DeiaDeia. Noticias de Bizkaia - Noticias de última hora de Bizkaia, Euskadi e internacionales. Deia. 40 urteDeia. 40 urte

Saltar al Contenido

Períodico de Deia
Tribuna abierta

El futuro de la ACB de Sestao: una cuestión política

Por Rosa Martínez - Jueves, 21 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:03h

votos | ¡comenta!

LA semana pasada se debatió en el pleno del Congreso una Proposición No de Ley sobre el sector siderúrgico; un sector que ha ocupado titulares en los últimos meses y que sin duda juega un papel fundamental en la economía de Euskadi.

Precisamente este mes se cumplen cinco años de la compra, por parte de ArcelorMittal, del 20% de las acciones de la ACB a BBK y a Socade (sociedad pública participada por Gobierno vasco y Diputaciones). Esto supone que, según los acuerdos que dieron lugar a dicha venta, el compromiso legal de ArcelorMittal para el mantenimiento de la actividad de la planta de Sestao expira este abril.

Más allá de las intenciones declaradas de la multinacional de reanudar la producción tan pronto como la situación del mercado del acero se estabilice, la realidad es que ni la situación del acero tiene visos de solucionarse a corto plazo, ni las instituciones están a la altura de un reto político de primer orden: asegurar el futuro de la industria vasca.

El “cierre temporal” de la planta de ArcelorMittal de Sestao es una etapa más de la crisis que lleva años forzando a la industria europea a redefinir su modelo productivo, para pasar de un sistema derrochador de energía y materias primas a otro más eficiente y sostenible. Por desgracia este proceso está aún lejos de ser una prioridad política, a pesar de que está en juego el bienestar de millones de personas.

La industria mundial tiene actualmente capacidad para producir mucho más de lo que puede consumir y mucho más aún de lo que realmente necesita para cubrir las necesidades básicas de las personas. El sector del acero no es una excepción: cientos de fábricas compiten por un mercado menguante. Tampoco China se libra de esta reconversión forzada, y quiere suprimir 1,8 millones de empleos en el sector del carbón y el acero. Ante esta perspectiva, la prioridad de los gobiernos debería ser, por un lado, conservar un sector industrial de menor tamaño productivo, pero más eficiente, moderno y sostenible; y por otro, planificar cómo derivar el empleo asociado a las industrias que cierren hacia otros sectores más sostenibles y necesarios. Y abordar esta transición en un plazo suficiente como para que las plantillas y sus familias no paguen la miopía política en materia industrial.

En primer lugar los acuerdos de París sobre cambio climático van a obligar a todos los países a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. En el sector del acero, esto supondrá recortar la producción procedente de la siderurgia integral (que usa mineral de hierro y carbón) o, de lo contrario, tendrán que comprar derechos de emisiones en un mercado cambiante e incierto tras la COP21. La alternativa son hornos eléctricos como el de Sestao que, si utilizan energía renovable, reducen doblemente las emisiones de CO2. Una segunda ventaja de estos hornos es su eficiencia, y la ACB ha trabajado bien en la línea del ahorro energético. Además utiliza chatarra como materia prima, lo que se alinea con la estrategia sobre economía circular de la UE, y hace bueno el planteamiento ecologista de que los residuos son recursos desaprovechados. Por último, la calidad del acero producido en Sestao es fruto de la cualificación de su plantilla. Esto les permite ofrecer acero de alta flexibilidad, adecuado para fabricar aerogeneradores o automóviles más ligeros y, por tanto, menos contaminantes. En pocas palabras, producen menos pero de mayor calidad.

Por eso el cierre de la ACB sería un paso atrás. Estamos ante un sistema económico paradójico, que castiga las prácticas industriales con futuro y premia las que debemos superar. Esta sociedad no puede permitirse que 1.500 familias se queden en la calle, esperando la entrada en vigor de medidas anti-dumping o una reforma del sector eléctrico que abarate el coste de la electricidad. Las instituciones deben abandonar la comodidad que da la lejanía de Bruselas o la actual impunidad del oligopolio eléctrico español y ponerse a trabajar. Urge recuperar el control accionarial público de la planta y de sus activos, para darle una segunda oportunidad en el contexto de una política industrial que haga una apuesta estratégica por otro tejido productivo que asegure la sostenibilidad del empleo y la producción.

Necesitamos diseñar un plan de transición de la economía que genere empleo sostenible y adapte nuestro tejido productivo a las necesidades sociales y ambientales del país. Toda política industrial que no vaya en esta línea es tirar el dinero y jugar con el presente y el futuro de la gente. Sería injusto que la Margen Izquierda volviese a sufrir una reconversión industrial como la de hace 30 años. Saldemos esa deuda histórica poniendo desde ya las bases de la industria vasca del futuro.

votos | ¡comenta!

Herramientas de Contenido

COMENTARIOS: Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

  • © Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120