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El cambio digital

La palabra de moda: algoritmo

Por Alex Rayón - Domingo, 19 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:03h

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Algoritmos cada vez más sofisticados.

Algoritmos cada vez más sofisticados.

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EN lo que es la actual república de Uzbekistán, en el año 780, nació Abu Abdullah Muhammad Bin Musa. Tomó como seudónimo Al-Khowarizmi, cuando trabajaba en el ambiente intelectual y científico de la Casa de la Sabiduría de Bagdag. En esta época de la edad media, la ciudad de las mil y una noches, Bagdag, era la cuna del conocimiento. Al-Khowarizmi, encontró ahí un terreno abonado para desarrollar su carrera cerca de las matemáticas.

Entre sus méritos, destaca el haber introducido el actual sistema de numeración arábigo (el que usamos). Y también, haber bautizado con su propio nombre, pero latinizado, una de las palabras de moda en este siglo XXI: algoritmo. El concepto describía originalmente al cálculo mediante cifras arábigas. La RAE, hoy en día, lo describe como un “conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema”. Esa fue la obsesión de Al-Khowarizmi: ser capaz de especificar de manera clara y concisa a los dispositivos de la época (ábacos fundamentalmente), los cálculos que todavía muchos hacían a mano. Operaciones matemáticas sencillas.

Obviamente, en estos siglos, los cálculos se han hecho muy complejos. Hacemos cosas mucho más sofisticadas que en la Bagdag del siglo IX. Y es que nuestro “día a día digital”, basa su funcionamiento en algoritmos. Cuando buscamos algo en Google, los resultados los devuelve un algoritmo llamado PageRank. Cuando abrimos el e-mail, hay unos filtros anti-SPAM que evitan que recibamos muchos correos no deseados. Cuando estamos en Amazon, su algoritmo, nos sugiere libros que nos van a gustar. Lo mismo ocurre en Netflix cuando queremos ver una película. Facebook, nos muestra publicaciones de nuestros amigos en función de su relevancia para nosotros.

Estos algoritmos de hoy en día, se han vuelto tan sofisticados, que incluso aprenden para mejorar por sí solos. Es decir, han trascendido la concepción original de Al-Khowarizmi de “especificarle a un dispositivo qué hacer para hacer cálculos”; ahora ellos mismos, los algoritmos, son capaces de aprender qué hacer para ofrecer aún más valor. Los hemos bautizado como machine learning o el aprendizaje de las máquinas. Son piezas de software que hacen predicciones y sacan conclusiones a partir de la observación y de los datos.

Por eso los algoritmos están de moda. Porque son capaces de hacer cosas por sí solos y mejorar mi día a día. Piensen en su día a día. A la mañana, supongamos a las 6.00, nos despierta una canción que nos quiere sorprender. Esa canción que Spotify ha considerado que nos podría alegrar la mañana en función de lo que hayamos dormido y vivido el día anterior. Nest, nuestro entorno domótico inteligente, ha encendido la calefacción o el aire acondicionado, en función de la temperatura. Encima lo ha hecho un rato antes de haber sonado esa canción, para que no pasemos frío o calor ni un solo segundo. Google Maps, nos recomienda salir a una determinada hora de casa y tomar una ruta determinada en función del estado de las carreteras. Next Seguros, mi aseguradora, que tiene un dispositivo para tener mi coche conectado a Internet, me sugiere cómo conducir y dónde repostar, para optimizar mi factura. Y cuando ya estoy en el trabajo, abriré el e-mail, entraré en Amazon o buscaré en Google un vuelo.

Junto con el hardware y las redes, los algoritmos, constituyen los ejes clave sobre los que pivota esta transformación digital de muchas industrias y organizaciones. Estamos ante las máquinas más sofisticadas del planeta. Cien millones de líneas de código son las que incorporan los nuevos vehículos. Facebook, tiene sesenta millones de líneas. El colisionador de hadrones, cinco. Estamos ante las primeras máquinas que están alcanzando los límites biológicos de la complejidad. Y lo que queda.

De los cálculos matemáticos básicos de los ábacos en la Bagdag del siglo IX, a los vehículos autónomos. El manejo de esas reglas que transforman datos en valor se ha convertido en algo fundamental para obtener ventajas competitivas en la estrategia de cualquier empresa. Por eso hay tanto interés en ello. Siempre con cuidado, claro, que estamos enseñando a aprender a robots, no a humanos.

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