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La unidad eclipsada

Alemania conmemora su reunificación mirando al 3 de octubre

Alemania conmemora su reunificación mirando al 3 de octubre. Pero la actualidad migratoria ha eclipsado la efeméride, poniendo en entredicho al Gobierno Merkel y dividiendo al país que se ha ido unificando

Un reportaje de Cristina Mtz. Sacristán - Domingo, 27 de Septiembre de 2015 - Actualizado a las 06:07h

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Los trozos de muro pintados por Thierry Noir presiden Potsdamerplatz. El vasco Víctor Landeta también pintó restos de muro para los 25 años de su caída.

Los trozos de muro pintados por Thierry Noir presiden Potsdamerplatz. El vasco Víctor Landeta también pintó restos de muro para los 25 años de su caída. (C.M. Sacristan)

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ESTÁ Alemania realmente unificada? Pasó dividida por un muro de 1.500 kilómetros casi 30 años, exactamente 28, con dos sistemas socio-económicos opuestos, y eso todavía hoy se nota. Sobre todo en Berlín, donde aún conviven dos bibliotecas nacionales, dos zoológicos, varias óperas... Así lo recuerdan la artista e historiadora vasco-alemana Erika Ede y la escritora y periodista Esther Andradi, quien ha compilado en Mi Berlín (Mirada Malva) sus crónicas del antes, el durante y el después de la Caída del Muro (1989). “Según estadísticas oficiales, sigue habiendo diferencias entre el este y el oeste. Vivienda, trabajo, asignaciones sociales... Es un proceso que aún no ha terminado”, indica Esther. El ingeniero alemán Jan R. lo corrobora: “No es posible unificar en tan poco tiempo”.

Jan, que nació en el Palatinado (fronterizo con Francia), es uno de los germanos que apenas tuvo contacto con el Este durante la división. “Había alemanes que tenían más relación con Holanda o Francia que con Prusia”, relata a DEIA, “muchos no teníamos parientes u otra conexión”. Otros sí las tenían, recuerda Kerstin F., profesora cuya familia se vio dividida entre Berlín Oriental y Occidental. Y resultaban dos planetas diferentes, sin apenas posibilidades de contacto. Eso, coinciden las personas consultadas por este diario, conllevó mucho dolor y dificultades de readaptación al caer el Muro: el este y el oeste eran diametralmente distintos. “Mi madre no ha asimilado tantos cambios políticos”, narra el guía Mathias Petersdorf, nacido en el este. “Aún falta más de una década para que Berlín se homogeneice”, considera Kerstin.

Uno de los berlineses afectados por la división fue Christian Tänzler, responsable de VisitBerlin de carácter alegre y viajero. Su familia se vio separada, así que es de los primeros que hoy celebran, no sólo la caída del Muro, sino además “que Berlín no podría ser lo que es ahora dividido. Nosotros sufrimos la frontera más que en otros lugares de Alemania. Nuestro mensaje al mundo es hoy: Hemos pasado de ser una walled city a una city of the world (juego de palabras entre ciudad dividida y ciudad del mundo)”. Christian enfatiza con orgullo este hecho multicultural que caracteriza a la capital alemana en este siglo: está poblada por 187 nacionalidades, y los artistas, escritores, cineastas, etc. la escogen por sus vivas corrientes creativas.

“Estábamos como en una isla, no era una ciudad cosmopolita. La reunificación fue un regalo para nosotros. Pasamos del color gris al amarillo, el azul, el rojo... La gente joven sabe que aquí puede intentar sus sueños sin necesidad de mucho dinero. El dinero no es lo más importante en Berlín”, define Tänzler, y los actuales habitantes de la ciudad suelen afirmarlo: “Aquí viene la gente que quiere sentirse libre”.

¿Sabe Merkel qué hace? De aquellos días en que Helmut Kohl y Willy Brandt hilvanaron la reunificación, quedan contados políticos alemanes. Pero es precisamente Wolfgang Schäuble, el ministro de Finanzas, quien deseaba recuperar en la reunificación incluso la Silesia y la Polonia prusiana. Schäuble fue víctima de un atentado en el año de la unificación (1990), por un desequilibrado, razón por la que se halla en silla de ruedas, y resultó el político más fiero con Varoufakis al negociar el rescate de Grecia. Tuvo que dimitir como presidente del Partido por un escándalo financiero, por lo que fue sustituido por Angela Merkel. Algunos habitantes alemanes, como Esther Andradi y Jan R., consideran que Schäuble, con su pertinaz búsqueda de la “deuda cero”, está convirtiendo a Merkel en odiada por unos y amada a partes iguales.

Stefano Gualdi, criado en el Norte de Italia pero historiador del Arte y veterano guía en Berlín, recuerda que “la Caída del Muro abrió la nevera del virus del neonazismo”, especialmente en algunas regiones del este del país, como Mecklemburg-Vorpommen y Sachsen". Recuperando aquella “exaltación nacional de Una tierra, un alma, un pueblo”. Esther Andradi refleja en Mi Berlín los movimientos xenófobos producidos ya en 1990. Actualmente, cuentan Stefano y Esther, en algunos barrios del Este de Berlín también van en aumento altercados neonazis. Ya en febrero DEIA testó a la población berlinesa sobre los enfrentamientos anti y pro islamistas, que se habían incrementado tras el caso de Charlie Hebdo. Con especial núcleo en Dresde. Y, a raíz de las intensas oleadas migratorias de sirios, iraquíes, eritreos, etc. de este verano, los grupos más conservadores del país se han puesto en guardia, exigiendo que no entren más inmigrantes en Alemania.

