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Tribuna abierta

¿Plan estratégico de convivencia?

Por José Serna Andrés - Sábado, 30 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:05h

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QUEDiego, un niño de 11 años, se suicide a causa del acoso que sufre en el colegio, que el profesorado y su familia no hayan podido hacer nada para prevenirlo, que el sistema judicial, en principio, no haya encontrado motivos para considerar el caso como un tema de acoso, que en una carta se muestre que el entorno afectivo familiar del niño era acogedor y que la sociedad reaccione ahora, impotente, con una exaltación de sentimientos... entra dentro del guion. De hecho, el Gobierno en funciones tiene entre manos un “Plan estratégico para la convivencia escolar” con setenta medidas porque para aprender es necesaria la “convivencia pacífica”. Es muy loable, aunque parece que en una cuestión de tamaña envergadura sería positivo que el profesorado fuese consultado.

Pero lo que sucede a pequeña escala en ámbitos que presuntamente controlamos sucede a gran escala en la sociedad, con acosos y atentados a la dignidad humana ante nuestras propias narices, como si ya estuviese asumido y formara parte del sistema. No hay más que ver cómo en determinadas películas se exalta la violencia constantemente como espectáculo, para atraer al público, que paga entusiasmado por verlo e incluso a veces considera que tal violencia está justificada porque se considera que la causa es más o menos justa.

También hay víctimas de estas situaciones de acoso escolar que no tomaron decisiones tan extremas y, después de muchos años, en plena madurez, recuerdan aquellos hechos. Esas personas, algunas de ellas en puestos relevantes de la sociedad, indican que no se atrevieron a denunciar los hechos ni siquiera a sus familias. Las víctimas siempre quedan aisladas. Quizá comentaron algo a parte del profesorado, que no supo, o no pudo, o no quiso, inmiscuirse en el problema. Y algunas de esas personas, cuando se vuelven a encontrar con quienes les acosaban, escuchan de labios de gente que posteriormente tiene incluso profesiones relacionadas con la ingeniería o la judicatura, que en aquel momento no se atrevieron a no acosar para no ser acosados o que lo hicieron por diversión infantil o que tenían una cierta envidia de las buenas notas o de la personalidad de la víctima o vaya usted a saber... Siempre encontramos palabras para justificarlo todo y nos quedamos tan anchos.

Globalización del dañoNo está mal que se hagan leyes específicas para estos casos. No está mal que existan protocolos para la formación del profesorado, para la intervención en las asociaciones de familias, para la concienciación entre el alumnado. Sin embargo, mientras hacemos esto, mientras estamos diciendo a nuestros infantes que no hay que pegarse, que no hay que molestar, vemos cómo se insulta la clase dirigente, cómo se roba a gran escala en cuanto se puede, cómo se explota a otras personas, cómo se prepara una guerra, cómo se abandona a las personas refugiadas, cómo se discrimina a otras personas por ser diferentes, o cómo se pegan hasta la extenuación dos de los protagonistas de una serie que causa furor entre el público.

Hablamos de la globalización de la economía pero no mencionamos la globalización del daño a los semejantes. Hay contextos, como una etapa de la vida o un colegio o una situación económica o una enfermedad moral colectiva o una necesidad urgente o una catástrofe, en los que nos vemos impelidos a actuar de una determinada manera, aunque, por supuesto, no afecta de la misma manera a todas las personas, menos mal.

Lo que a veces sucede en cierto colegio, o a veces en alguna casa, sucede a gran escala en la sociedad. La violencia, el daño, se ha globalizado y está en todas partes y los derechos humanos son papel mojado

Nuevas conciencias De todas maneras, no está mal que de vez en cuando se haga visible ese daño. Que se oiga a las víctimas decir a sus familias que son un encanto y que, a pesar de todo, no han podido decírselo a la sociedad hasta que han pasado muchas lunas desde que las víctimas están muertas e incluso el sistema judicial no ha encontrado mecanismos para resolver los casos.

No se trata de promover derrotismos exacerbados ni de afirmar que no se puede hacer nada. Es todo lo contrario. Lo importante, ahora, es recoger esos gramos de inocencia que aún quedan en muchas conciencias y juntar todo en un montón de nuevas conciencias. Que esos sentimientos que en determinados momentos nos llevan a decir que esto no puede seguir así nos motiven para no bajar la guardia, para que el sentimiento crítico esté constantemente presente en todas las situaciones de la sociedad. ¿Sería posible elaborar un Plan estratégico de convivencia global? ¡Pobre ONU, que un día lo elaboró en la Declaración Universal de los Derechos humanos, pero sabe que en demasiadas ocasiones es papel mojado!

Sabemos, de todas formas, que no todo depende de un gobierno local o global. Cada vez que miramos hacia otro lado sin mostrarnos activos para establecer leyes justas e incluso miramos hacia otro lado cuando esas leyes justas, aun formuladas, no llegan a resolver los problemas, y renunciamos al rearme moral que no nos permite ser indiferentes a tanto daño como se mueve a nuestro lado, es entonces cuando dejamos de hacer un mundo posible y más humano.

Si un centro educativo puede ser nido de sufrimiento y violencia, ¿qué estará sucediendo en otros ámbitos en los que la desprotección es mucho más manifiesta a todos los niveles?

¿Cuántas personas lo sufren?

Es algo que nos concierne.

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