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ATHLETIC 3-2 APOEL NICOSIA

Muy mal resultado

El Athletic se complica por culpa de su horrible puntería ante un Apoel tan flojo como eficaz en ataque

José L. Artetxe - Viernes, 17 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:03h

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ATHLETIC: Iraizoz, De Marcos, Yeray, Laporte, Balenziaga (Min. 56, Lekue), Iturraspe (Min. 56, San José), Beñat, Williams (Min. 78, Susaeta), Raúl García, Muniain y Aduriz.

APOEL NICOSIA: Waterman, Milanov, Merkis, Yambere, Ioannou, Giannotas, Vinicius, Nuno Morais, Efrem (Min. 72, Aloneftis), Bertoglio (Min. 60, De Camargo) y Sotiriou (Min. 77, Astiz).

Goles: 0-1: Min. 36; Efrem. 1-1: Min. 38; Balenziaga. 2-1: Min. 61; Aduriz. 3-1: Min. 72; Williams. 3-2: Min. 89.

Árbitro: Jonas Eriksson (Suecia). Mostró tarjeta amarilla a los rojiblancos Raúl García (Min. 25) y Laporte Min. 48), y a los chipriotas Efrem (Min. 8), Merkis (Min. 13), Giannotas (Min. 52) y Yambéré (Min. 64).

Incidencias: Partido de ida de los dieciseisavos de final de la Europa League, disputado en San Mamés ante unos 35.000 espectadores, entre ellos unos 1.500 seguidores chipriotas. El capitán del APOEL realizó la tradicional ofrenda floral al busto de Pichichi.

bILBAO - El Athletic se complicó la existencia gravemente en una noche ideal para haber no solo encarrilado sino sentenciado lo que a todas luces solo puede catalogarse como una ronda amable. Lo fue desde el preciso instante en que se conoció el emparejamiento, sencillamente porque el bombo no incluía equipos de inferior talla; continuó siendo asequible anoche, ante la confirmación de que, en efecto, el Apoel no deja de ser un tercera fila en el concierto continental, pero perdió la consideración de bicoca por culpa de la mala cabeza propia. A pesar de la variedad de registros que volvió a ofrecer, el Athletic gozó de una magnífica oportunidad para liquidar la eliminatoria y dejar la cita en el GSP Stadium a beneficio de inventario. A nada que los hombres de Valverde hubiesen exprimido con una pizca de pericia las múltiples concesiones que recibieron en el área rival, especialmente en la fase de desmelenamiento que protagonizaron bien avanzada la contienda, el resultado hubiera sido escandaloso. Pero erró lo que no está en los escritos y, para variar, el equipo permitió que el oponente mostrase su repertorio ofensivo. El del Apoel fue tan breve como eficaz y a la postre más que válido para revestir con un halo de inquietud un compromiso con todos los pronunciamientos para haber sido declarado como un paseo, casi un trámite.

Puestos a buscar explicaciones y atenuantes, comentar que quizá no sea normal que después de pasarse la noche penando, a menudo patas arriba, para proteger a su portero, con tres aproximaciones al área contraria el Apoel anotase dos goles y el tercer intento fuese abortado por una mano milagrosa de Iraizoz y la madera. Quizá sea un premio desmedido, pero desde luego no es suya la responsabilidad de las múltiples situaciones de peligro desperdiciadas en los dominios de Waterman. Esto queda en el debe del Athletic, que ayer contó además con una vía franca para hacer saltar por los aires el entramado defensivo chipriota. Williams hizo lo que quiso con su par, le volvió loco y compensó las limitaciones de sus compañeros sobradamente con una colección de internadas y centros que increíblemente nadie acertó a aprovechar. En ambas mitades Williams se hartó de agujerear la banda, percutió sin desmayo, pero ni Aduriz ni Raúl García ni Muniain, los más presentes en zona de remate sacaron partido a su enorme desgaste.

Con esa baza fue suficiente para aflorar las debilidades del Apoel, pero la generosidad de Williams se reveló baldía y por ahí se empezó a escurrir la opción de un triunfo concluyente. El empate de Balenziaga nació de un chut cruzado suyo y también se encargó de firmar el tercero a templado servicio de Raúl García, mientras que el segundo fue fruto de un fallo garrafal del central Yambere, cuyo regalo sirvió sin pausa Muniain para que Aduriz compensase todo lo que no hizo en un día en que podía haber disparado sus estadísticas. La sensación de que el Athletic malgastó una ocasión más que propicia para garantizarse su continuidad en el torneo se acentuó en un tramo frenético, del 60 al 80. Ahí se cimentó la voltereta y al mismo tiempo se malogró la goleada. El Apoel se vio avasallado por la fortaleza de un equipo hasta entonces parsimonioso, correcto sin más, aunque carente de alma y de recursos en la zona caliente. Ahí se desató el tornado rojiblanco, rebajado a chaparrón a causa del déficit de puntería.

OTRA REMONTADA Previamente, la cosa discurrió por derroteros muy diferentes. Una hora de reloj tardó el Athletic en ponerse por delante en la eliminatoria. Durante todo ese tiempo el Apoel mantuvo en vilo a San Mamés. Pese a su manifiesta inferioridad supo exprimir las pocas bazas que enseñó y preservar así sus opciones de cara al encuentro de vuelta, lo cual obedeció más a los deméritos locales que a su consistencia. Aunque no cabe obviar que el honor de anotar el primer gol de la noche fue visitante, algo ya habitual en Bilbao y, en este caso concreto, un alarde de eficiencia por cuanto fue la única llegada franca en ataque antes del descanso, lo cierto es que lo que sostuvo en pie a los chipriotas fue la inoperancia rojiblanca.

Una vez más faltó soltura e inspiración durante un rato larguísimo, de modo que la iniciativa que estableció el Athletic desde el inicio, y jamás discutió el rival por cierto, apenas alcanzó para plasmar la distancia que se intuía separa a los contendientes, un desequilibrio en el potencial que luego sí, en el tramo ya referido, se confirmó de pleno y se tradujo momentáneamente en un marcador claro e incluso muy corto. Valverde apostó por los mismos que en liga, salvo Iturraspe, sustituto de San José. La novedad no desentonó, pero Beñat siguió obtuso, Muniain tardó muchísimo en enchufarse, lo mismo que Raúl y que Aduriz, sin sitio, incómodo. Williams le ponía picante al control, hasta que un despiste posicional de De Marcos facilitó el vistoso remate de Efrem, imposible para Iraizoz. El susto duró un suspiro, el zurdazo a romper de Balenziaga y dos rebotes se sustanciaron el balsámico empate, pero no hubo más síntomas de reacción.

Tampoco tras el descanso, donde el mal uso de la estrategia resultó desesperante, y vinieron los cambios, dos de golpe, alguno de compleja comprensión. Coincidieron con el regalo de Yambere y el equipo, como impulsado por un resorte, se lanzó a degüello, con una rabia que acogotó al Apoel, expuesto a una paliza. Williams trajo cierta tranquilidad, pero se siguió fallando y fallando en los metros finales y a una de estas, llegó la penitencia. Gianniotas bordó una internada y San Mamés enmudeció. El Apoel se despidió muy vivo y al calor de su hinchada promete plantear una batalla muy seria que el Athletic se podía haber ahorrado.

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