Hace dos semanas, la canciller Angela Merkel insistió en que su país tenía abiertas las puertas a los refugiados. Acnur ya había informado a este periódico de que Alemania es el país de la UE que más refugiados asila, seguida de Suecia y Francia. Cuando Frau Merkel repitió que Alemania podía acoger a más, la prensa germana eclipsó la celebración de los 25 años de Unidad. Así, hace pocos días Die Zeit abrió el periódico con la foto de Merkel haciéndose un selfie con un refugiado sirio, y preguntando en letras rojas “¿Sabe ella qué está haciendo?”. Entretanto, Der Spiegel mostraba a la canciller con aspecto de Teresa de Calcuta, y el título “Madre Angela”. Por su parte, el periódico de los sin techo Obdachlosen ha dado esta semana una gran foto de Merkel con una chamarra como de piloto, cubierta de firmas de empresas que venden armas.

“Probablemente no midió que su mensaje llegaría por internet hasta los campamentos de refugiados, y que eso animaría a tantos inmigrantes a venir a Alemania”, interpretan Andradi y Jan R., ante la oposición del propio gabinete de Gobierno a la política migratoria de la Canciller. “Al volver de vacaciones de Cuba, me encontré con muchos alemanes preocupadísimos por lo que está pasando”, cuenta Ana, nacida en Santiago. “Lo ven como una catástrofe, temen que en diez años Alemania se venga abajo”.

Merkel suele ser definida en Berlín como conservadora pero estratégica -tomando lo mejor de programas como el socialista o el de los Verdes-, lo que haría que últimamente gane las elecciones. En cambio, al mostrarse proclive al asilo, el movimiento antiislamista y antiextranjeros Pegida ya está formando partido político propio y Merkel “está atravesando un momento impopular”, estima Stefano Gualdi. Algunas personas consultadas señalan que los industriales alemanes apoyan a la Canciller. La razón sería que llevan tiempo queriendo bajar el salario mínimo, fijado aún en 8,5 euros, y los refugiados podrían constituir mano de obra muy barata. De hecho, búlgaros y rumanos suelen trabajar hasta por 4 euros la hora. Algunos artistas como Sonia Alcaina, de origen almeriense, ya han trabajado alguna vez por 5 euros. Y se han enfrentado a situaciones condescendientes. Por ejemplo, Sonia narra que, al concurrir a una plaza de profesora de Arte, la persona que la entrevistaba le dijo “tu alemán es mejor que el de una au pair sudamericana que tuve”. Bastantes inmigrantes, como ella, coinciden en que en Berlín hay un “sentimiento de culpabilidad” histórico, que lleva a los berlineses a acoger y a evitar ser racistas por todos los medios. Y a recordar a niños y foráneos qué supuso el nazismo, para no repetirlo.

Katja, una austriaca que está en Berlín con un proyecto, está impresionada con los campamentos desbordados alrededor de Viena, con la gente “durmiendo en la hierba”. “Las coberturas sociales austriacas pueden ayudar a los sin techo, pero ¿cómo va a encontrar trabajo un sirio sin recursos?”, se pregunta. Katja se horroriza al oír hablar a los políticos de “inmigrantes económicos”: “¿Cómo pueden llamar así a miles de personas huyendo de bombardeos?”. En cambio, el Gobierno alemán está hablando de un 40% de “turistas sociales, no refugiados, para los que no hay dinero”, comenta Gualdi. Esther Andradi, conmovida ante esos miles de personas que se hacinan en las fronteras europeas, no cree que el problema principal de Alemania sea actualmente el rebrote del nazismo, sino un neoliberalismo que va desmontando, “día a día”, los avances sociales que conquistó Alemania, como otros países escandinavos o, por ejemplo, Holanda. “Siemens y Bosch dominan el Gobierno”, ironiza Jan, el ingeniero, comparando la situación con las políticas estadounidenses marcadas por las multinacionales.

El área de Potsdamerplatz, la que fue la zona más ancha de la separación, con 500 metros entre Berlín Oriental y el Occidental, se llena estas semanas de referencias de la reunificación. Así, la celebración del 3 de Octubre, que se focalizará especialmente en Frankfurt, aunque tendrá un festival en Brandenburg Tor, se entrelaza con la cuestión migratoria. Por ejemplo, la Global Social Business Summit calienta motores para reivindicar en Berlín “un mundo sin pobreza ni desempleo”. En la capital alemana se vienen produciendo movimientos de apoyo a los refugiados, y algunas empresas dedican, discretamente, presupuestos y horas de trabajo al voluntariado. “Es fantástico, numerosas personas se están volcando en ayudar. Con comida, ropa, en los puestos de acogida...”, relata Christian Tänzler, quien piensa que Berlín aún tiene espacio para más inmigrantes. ¿Será posible ese mundo igualitario y sin pobreza que enarbolan los berlineses?

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