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Historias de los vascos

Un refugio en el exilio: El hospital de La Roseraie (1937-1940)

El antiguo hotel-casino de La Roseraie acogió un hospital creado por el Gobierno de Euzkadi para atender a los gudaris heridos y a los civiles vascos que tuvieron que huir de los fascistas

Un reportaje de Jean-Claude Larronde. Fotos de Sabino Arana Fundazioa - Sábado, 2 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:04h

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El edificio de La Roseraie fue construido entre 1927 y 1928 y fue calificado como “el más hermoso conjunto de art déco de la Costa Vasca”.

El edificio de La Roseraie fue construido entre 1927 y 1928 y fue calificado como “el más hermoso conjunto de art déco de la Costa Vasca”.

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  • El edificio de La Roseraie fue construido entre 1927 y 1928 y fue calificado como “el más hermoso conjunto de art déco de la Costa Vasca”.
  • Enfermeras asisten a Gonzalo de Aranguren en una operación.
  • Homenaje al doctor Gonzalo de Aranguren Sabas, celebrado el 19 de febrero de 1939.
  • La coral de La Roseraie, formada por heridos y mutilados de guerra.
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ES cierto que entre todas las instituciones creadas en suelo francés por el Gobierno de Euzkadi para el sostén de sus refugiados, La Roseraie fue la más importante y la más exitosa. El Gobierno vasco en el exilio consideraba con orgullo esta obra, que simbolizaba en su opinión sus capacidades administrativas y políticas, al mismo tiempo que testimoniaba el profundo interés que ponía en su pueblo.

De mayo a octubre de 1937, una de las consecuencias de la ofensiva victoriosa del franquismo fue el exilio de una gran parte del Pueblo Vasco del sur de los Pirineos. 116.000 vascos llegaron a los puertos de Nantes, Saint-Nazaire, La Pallice, Pauillac, Baiona y Donibane Lohizune. Se calcula que en 1938 todavía había 20.000 vascos en suelo francés, perfectamente encuadrados por el Gobierno vasco. Esta cifra subiría hasta cerca de 60.000 en marzo de 1939, después de la evacuación de Cataluña.

Al mismo tiempo que a los civiles, se evacuó a los soldados que, por causa de la guerra, habían sido heridos o mutilados. A fin de acogerlos y cuidarlos, el Gobierno vasco alquiló a partir del 1 de julio de 1937 un amplio inmueble situado en la costa de Lapurdi, en Bidarte, barrio de Ilbarritz, a las puertas de Biarritz y a tres kilómetros del centro del pueblo. Un periodista escribió: Es la obra magnífica de un pueblo que no desea morir. Y, en efecto, La Roseraie de Bidarte simboliza, todavía hoy, el esfuerzo de 1937 a 1940 de los vascos, vencidos militarmente por las fuerzas fascistas, pero no abatidos o resignados. Al mando de esta obra, se encontraba el consejero Eliodoro de la Torre. Un gran amigo de los vascos, Pierre Dumas, pudo escribir: ¡Se puede decir que jamás se ha visto un exilio mejor organizado!

Un hotel lujosoEl hotel de La Roseraie se construyó en 1927-28 por el arquitecto Joseph Hiriart. 350 obreros trabajaron durante ocho meses para que todo estuviera dispuesto el día fijado para su inauguración el 14 de agosto de 1928. La Roseraie fue calificada como “el más hermoso conjunto de Art Déco de la Costa Vasca”.

El hotel, que tenía cinco plantas además de una planta baja, contaba con un total de 150 habitaciones lujosas y espaciosas. El hotel disponía también de un restaurante panorámico, un bar, un instituto de belleza, pistas de tenis, un campo de golf en miniatura, además de un pequeño casino.

La Roseraie parecía la promesa de un brillante futuro. Pero la crisis económica de 1929 iba a arruinar este magnífico hotel. No resultó un negocio rentable y tuvo que cerrar definitivamente sus puertas.

Fue este conjunto de pasado esplendor el que el Gobierno vasco hizo habilitar como centro hospitalario para sus gudaris heridos o mutilados de guerra y para su población civil refugiada en Iparralde. Aunque deficientemente mantenido en los últimos años, no le faltaba encanto con su gran jardín, su piscina de agua de mar y su frontón. Los trabajos de habilitación se completaron rápidamente;en pocos meses, se abrieron todos los servicios: cirugía general, ginecología y maternidad, medicina general, dermatología, urología, otorrinolaringología, odontología, oftalmología, análisis y masajes.

En el hospital hubo para el año 1938, una media de 240 pacientes con un máximo de 300 heridos o enfermos al mismo tiempo. En total, 726 gudaris estuvieron hospitalizados en La Roseraie y hubo 823 enfermos de la población civil.

Para la dirección del hospital, Eliodoro de la Torre, consejero de Finanzas y de Sanidad del Gobierno vasco, nombró al bilbaino Gonzalo de Aranguren.

Si todos los servicios médicos funcionaron normalmente y fueron dignos de un hospital moderno, merece hacer una mención especial a la sección de Maternidad y del dispensario prenatal: La Roseraie pasó a ser el lugar donde daban a luz las mujeres del País Vasco peninsular refugiadas en el País Vasco continental.

