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el asesinato de informadores aumenta en el mundo

Verano caliente para los periodistas

diversas organizaciones confirman que el asesinato de informadores aumenta en el mundo. los periodistas, especialmente los ‘freelances’, acusan una mayor desprotección legal y empresarial

Un reportaje de. Cristina Mtz. Sacristán - Sábado, 15 de Agosto de 2015 - Actualizado a las 06:03h

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Manifestantes en México D. F. protestan por la muerte de un periodista y activistas de Derechos Humanos.

Manifestantes en México D. F. protestan por la muerte de un periodista y activistas de Derechos Humanos. (Foto: Efe)

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  • Manifestantes en México D. F. protestan por la muerte de un periodista y activistas de Derechos Humanos.
  • El bloguero Beckedahl.
  • Maturana, de RSF.
  • Terry Gould.
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ALGUNOS periodistas, como en una trama fílmica, son perseguidos, censurados, encarcelados e incluso asesinados. Los casos de informadores en estas condiciones suelen producirse a lo largo de los años, de forma acentuada en los países con restricciones a la libertad de expresión. Problema que va en aumento y, en concreto este verano, está habiendo más casos de agresiones a informadores en demasiados países, corrobora Amnistía Internacional (AI) a DEIA.

En medio de numerosos ataques a informadores off line y on line, esta semana el periodista y defensor de Derechos Humanos Mazen Darwish ha sido liberado en Siria. Tras “tres años de calvario, torturas incluidas”, relata AI. Una reclusión arbitraria más, como las que suele practicar, entre otros, la República de Irán, con cineastas, periodistas y escritores. Reporteros Sin Fronteras (RSF) celebró la libertad (condicional) de Darwish, quien irónicamente es Premio Mundial de Libertad de Prensa, y su secretario general, Christophe Deloire, añadió: “Ahora esperamos que el tribunal lo declare inocente”.

El día de esa excarcelación, Deloire exigió la liberación incondicional de todos los periodistas detenidos “de forma injusta” en Siria. Según su organización, el Gobierno de Bachar Al Asad mantiene detenidos a al menos treinta informadores y “periodistas ciudadanos”. Otros 25, seis extranjeros, están desaparecidos o son rehenes del Estado Islámico (EI) y otras organizaciones radicales. Tanto RSF como AI están muy preocupados por la situación de Ángel Sastre, Antonio Pampliega y José Manuel López. El eco mediático de que podían haber sido capturados en Alepo no les beneficia, pues puede condicionar las gestiones para su rescate.

desprotecciónLos tres periodistas españoles desparecidos en Siria son freelances, de los “de raza” que se adentran, a todo riesgo, en las zonas de conflicto, tal y como señala nuestra compañera Marta Martínez, quien conoce muy bien a Sastre. Sus condiciones de desprotección son muy grandes, acentuadas por los recortes en los medios para los que trabajan. Tanto para Reporteros Sin Fronteras como el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, el objetivo es que “estén en casa, sanos y salvos”, por lo que “la clave es la discreción y la prudencia”.

En este sentido, el secretario general de RSF, Rafael Maturana, insistió a finales de julio en que “la mejor opción en estos momentos es la prudencia”, y que Siria es un país en el que informar es “muy complicado y sobre todo muy peligroso”. Casi el 99% de los profesionales que se desplazan hasta allí son freelances, según Maturana, quien denunció que en muchos casos van a trabajar “muy poco protegidos”. Por ello, RSF intenta apoyarles con chalecos antibalas y cascos, además de un seguro global. En cuanto a estos informadores, “son tres periodistas experimentados y que han estado un montón de veces en esta situación”, describió.

Diversas agrupaciones gremiales del mundo se han solidarizado con estos tres colegas. La Agrupación de Periodistas de FSC-CC.OO. pidió “a las empresas y patronales de los medios en España que regularicen, de una vez, la situación profesional de los freelances en nuestro país, garantizando -además de sus condiciones de trabajo- su seguridad, especialmente cuando se trata de corresponsales de guerra o enviados especiales a zonas de conflicto”.

Otro país con altos niveles de violencia, la cual suele salpicar a los periodistas, es México. En su capital se han sucedido estas semanas manifestaciones a favor de los informadores, tras el asesinato del reportero gráfico Rubén Espinosa y cuatro mujeres, informaron el día 7 fuentes de la fiscalía local, que mantuvieron en reserva la hipótesis sobre el motivo del crimen por motivos de sigilo: “El grueso de la Policía de Investigación está en las calles haciendo una búsqueda activa de los sospechosos”.

A primeros de agosto, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) hizo pública su repulsa por la muerte violenta del fotoperiodista de Veracruz, que se había refugiado en la capital tras recibir múltiples amenazas. Espinosa, de 31 años, fue hallado muerto con la activista Nadia Vera y tres personas más que resultaron acribilladas por desconocidos en un piso de Narvarte, un barrio de clase media.

La FAPE, tras enviar una misión a México en 2014, difundió un informe detallado “sobre la dramática situación de la Prensa” allí, relata. “Desde el 2000, más de cien periodistas han sido asesinados en México. En lo que va de 2015, según datos de la FIP, Rubén Espinosa hace el número 64 en todo el mundo”. La buena noticia se produjo el pasado día 10, cuando entró en vigor en México DF una ley para la protección de periodistas y defensores de Derechos Humanos. Respondiendo así a las reivindicaciones de AI, que añade que “de 2010 a enero de 2015, al menos 97 periodistas han sido asesinados” en el país norteamericano.

El escritor y periodista Terry Gould ya había denunciado en Matar a un periodista (Libros del Lince) algunos destinos candentes del planeta, entre ellos México. Como China, caracterizada por el control informativo y, por ejemplo, la “cruel indiferencia de las autoridades hacia una periodista encarcelada a la que niegan atención médica adecuada”, denuncia AI.

En 2009, cuando Gould publicó su libro, habían sido ejecutados 76 “valientes” informadores, cifra que ha ido en aumento. Países como China, Rusia o Egipto “han endurecido sus legislaciones”, informa AI. Y en Siria, “desde el inicio del conflicto los periodistas han estado en el punto de mira. Otros como Azerbaiyán, Arabia Saudí, Bahrein... ya tenían un historial oscuro”, y siguen tomando decisiones como la prohibición del Al Wasat, único diario independiente de Bahrein, el día 7. Túnez y Marruecos suelen adecuar sus leyes contra la libertad de expresión. En Brasil, un locutor que había denunciado casos de corrupción fue asesinado en directo en la radio hace unos días.

La prensa parece malherida, sobre todo si sumamos la crisis económica general y la del sector en particular, con miles de periodistas en paro en los últimos años, cierres de medios, pocos presupuestos... Y la ley mordaza no ayuda a informar de forma transparente. Incluso Francia ha recrudecido su legislación relativa a la libertad de expresión, señala AI.

También los blogueros son objetivo de los represores, como ha ocurrido con Niloy Neel en Bangladesh, asesinado por un grupo yihadista. Más sorprendente es que un fiscal alemán investigó el blog de Markus Beckedahl por posible “alta traición”. Turquía, que suele detener a periodistas, como Siria cercena Twitter cuando puede... Malos tiempos para la crónica.

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