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El cambio digital

Conviviendo con robots

Por Alex Rayón - Domingo, 22 de Enero de 2017 - Actualizado a las 06:03h

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en las últimas semanas, en varios medios y programas de TV, quizás hayáis escuchado la idea de hacer que los robots coticen a la seguridad social. Esto surge en un contexto en el cual damos por sentado que los robots se van a incorporar a los entornos de trabajo. Un agente activo que hasta ahora era un mero medio de producción, pero que por su gran capacidad de generar valor añadido en contextos organizativos (ahorro de costes fundamentalmente), introduce nuevas ideas a debatir.

La conversación se ha estado llevando mucho a la sustitución de trabajos. Pero de lo que se ha hablado menos es del necesario cambio de nuestro modelo de sociedad y del propio estado de bienestar. Pensemos en el mismo en torno a dos de sus principales ejes: las pensiones y el desempleo.

El “modelo de contribución” de las pensiones, ese pacto intergeneracional por el que los activos financiamos el modelo para los no activos, por matemáticas, no sale. Creo que los de mi generación, ya lo tenemos claro. La acción protectora del Régimen General de la Seguridad Social habla de la remuneración de un trabajador como base de cotización. Es decir, el valor que genera un trabajador es remunerado, y de ahí sale las aportaciones a la Seguridad Social. ¿Y qué pasa si ese valor es generado por un circuito integrado con bits?

El otro día leía que un trabajador americano de la automoción costaba a su empresa unos 45 dólares a la hora. El mismo valor que aportaba ese trabajador americano, si lo hacía un mexicano, el coste para la empresa era de 8 dólares. Si lo hacía un robot, 5 dólares. Para esquivar la conversación sobre costes y llevarla a valor generado, es necesario que las empresas entiendan que debemos entre todos contribuir al mantenimiento de nuestro modelo social.

No sé si cuando Donald Trump habla de traer de vuelta los trabajos a Estados Unidos, ha tenido en consideración a los robots. Pero quizás debiera hacerlo, porque lo que entiendo no es sostenible es que sea una conversación sobre costes y ahorro para las empresas. Este dinero generado por la automatización, lo podríamos dedicar a la formación y reconversión de perfiles de baja cualificación que deban pasar a ocupar esos puestos que se generan en las escalas medio-altas de cualificación. A mí, me parece justo. La Seguridad Social, repito, creo que debiera reconsiderar sus definiciones y concepciones.

En segundo lugar está el efecto sobre el empleo. Se está escribiendo mucho últimamente sobre la propuesta de una renta incondicional que venga a suplir los problemas de algunos perfiles para encontrar trabajo en esta sociedad tecnificada. Otros hablan de una sociedad en la que los robots trabajan para que los humanos podamos dedicar más tiempo a la familia, al ocio, tareas domésticas, etc. De nuevo, con la misma lógica: el valor que ellos generan, permite contribuir al bienestar global.

En este caso, no tengo todavía una opinión sólida. Hacer un esquema justo en el que nadie tenga la sensación de trabajar y ganar lo mismo que uno que no lo hace, es siempre complicado.

Lo que sí parece claro es que acabaremos conviviendo con robots. Y como tal, debemos incluirlos con plenos derechos y responsabilidades en nuestra sociedad. El Parlamento Europeo, ya ha aprobado una serie de recomendaciones sobre normas de Derecho Civil de la robótica. Las numerosas implicaciones éticas, medioambientales, de seguridad y privacidad que se derivan de la utilización de los robots, no pueden esquivar nuestro ámbito del derecho.

Como ven, este debate sobre la robotización, es más un tema de consideración social y política, que tecnológica. Nosotros, los tecnólogos, nos encargaremos de proveer soluciones que generen valor. Pero esa redistribución del valor, de la renta generada, es una cuestión del estado del bienestar. De ese nuevo modelo de sociedad. En un estado social y democrático, una preocupación de gobierno.

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