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José Fernández de la Sota Escritor

“La poesía está en la música y en el cine, no solo en los libros”

Tras varios años sin publicar poemas, José Fernández de la Sota vuelve con ‘Quien habla’, un libro que “conecta muy bien” con ‘Travesía de Bilbao’, su anterior trabajo

Una entrevista de Araitz Garmendia - Jueves, 19 de Enero de 2017 - Actualizado a las 06:04h

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José Fernández de la Sota. Fotografía de José Mari Martínez

José Fernández de la Sota. Fotografía de José Mari Martínez

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bilbao - Ha sido Premio Euskadi de Literatura en dos ocasiones -en 1998, con Todos los santos, y en 2010, con Vacilación- y cuenta con más de veinte obras publicadas que abarcan poesía, narrativa y ensayo. Tras Travesía de Bilbao, José Fernández de la Sota (Bilbao, 1960) vuelve con Quien habla (Editorial Gallo de Oro), que cuenta con un prólogo del también autor José Manuel Caballero Bonald, quien define este libro como la “obra de alguien que sabe muy bien qué quiere decir y cómo debe decirlo”.

Han pasado más de cinco años desde la publicación de su anterior libro de poemas, ¿por qué ha tardado tanto en editar ‘Quien habla’?

-Ha pasado un tiempo. Creo que cada libro tiene su momento y la poesía no es un género literario como la novela, que uno pueda planificarlo y atenerse a unos plazos. La poesía es, como decía Pedro Salinas, “un seguro azar”. Hay que darle tiempo, aunque creo que un libro no se termina nunca, solo se abandona, y digamos que era este era el momento de abandonar Quien habla.

¿Por qué escogió ese título?

-El título es un verso de un poeta alemán, Gottfried Benn, que escribió: “Venid y moved los labios, quien habla no está muerto”. Me parecía que ese “quien habla”, despersonalizado, puede representar a todo ser vivo. El habla es una manifestación de que estamos aquí, de que estamos vivos y podemos comunicarnos. Es una frase que me parecía muy atrayente y con mucho sentido.

Ha recibido numerosos galardones, como el Premio Euskadi, el Premio Ciudad de Córdoba, ha sido finalista del Premio Nacional de Poesía... ¿Hasta qué punto ayudan esos reconocimientos a un escritor?

-Al principio sí son importantes. Creo que el primero que gané por un libro de poesía fue el Premio Alonso de Ercilla, en 1989, un galardón que otorgaba el Gobierno vasco. Aquel fue muy significativo pero, a medida que pasa el tiempo, su importancia decrece, hasta el punto de no tener ninguna trascendencia especial respecto a lo que uno escribe, es decir, respecto a la propia obra. Un premio no te condiciona. Simplemente, o escribes o dejas de escribir. Sin embargo, la poesía no la decide uno mismo, es algo que te viene o no, aunque eso no quiere decir que no haya que estar atento, con las antenas desplegadas.

Muchos artistas tienden a considerar la última su mejor obra, ¿es su caso?

-No, creo que hay última hora o no hay última hora. Los escritores, especialmente los poetas, escribimos siempre el mismo libro, con parecidas palabras, en otro parecido tiempo, pero realmente es el mismo libro. A veces es más largo y a veces es más breve, y ni siquiera necesariamente tiene que ser un libro. De hecho, los grandes poetas suelen ser autores de pocos libros, como Jaime Gil de Biedma o Blas de Otero.

Precisamente haciendo un programa sobre Blas de Otero conoció a José Manuel Caballero Bonald, quien ha realizado el prólogo de este libro, ¿cómo surgió la propuesta?

-Yo no soy muy partidario de los prólogos, de hecho, entre los libros que he publicado, que son más de veinte, nunca me habían hecho uno. En esta ocasión fue una iniciativa de mi editor, que sabía que José Manuel Caballero Bonald es uno de los autores que más admiro de la generación de los 50 y que, además, tengo una relación de amistad con él. De ahí surgió la petición. Caballero Bonald fue generoso y lo llevó a cabo, y eso me llenó de alegría.

En ese prólogo le dedica palabras como que esta es una obra “de alguien que sabe muy bien qué quiere decir y cómo debe decirlo”. ¿Es importante recibir críticas positivas de otros autores?

-En estos tiempos las redes sociales se están convirtiendo en un escaparate en el que el escritor se expone y no hay nada crítico. Sin embargo, la poesía no tiene nada que ver con ese mundo de alabanzas fáciles. Lo que uno busca son lectores, lectores en la distancia y en el silencio. El sentido último de un autor está en esos pocos lectores, porque los halagos suelen ser falsos.

¿Por qué cree que es tan difícil encontrar a lectores de poesía?

-No lo sé, por un lado la poesía cada vez tiene más público, pero paralelamente también pierde lectores, es una cosa contradictoria pero real. Tiene más consumidores aunque más superficiales, pero de esos lectores al final puedes llegar a tener una base de seguidores, que sería lo ideal. Creo que la poesía, y más ahora con el Premio Nobel a Bob Dylan, demuestra que también está en la música, en el cine, y en muchas otras partes al margen de los libros.

¿Qué ha cambiado desde ‘Travesía de Bilbao’?

-Travesía de Bilbao conecta muy bien con Quien habla, aunque en este último hay una mayor desnudez y síntesis. Para mí la poesía es obtener un resultado con los mínimos posibles. Mi evolución estaría en dar mayor valor a la palabra, que parece que está cada vez más devaluada.

Le dedica un poema al pintor Amable Arias. ¿Qué relación le unía a él?

-Ninguna, tan solo admiración. Formaba parte del grupo Gaur aunque también era poeta. En realidad creo que todos los pintores tienen mucho de poetas. Amable Arias era un autor excelente, sus libros de poemas me parecen deslumbrantes.

Realizó la biografía de otro artista, Aurelio Arteta. ¿Poesía y pintura son artes que van de la mano?

-La biografía de Aurelio Arteta la realicé desde un punto de vista periodístico. Tengo un gran interés en la llamada Escuela Vasca. Hay pintores muy poéticos y otros más literarios, pero me interesa todo el arte que tenga ese elemento poético.

En uno de sus versos escribe ‘Deletreo el mundo’. ¿Cómo es posible hacerlo?

-Con mucha humildad y atención, observando en la perplejidad. Muy despacio uno puede deletrear el mundo, no hace falta escribir una novela de mil páginas para ello. A veces tienes un sentimiento un día a una hora concreta y, si eres capaz de trasladarlo a un poema, ya estás deletreando el mundo.

¿Es difícil vivir de la literatura?

-Yo no lo he intentado, vivo del periodismo. La poesía no es literatura, aunque está en ese ámbito. No lo es porque no puede ser ficción: es un testimonio, una muestra de lo que estás experimentando. Vivir de la poesía es prácticamente imposible. Decía Vicente Aleixandre que la poesía no da para comer, solo da para merendar, y en el mejor de los casos. De lo que se puede vivir es de una literatura de best sellers, de una literatura de masas.

Ha escrito poemas, ensayos y narrativa. ¿Hacia dónde quiere enfocar su próximo trabajo?

-Realmente no planifico la escritura ni tengo el apremio de escribir, nunca lo he tenido. Siempre tengo carpetas abiertas, pero no un proyecto concreto. A lo mejor no vuelvo a escribir nunca más. De hecho, cada vez que termino un poema tengo la sensación de que puede ser el último y, si así fuera, tampoco pasaría nada.

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