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Athletic 0-0 Alavés

Solo el Alavés hizo su parte (0-0)

El Athletic, con muchos cambios en el once, careció de juego y acierto para superar el entramado defensivo del rival, que además se anotó las dos mejores ocasiones de la matinal

José L. Artetxe - Lunes, 9 de Enero de 2017 - Actualizado a las 06:03h

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Aduriz y Laguardia, que se las tuvieron durante todo el partido, forcejean en un córner. Reportaje fotográfico: Oskar Martínez y Juan Lazkano VER GALERÍA

Aduriz y Laguardia, que se las tuvieron durante todo el partido, forcejean en un córner. Reportaje fotográfico: Oskar Martínez y Juan Lazkano

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ATHLETIC: Kepa (Min. 35, Iraizoz), Elustondo, Etxeita, Laporte, Balenziaga, Beñat, Mikel Rico (Min. 57, San José), Susaeta (Min. 57, Williams), Raúl García, Muniain y Aduriz.

ALAVÉS: Ortolá, Kiko Femenía, Laguardia, Feddal, Raúl García, Marcos Llorente, Manu García, Toquero (Min. 74, Katai), Camarasa (Min. 90. Dani Torres), Ibai Gómez (Min. 75, Edgar Méndez) y Deyverson.

Árbitro: Del Cerro Grande (Colegio Madrid). Mostró tarjeta amarilla a los rojiblancos Mikel Rico (Min. 45), Aduriz (Min. 46), y a los blanquiazules Laguardia (Min. 62), Zou Feddal (Min. 63), Deyverson (Min. 90) y Manu García (Min. 93).

Incidencias: Partido correspondiente a la decimoséptima jornada de LaLiga Santander, disputado en San Mamés ante 42.182 espectadores, según datos de LaLiga. Alrededor de 600 aficionados del Alavés asistieron al encuentro.

bilbao - San Mamés no asustó a un Alavés que llegaba avalado por una contrastada solvencia como visitante. En realidad, más que el escenario fue el rival el que no logró intimidarle, ponerle en aprietos o siquiera crearle dudas. Al Athletic, salvo voluntad, le faltó casi de todo para reventar el plan diseñado por Mauricio Pellegrino. Esta vez el amor propio o el balón parado, bazas que acostumbra a rentabilizar, tampoco le alcanzaron para compensar el cúmulo de deficiencias observado durante hora y media de intensa brega, de modo que no pudo eludir un reparto de puntos que desde una perspectiva ecuánime es un premio ajustado a sus méritos. Acaso el Alavés se retirase pensando que se le escapó una magnífica oportunidad para ganar, no en vano contó con las dos situaciones más claras para marcar y apenas concedió ninguna a los rojiblancos, pero el 0-0 se antoja el resultado acorde al tipo de partido que acogió ayer La Catedral.

El Athletic podría esgrimir la proximidad de la cita copera del jueves como atenuante porque fue evidente que faltó fluidez y dinamismo, pero Ernesto Valverde procuró paliar dicha circunstancia con seis cambios de salida. Sucedió que las novedades, de hombres y tácticas, no funcionaron. Es comprensible que Raúl García o Aduriz acusasen el desgaste, por el tipo de tarea que desempeñan y la severa vigilancia a que estuvieron sometidos por los centrales y la pareja formada por Llorente y Manu García, pero el resto tampoco aportó lo deseable. El conjunto se quedó corto de inspiración y de acierto para agujerear el concienzudo blindaje del Alavés. La impericia del anfitrión fue una constante, menos obvia en la primera media hora, donde cargó con la iniciativa, pero bastante notoria con el paso de los minutos. Cuando en el tramo final, quiso empujar a la brava, tirando de riñones y de las piernas de Williams, el rival se mantuvo impertérrito, no se achicó y Ortolá permaneció a salvo.

