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Perseverar en lo que une

Por Patxi Baztarrika Galparsoro - Jueves, 22 de Septiembre de 2016 - Actualizado a las 06:03h

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A nadie se le puede exigir que tenga siempre un buen día, aunque quienes ostentan responsabilidades políticas y públicas deberían esmerarse al máximo para no dejarse llevar por ocurrencias sin base fundamentada, generando disputas dañinas en ámbitos que requieren de amplios consensos. Con esas actitudes poco o nada se puede aportar al bien común, a los espacios de entendimiento básico forjados durante largo tiempo entre quienes apuestan por la convivencia, por poner en valor lo que nos une. Los socialistas vascos no han estado afortunados con el vídeo electoral que han hecho público recientemente, pretendiendo vincular, una vez más, euskera e imposición y discriminación, en este caso en el ámbito público.

Para cualquier ciudadana o ciudadano vasco conocedor de la realidad diaria resulta evidente que el citado vídeo es profundamente desequilibrado e injusto. No es acorde con el sentir de la inmensa mayoría de la ciudadanía, que ha trabajado duro durante décadas por recuperar el euskera, relegado y prohibido durante largo tiempo. La Ley del Euskera de 1982 supuso un antes y un después en esa senda, uniendo a formaciones políticas muy diversas en pos de un objetivo común. Bien consciente de que solo cabe avanzar hacia un bilingüismo real de forma progresiva, sin dar la espalda a nadie, el Gobierno vasco se ha esforzado desde entonces en que el de la recuperación del euskera sea un ámbito de acuerdo, de avance paciente pero sin marcha atrás, de adhesión y no de imposición. Y para ello ha tratado siempre de ensanchar al máximo la base política y social en pos de tal objetivo; también, como es evidente, con el Partido Socialista de Euskadi.

La cooficialidad del euskera obliga a la Administración a atender a cualquier ciudadano en la lengua que elija. A partir de ahí, nadie podrá decir que no se ha actuado con delicadeza, dando oportunidades de todo tipo a quienes ya estaban en el sector público para adecuarse de forma progresiva a esa situación y acomodando a la realidad lingüística la incorporación de nuevos efectivos. Así lo reconoce incluso el Consejo de Europa en sus informes, al tiempo que nos anima a perseverar para mejorar la atención en euskera, porque ciertamente nos queda camino por recorrer. Y han sido los vascohablantes que querían tratar con la Administración en su propia lengua los que más empatía han tenido que mostrar hacia un proceso histórico imposible de culminar en unas pocas décadas.

El pasado 8 de septiembre nos uníamos todas las administraciones públicas vascas y todos los euskaltegis -103 en total- para dar inicio al nuevo curso e invitar a la ciudadanía a la matriculación. Y lo hacíamos con un mensaje de convivencia social y enriquecimiento personal. A los cuatro días, llegaba el vídeo de los socialistas, con un guion de follón, conflicto… Es más fácil prender fuego que apagarlo, pero los responsables públicos tenemos la obligación de actuar como bomberos.

Evitar la confusión Guiados por ese afán de transparencia que permita reforzar los acuerdos existentes, hay que evitar cualquier confusión y distinguir entre “perfiles asignados a los puestos de trabajo” y “grado de exigencia de acreditación del perfil”. Son dos cosas absolutamente diferentes pero, ahora, los socialistas las mezclan, churras con merinas, y al final plantean que la exigencia y/o valoración del euskera debe ser ampliamente reducida.

Paradójicamente, se propone que, a más hablantes de euskera en la sociedad, haya menos euskera en la administración. Olvidan que el sistema que combina exigir el conocimiento del euskera para determinados puestos y valorar dicho conocimiento como mérito para el resto sin excepción forma parte del consenso de la Ley del Euskera y de la Ley de la Función Pública Vasca, consenso del que ha formado parte el PSE-EE, y es un sistema expresamente avalado por el Tribunal Constitucional en sentencia sobre la Ley del Euskera.

Todos los puestos de trabajo tienen un perfil, que no es otra cosa que el grado de conocimiento de euskera adecuado para desempeñar las funciones del puesto también en esa lengua tan oficial como el castellano. Y eso nada tiene que ver con tener que acreditar el perfil asignado: el requisito de acreditar depende del índice de preceptividad vinculado a la realidad sociolingüística, y varía de un territorio a otro, de un municipio a otro, de una administración a otra, según la realidad sociolingüística. Volviendo a la asignación de perfiles, en algunos casos, no en la mayoría, para un mismo puesto se asignan hasta tres perfiles diferentes en las distintas administraciones. De ahí que se deba hacer una revisión de la asignación de los perfiles lingüísticos, para unificar criterios de asignación entre las diferentes administraciones públicas vascas y corregir incoherencias para mejorar el sistema. Pero eso, insisto, nada tiene que ver con lo otro. El vídeo es de brocha gorda.

Hechos y datos El Gobierno vasco presentó en junio en el Parlamento una propuesta concreta inicial abierta al debate y al análisis, abierta al consenso, para la revisión de los perfiles de 37.544 puestos de las diferentes administraciones públicas. Eso son hechos. Proporcionalidad, razonabilidad y progresividad son los tres principios que guían la exigencia y la valoración como mérito del euskera en la administración vasca, en el largo camino hacia una administración realmente bilingüe. La administración pública se debe a los ciudadanos, a esos ciudadanos que tienen el derecho a relacionarse y a ser atendidos en la lengua oficial de su elección. Y cada vez hay más bilingües, que saben euskera: 300.000 más que cuando se inició este proceso.

Más datos: en lo que respecta a los puestos de la Administración General de la CAV, el 44% no requiere conocimientos obligatorios de euskera y sí el 56%. Esos índices varían en las diversas administraciones, de acuerdo con la diversidad sociolingüística. Por ejemplo, el índice de obligatoriedad del conocimiento del euskera es del 77,48% en el ayuntamiento de Eibar, 36,51 % en el de Vitoria-Gasteiz y 26,91% en el de Barakaldo. En Osakidetza, el índice de obligatoriedad es del 37,42%. Y en las dos últimas ofertas públicas de empleo del Gobierno vasco, el perfil 3 se ha valorado como mérito no más del 11% del total, cuando la ley permite valorarlo hasta el 20 %.

Los datos son elocuentes. A partir de ahí, pongamos el énfasis en fortalecer los acuerdos existentes, que han sido la constante en el proceso de revitalización del euskera. Quienes pretenden hacer uso partidista, sesgado y profundamente injusto de esta cuestión, se equivocan. Jamás van a encontrar en ese camino al Gobierno vasco. Sigamos todos trabajando en la profundización de los amplios consensos que el euskera necesita para seguir avanzando con eficacia. Sin dejar a nadie a un lado. Pegados a la realidad. Porque, tal y como advirtiera Koldo Mitxelena, “el euskera es demasiado débil para utilizarlo como arma arrojadiza”.

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