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Esther Andradi periodista y escritora, autora de ‘Mi Berlín. crónicas de una ciudad mutante’

“A un lado y otro del Muro, se buscaba algo que superara al socialismo y el capitalismo”

En agosto de 1961 fue construido el Muro de Berlín, convirtiendo a la ciudad, durante 28 años, en dos espacios ajenos. Esther Andradi lo narra en ‘Mi Berlín’

Entrevista y fotografía de Cristina Mtz. Sacristán - Domingo, 2 de Agosto de 2015 - Actualizado a las 06:06h

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Esther Andradi

Esther Andradi (Cristina Martínez)

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berlín/bilbao - La inquieta Esther Andradi nació “hace varias décadas” en la pampa argentina. Se hizo periodista, y ejerció en diversos medios peruanos. En 1983 llegó a Berlín, y desde entonces ha vivido principalmente allí, realizando crónicas, programas de radio y escribiendo libros. Aguda testigo de la metamorfosis de la capital alemana, acaba de publicar Mi Berlín. Crónicas de una ciudad mutante (Mirada Malva), donde recoge crónicas del Muro, su caída y la reconversión de la ciudad. En EE.UU., Latinoamérica, Madrid, Copenhague... estudian sus libros y da conferencias.

Sorprende que, cuando fue a Berlín, apenas pudiera informar sobre lo que pasaba. ¿Había mucho control?

-Oh, nada que ver. Yo formaba parte de la asociación de corresponsales extranjeros en Berlín Occidental. Pero ese sector de la ciudad era entonces una isla capitalista flotando en medio del “socialismo real”, y no interesaba lo que pasaba allí. En Clarín me dijeron “mándanos algo si se cae el Muro”, como un chiste. Yo estaba convencida de que allí había mucha movida...

Y optó por contar aspectos curiosos, y que por sí mismos hablaban de una ciudad tan dividida que parecían dos planetas distintos, ¿no?

-Claro... Comencé a escribir la ciudad desde mi mirada personal, mi experiencia, y tratando de contar el absurdo. Así fui desarrollando esa particular manera de escribir que llamé Del álbum cotidiano, columnas para la revista peruana La Tortuga.

En un capítulo narra cómo para cobrar un cheque de un banco de Berlín Oriental o pagaba una comisión como en las antípodas o, si cruzaba el Muro, abonaba la visa...

-Estas crónicas son también el registro de un mundo que desapareció. Las enviaba por correo postal, y tardaban semanas en llegar; otro tanto necesitaba yo para enterarme de si aquello había sido publicado o no, etc. Recuerdo cómo corríamos un grupo de periodistas freelance, en el edificio que compartíamos, cuando nos contaron que habían instalado un fax.

¿Cuántas lágrimas vio en el periodo con Muro? Había hasta un pabellón de lágrimas (Tränenpalast).

-No he visto dramáticas escenas por entonces... Tras la Ostpolitik de Willi Brandt muchas restricciones se habían aflojado, había regímenes de salida para los mayores de 60... Había como un acostumbramiento a la situación. Los turistas se subían a parapetos de madera para ver “el otro lado”. ¡Y en el Este hacían lo mismo!

Para una periodista viajera, aquellas vivencias serían apasionantes...

-Sí, para mí fue impresionante ver que tanto de uno como de otro lado del Muro había jóvenes que buscaban una alternativa de vida: algo superador al “socialismo real” y al “capitalismo”. Es en Berlín donde se creó la Lista Alternativa que luego generó el movimiento verde alemán. A uno y otro lado del Muro Berlín era un laboratorio de ideas: la preocupación por el medio ambiente, por viviendas sociales, derechos de las minorías... la creatividad y el sentido del humor estallaban en cada manifestación.

Apenas tardaron en construir el Muro. Y lo derribaron en breves horas. Medio planeta vibró con aquello. ¿Cómo lo vivió Berlín?

-Los días previos, desde la visita de Gorbachov en octubre para conmemorar los 40 años de la RDA, frente a la tele como si fuera un mundial de fútbol. Con ese estremecimiento y suspenso... Hubo una manifestación de un millón de personas el 4 de noviembre en Alexanderplatz, con políticos, intelectuales y escritores de primera línea, para modificar el socialismo... Pero ya era tarde, ¡la mayoría de la RDA quería acceder al marco alemán!

Aquella ciudad con fábricas vacías y sin riqueza fue repoblada por artistas, escritores, cineastas... ¿Eso la convirtió en lo que es ahora?

-Sí, pero no fue un camino fácil. Tras 25 años de la unidad, sigue habiendo diferencias entre este y oeste. Vivienda, trabajo, asignaciones sociales... Es un proceso que no ha terminado.

Ha escrito otros libros ahí, forma parte de un movimiento de corrientes literarias multiculturales.

-Cuando llegué apenas nadie escribía en español. Ahora, es la tercera lengua en los bachilleratos. Berlín se ha ido llenando de tantas culturas que hay como una reivindicación: “Escribo en el idioma que me da la gana”.

Escribe en alemán y en castellano, dicta talleres de escritura en universidades, traduce sus textos...

-Ahora mi hija, Raquel Sutter, traduce mis libros. Su mirada es muy especial, la voz de mis textos en alemán.

Describe una racha peligrosa, en 1991, con enfrentamientos xenófobos. Aún sigue latente ese problema en algunas partes de Alemania.

-Cada tanto se producen resurgimientos, como hace unos meses el movimiento Pegida contra los refugiados. El 40-50% de los jóvenes tienen dos tradiciones -turcas, búlgaras, rusas...-, y somos alemanes. Eso crea gran tensión. Pero el racismo es institucional y social: cuando la gente siente amenazados su trabajo, vivienda, conquistas... No solo en Alemania.

¿Sigue siendo apasionante vivir en Berlín hoy? ¿Y contarlo?

-Es una ciudad muy especial, por esa historia que tiene, esos cambios que la contracturan, y hay una gran vida artística con muchos grupos y experimentación. Es apasionante, y al pie de la letra: en alemán, la pasión se traduce “el origen del sufrimiento”.

las claves

“Los días previos a la caída del Muro se vivían frente a la tele, como si fuera un mundial de fútbol. Con el mismo estremecimiento y suspenso”

“Berlín es una ciudad muy especial por esa historia que tiene, esos cambios que la contracturan, y su gran vida artística y experimental”

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