La lesión de Arrizabalaga a la media hora restó un cambio, pero tampoco cabían muchas alteraciones más vista la alineación. La presencia de Elustondo en el lateral fue lo llamativo, pero su incidencia fue más relativa que la ubicación de Beñat como último medio, posición que mantuvo incluso cuando entró San José en lugar de Rico. Beñat conectó poco con la gente de arriba, aparte de mostrarse poco fino en la estrategia, una malísima noticia el día en que se botaron catorce córners. Muniain revolvió por la franja central, pero a propios y ajenos, mientras que Susaeta apenas percutió, huérfano de un compañero y es que a Elustondo se le puede pedir que guarde su zona, no que corra la banda. Tampoco Balenziaga se prodigó, de forma que todo favoreció que el Athletic se perdiese en el formidable atasco propiciado por el Alavés, un grupo agresivo, aplicado y ordenado de principio a fin.

TRES OCASIONES El brioso arranque le procuró al Athletic sus tres mejores opciones de gol, las únicas reseñables: una volea de Raúl García, que salió muy centrada, un cabezazo de Laporte, alto, tras peinada de Elustondo y un chut lejano de Beñat al que Ortolá respondió con los puños. Trataba de elaborar, con Beñat omnipresente, pero pronto se comprobó cómo el Alavés estaba más cómodo de lo que podía parecer, pese a lo poco que contactaba con el balón. El nulo balance ofensivo local posterior así lo certifica. La escasez de recursos combinada con el asentamiento gasteiztarra trajo un equilibrio inquietante, se percibía que la alegre marcha de comienzo iba disminuyendo, sobre todo después de que Camarasa, beneficiándose de un mal despeje, gozase de un mano a mano con el recién ingresado Iraizoz que no subió al marcador por centímetros. El palo derecho del meta escupió un remate que constituyó una seria advertencia. Vamos, que el Alavés no se conformaba con protegerse y en la retirada al descanso ya se le veía merodeando por zonas altas, una tendencia que acentuó en el segundo período.

Camarasa dispuso de otro par de remates, luego probó Ibai de tacón, indicios de que el derbi se abría más de lo que al Athletic le interesaba. Trató entonces Valverde de recuperar el terreno perdido con San José y Williams, que empezó como ante el Barça acompañando a Aduriz para luego ubicarse en la banda, comprobada la imposibilidad de progresar tan próximo a la frontal. Pero el Alavés sumaba más y más posesión, se desplegaba por el ala de Toquero y llegó el error de bulto que Laporte intercala con preocupante frecuencia. Deyverson remontó sin oposición la línea de fondo e Iraizoz aguantó pegado al palo para repeler su disparo. Fue la última aproximación de entidad del Alavés, que refrescó sus bandas para continuar generando sustos.

No los hubo en buena medida porque hasta la conclusión el Athletic se esforzó en percutir como fuese, casi siempre lanzando a Williams, tan incisivo como impreciso. La ración de faltas y córners se multiplicó sin que sacase nada en limpio. No es fácil si no se templa la pelota al punto de penalti y, por si acaso, el Alavés no cedió un ápice en la batalla aérea. Laguardia y Feddal fueron unos colosos en dicha faceta, como Manu y Llorente interceptando pases o intentos de penetración, normalmente muy forzados fruto ya de la desesperación y el cansancio. La verdad es que el derbi no defraudó en lo que se refiere a combatividad, los protagonistas se emplearon a fondo. El Athletic suele imponerse cuando el ritmo se dispara y se vuelca como si no hubiese mañana, pero ayer se topó con un enemigo muy convencido de que nada tiene que envidiarle en nervio, solidaridad y concentración. Los jugadores de Pellegrino hicieron gala de una enorme entereza en las disputas.

Williams envió a la grada un tiro a diez del final y el Alavés abortó cualquier otro amago de peligro. Había ido ganando todos los duelos individuales sin que en el Athletic nadie propusiera algo distinto a ese clásico asalto dictado a impulsos del corazón. Embestir no evitó las tablas, no arregló un encuentro áspero, de pocas luces, donde triunfaron los peones mientras los más dotados eran engullidos por el sudor y el rigor. Especialmente los que puso en liza un Alavés que cumplió su cometido. El Athletic de ayer no puede decir lo mismo.

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