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Tribuna abierta

¿Valores europeos?

Por José Serna Andrés - Domingo, 19 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:05h

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ES necesario reconocer que el proyecto europeo nace del reconocimiento de las brutalidades de las denominadas Primera y Segunda guerras mundiales, si es que hay alguna diferencia con las guerras napoleónicas o con otros episodios del pasado muy poco edificantes, por cierto. No nos destruyamos mutuamente si de verdad queremos seguir siendo fuertes, dice en el subconsciente esa afirmación que manifiesta la voluntad de superar “las antiguas divisiones”. Uno no cree que la Eurocopa sea hacer la guerra con un balón, pero a tenor de las intervenciones violentas de algunos hooligans, no parece que se esté dando un ejemplo de que los valores que se han sembrado, después de enterrar el horror de las guerras, estén haciendo brotar todo el trigo limpio. Hay mucha cizaña. Aceptamos que hay muchísimas más personas que esas tribus de hombres, creo que solo hombres, brutos y borrachos, destrozando el mobiliario y dándose puñetazos con otros hombres de la misma calaña. Porque uno cree que en ese entorno se disparan las alarmas de otros odios y de otras ansias de golpear y, aunque parezca mentira, recibir golpes.

Cuando se habla de qué es el europeísmo, uno ya no sabe qué contestar. Es fácil poner en una lista cuáles fueron los valores que, según lo que aparece en los documentos, construyeron Europa: el respeto a la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas que pertenecen a minorías, el pluralismo, la no-discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres. Si no se respetan esos valores se puede proceder a la expulsión de un Estado miembro de la Unión.

Y en cuanto a los objetivos, se trata de promover la paz y bienestar de los pueblos en un espacio de libertad, de seguridad y de justicia sin fronteras interiores, tender al pleno empleo, lucha contra la exclusión social, además del progreso científico y técnico, la solidaridad entre los Estados miembros, y la cooperación al desarrollo, entre otros.

En fin, sería muy complejo hacer un balance de la actualización, en la práctica, de estos valores y objetivos, sobre todo cuando hablamos de sociedades plurales y desiguales a muchos niveles, pero si nos fijamos en la protección de los derechos de la infancia en la escena internacional y se cita que en el propio seno hay más de diez mil niños y niñas que han desaparecido entre las caravanas de personas refugiadas, pueden salirnos los colores. Y con eso no se deben obviar avances que, precisamente por eso, aún sitúan a Europa como una referencia clásica respecto a determinados logros, pero si tenemos en cuenta que también se prohíbe de manera estricta toda discriminación de la nacionalidad y que se afirma el promover la libre circulación de personas, de bienes, de servicios y de capitales, volveremos a sonrojarnos cuando vemos los muros que pretenden frenar las hileras de personas refugiadas. Aunque en lo que parece que sí ha habido acierto ha sido en la libre circulación de capitales.

Cuando en el Reino Unido se habla sobre la salida de Europa no se citan esos valores de los que, pretendidamente, podemos presumir. Se afirma que la salida del Reino Unido les va a costar cuarenta mil millones y los esfuerzos por tranquilizar a los mercados van a ser ingentes. Por otro lado, el estado de bienestar tiene tantas termitas incrustadas en el paro y la precariedad, mientras las grandes fortunas y grandes corporaciones evitan cumplir con sus deberes fiscales, que alguien sigue sonriendo ante la ingenuidad de nuestras preguntas. ¿Son los valores europeos los que nos unen o son los valores de la Bolsa?

Parece, también, que la OTAN, además de traspasar fronteras, puede garantizar que no nos agredamos unos países con otros. Pero eso no quiere decir que se renuncia a la venta de armas a terceros países y mucho menos que se deja de intervenir en los problemas ajenos, aunque luego se reproduzca el efecto bumerán en forma de personas refugiadas a las que Europa ha defraudado. El sufrimiento de los millones de personas refugiadas tras las dos horribles grandes contiendas bélicas de la primera mitad del siglo XX parece haber quedado en el olvido.

Ya sabemos que la realidad tiene todos los colores del arco iris y que nuestros ojos no saben captar todos sus matices, pero a veces el blanco y el negro sirven como revulsivo, sabiendo que necesariamente uno se equivoca, pero es que la realidad es tan gris ahora…

¿Cuáles son, de verdad, los valores que priman en la UE?

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