En septiembre de 1938, José Antonio Aguirre con sus consejeros Telesforo de Monzón y Eliodoro de la Torre, visitó el hospital y conversó con muchos mutilados. En su discurso, se dirigió a ellos en estos términos: “Todas nuestras preocupaciones y todos nuestros desvelos están con vosotros… A partir de hoy, sois y seréis ciudadanos de honor del Gobierno de Euzkadi”.

Centro de vida funcionalLos Talleres de Reeducación tenían por finalidad reeducar a los inválidos y readaptarlos en actividades u ocupaciones antiguas o nuevas. Los obreros y profesores recibían un salario. El número de obreros aumentó rápidamente hasta alcanzar 142 al final del año 1938. Los visitantes no dejaban de maravillarse al ver a los mutilados fabricar sus propios aparatos ortopédicos.

La Roseraie era también un centro de enseñanza para sus residentes;en junio de 1939, había 155 alumnos que recibían un pequeño salario.

La coral de La Roseraie o según su denominación oficial La coral de los heridos o mutilados de guerra de La Roseraie contribuyó notablemente al prestigio de este nombre y perduró en muchas memorias. Los bidartarras han guardado durante mucho tiempo el recuerdo de esta coral, bien en la iglesia con ocasión de las fiestas religiosas, bien en el frontón de la plaza de Bidarte, bien ante la alcaldía con actuaciones siempre gratuitas. El espectáculo de estas bellas voces que surgían de cuerpos lisiados y mutilados era particularmente emotivo y no dejaba indiferente a nadie. José Antonio Aguirre relató: “El día que visité La Roseraie, la coral de los mutilados cantó en mi honor. Pocas veces en mi vida he sentido una emoción más profunda. Cantaban a su patria martirizada como sus cuerpos”.

La vida religiosa estaba presente en La Roseraie con un capellán que decía las misas en una capilla. La misa dominical reunía a mucha gente, entre la que se incluían los habitantes del barrio Ilbarritz.

La vida cotidiana de los hospitalizados en La Roseraie transcurría de manera apacible, marcada para los convalecientes por algunos paseos a pie hasta el centro de Bidarte (unos tres kilómetros) o incluso hasta Getaria (alrededor de seis kilómetros) amenizados con algunas paradas en ciertos albergues;luego, las canciones no tardaban en salir.

Después de la evacuación de Cataluña en febrero de 1939 y de la derrota definitiva, 300 heridos y mutilados de guerra vascos fueron internados en varios campos de concentración entre los que se encontraba el de Gurs (cerca de Oloron, en Bearn, donde hubo más de un centenar). A fin de trasladarlos allí y de prestarles los cuidados necesarios, el Gobierno de Euzkadi se preocupó inmediatamente de instalar nuevos establecimientos, ya que los edificios de La Roseraie no podían acoger a esta población adicional.

El 22 de abril de 1939, el doctor Luis Bilbao, inspector general de Higiene del Departamento de Sanidad del Gobierno de Euzkadi escribió una carta al ministro del Interior francés solicitándole que autorizara la instalación de un anexo de La Roseraie en el castillo de Ilbarritz del que no le separaban más de cien metros. Se trataba de un amplio y magnífico castillo construido en 1897 por el barón Albert de L’Espée. El centro recibió la autorización del ministro del Interior el 17 de mayo de 1939. Muy pronto, 230 personas residieron allí de manera permanente.

Nuevas amenazasEn el momento de la declaración de guerra de Francia y de Inglaterra a Hitler el 3 de septiembre de 1939, no hubo vacilación ni equívoco alguno por parte del Gobierno vasco que se situó desde el primer día al lado de los Aliados.

El 4 de septiembre de 1939, José Antonio Aguirre habló de “nuestra total solidaridad con la causa de Francia y de sus aliados”. Y proseguía: “Dadas las causas invocadas y los métodos empleados por Alemania para desencadenar la guerra, se trata para nosotros de la guerra entre todo lo que es digno de ser apreciado y todo lo que merece nuestra condena…” Más de 3.000 vascos refugiados firmaron fichas individuales redactadas a este tenor:

X… de nacionalidad vasca, se declara dispuesto a asumir todas las consecuencias del compromiso suscrito por la Liga Internacional de Amigos de los Vascos para ayudar a Francia y a su Gobierno.

Todos los gudaris aptos de La Roseraie firmaron ese compromiso.

En nombre de la Liga Internacional de Amigos de los Vascos, su secretario general, el vicepresidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Asamblea Nacional, Ernest Pezet, ofreció la puesta a disposición del Gobierno francés del hospital de La Roseraie.

La drôle de guerre (la guerra boba), de septiembre de 1939 a mayo de 1940, hizo que el alistamiento de los gudaris de Bidarte, así como el ofrecimiento de La Roseraie, no fueran atendidos: el Gobierno francés no tenía necesidad alguna de este reclutamiento ni de esta oferta al no haberse desencadenado las hostilidades militares.

Más tarde, muchos refugiados de La Roseraie fueron a parar al campo de concentración de Gurs, con ocasión de la redada que tuvo lugar en la costa vasca del 18 al 25 de mayo de 1940.

El 22 de junio de 1940, Francia y Alemania firmaron el armisticio. Los combates cesaron el 25 de junio y, dos días más tarde, las tropas alemanas ocuparon la costa vasca y tomaron posesión de La Roseraie, vacía de sus antiguos ocupantes. La bandera de la cruz gamada reemplazó a la ikurriña. El hospital de La Roseraie había muerto.

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