentan para Rusia estos dos últimos países. Son los pilares de la renovada capacidad estratégica rusa. Ello explica el inquebrantable apoyo ruso al gobierno sirio y la descomunal presión que está ejerciendo sobre el gobierno ucraniano.

En el caso de Ucrania, tanto Rusia como la Unión Europea han tratado de ganarse el favor del gobierno y vertebrarla dentro de su área de influencia. Rusia ha presionado con todos los medios a su alcance, incluyendo el aumento del precio del gas, del que hasta llegó a cortar el suministro en pleno invierno hace unos años. El gobierno tuvo que ceder ante la necesidad vital del gas para calentar el país con temperaturas por debajo de cero.

La Unión Europea ha usado también todas sus armas, ofreciendo un marco de estabilidad, facilitando el acercamiento a la OTAN y, sobre todo, abriendo su enorme mercado. El gobierno ucraniano se ha debatido entre ambos colosos, dando constantes bandazos, ya que cada acercamiento a uno de ellos significaba una reacción virulenta del otro.

Después de varios años de negociaciones entre la Comisión Europea y el gobierno ucraniano para firmar un acuerdo político y comercial, la Unión Europea planteó en febrero de 2013 establecer una fecha para concluir las negociaciones. El presidente Viktor Yanukovich aceptó situar este final para noviembre de 2013. En abril, en lo que todo el mundo interpretó que era un guiño a la UE, Yanukovich indultó a un preso político.

En agosto llegó la reacción rusa. Sin previo aviso, Rusia paralizó todas las importaciones ucranianas en la frontera para inspecciones aduaneras. El presidente ruso, Vladimir Putin, afirmó que estas medidas podrían ser definitivas si Ucrania finalmente firmaba el acuerdo con la UE en noviembre. El 13 de noviembre, en un claro gesto contrario a la UE, el parlamento ucraniano pospuso la decisión sobre el indulto a Yulia Tymoshenko, la antigua presidenta del país. Una semana después, el 21 de noviembre, Ucrania anunció que se suspendía la firma del acuerdo con la Unión Europea y que se iniciarían conversaciones para formar un bloque comercial alternativo con las antiguas repúblicas soviéticas.

Ante este anuncio, realizado horas antes de la firma prevista, los líderes europeos reaccionaron con declaraciones de indignación. En Ucrania se produjeron manifestaciones con cientos de personas que gritaban, mostrando banderas europeas, que Ucrania es Europa. La expresidenta Tymoshenko urgió a la gente a salir a las calles y protestar contra una medida que podría avanzar un golpe de Estado. Y desde entonces se han producido decenas de enfrentamientos entre los opositores pro-europeos y las fuerzas de seguridad. El 15 de diciembre, la UE dio por rotas las negociaciones. Y las revueltas no han parado. Las últimas noticias señalan que se han producido las primeras víctimas mortales de los disturbios.

Es obvio que en Ucrania coexisten dos almas, la que se siente cercana a la Europa occidental y desea entrar en la Unión Europea y la que sigue mirando a Rusia como su centro de referencia tanto por inercia histórica como por puro pragmatismo. No hay que descartar una guerra civil entre estas dos almas ucranianas. Pero tampoco se puede olvidar que Ucrania es la joya de la corona en la disputa que mantienen la UE y Rusia por la influencia en la Europa oriental. Nadie quiere pensar qué podría pasar si Rusia se decide a intervenir militarmente o si la OTAN despliega tropas cerca de la frontera.

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