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Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

Hiperactividad: cuando la pastilla no es la solución

La medicación a niños con déficit de atención e hiperactividad suscita un debate entre psiquiatras y terapeutas

Un reportaje de Iñaki Kerejeta - Lunes, 20 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

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Begoña Ereño y Leire Alkorta, partidarias de combinar la medicación con las psicoterapias, en su consulta.

Begoña Ereño y Leire Alkorta, partidarias de combinar la medicación con las psicoterapias, en su consulta. (Kerejeta)

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EL rápido aumento de los tratamientos psicofarmacológicos de niños con problemas de atención e impulsividad suscita debate en la comunidad científica de Euskadi. Begoña Ereño, psiquiatra infantil, y Leire Alkorta, psicopedagoga, del instituto Burmuin, cuestionan prácticas donde diagnóstico del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) equivale a tratamiento con metilfenidato. Frente a la creencia general de que estos psicofármacos son prácticamente inocuos para los cerebros de los niños, ambas doctoras narran sus experiencias con pacientes y describen los peligros y los efectos secundarios negativos que comporta el uso de este fármaco.

La psiquiatra Begoña Ereño y la psicoterapeuta Leire Alkorta creen que hay que medicar lo menos posible tratándose de niños que se encuentran en pleno desarrollo. Aunque no cuestionan los diagnósticos de otros profesionales, su opinión es que existe un problema de sobrediagnóstico del TDAH, con el consiguiente aumento exponencial de la medicación, y aseguran que están viendo continuamente las consecuencias en sus consultas.

La doctora Ereño asegura que hay que partir de la base de que no existe una prueba específica para diagnosticar el TDAH y “tenemos que ser cautelosos porque hay muchas modas en medicina y no sabemos si sale antes el diagnóstico o la medicación”, apunta la veterana psiquiatra. Esta patología se ha convertido, en su opinión en “un cajón de sastre donde se mete todo, se mete este niño que no atiende, se mete este niño que se mueve mucho... Lo que hay que hacer es ver qué es lo que está afectando a este niño, qué es lo que hace que no atienda o que se mueva mucho. Puede ser que no comprenda y se le exija más de lo que puede dar, puede ser que vaya con un retraso madurativo etc. Hay que analizar las causas multifactoriales en cada caso antes de considerar el consejo adecuado, porque puede ser que haga falta un trabajo de tipo familiar o un trabajo interactivo con el niño para que aprenda a controlarse, sin pretender que existan unas pastillas que valen para todos por igual”.

En la praxis médica de nuestros días, una vez establecido un diagnóstico de TDAH lo habitual es medicar a los niños con sustancias psico-estimulantes (especialmente metilfenidato) cuando la efectividad de estos fármacos y la pretensión de que sean siempre válidas está cuestionada.

efectos secundarios “Ayer mismo vimos a un chavalito que lleva años medicado y según las pruebas que le hemos practicado nosotras, no precisa de medicación”, dice Alkorta. Bajo los efectos del metilfenidato “a menudo se sienten otro, se notan tristones y parados”, apostilla la psiquiatra. Según ambas especialistas es común que los niños medicados experimenten dificultades para conciliar el sueño, pérdida de apetito, retraso en el crecimiento, así como cambios en el estado anímico. En algunos casos, “si el niño no mejora mientras que come y duerme peor, podemos hablar sin duda de un empeoramiento”, afirma Ereño.

El efecto de los fármacos consiste en reducir la impulsividad y debería ayudar a que la atención mejorase un poco, “pero el único efecto supuestamente bueno de las pastillas es parar al niño, a veces hasta demasiado, sin que realmente mejore su capacidad de comprensión y de atención, y luego cuando le quitas la medicación ¡adiós!”

Las pastillas tienen efecto durante unas horas; “los padres lo cuentan muy bien”, añade Leire Alkorta, “se la toma por la mañana pero por la tarde ya empieza otra vez”; por lo que hay que estar tomándolas continuamente durante años. Otro riesgo añadido, cuando se trata de adolescentes, son las contraindicaciones de estos fármacos, especialmente con el alcohol. Además, debe tenerse en cuenta que aunque los efectos secundarios adversos más inmediatos de estos derivados de la anfetaminas se conozcan bien, aún tienen que ser investigados los efectos a largo plazo.

Las alertas saltan cuando los maestros comparan a los niños en el aula y lanzan mensajes a los padres diciéndoles que sus hijos tienen un problema, sin tener en cuenta que no todos están en el mismo nivel de maduración aunque se encuentren en el mismo curso. La clínica del TDAH es muy genérica y se aplica, según Leire y Begoña, sin hacer antes las pruebas necesarias para afinar el diagnóstico. Los padres tienen mucho miedo a que sus hijos no avancen o no saquen buenas notas y se sienten presionados para intervenir.

La medicación hace que el manejo de los niños en las escuelas y en casa se vuelva aparentemente más fácil, “pero ¿realmente está mejor el niño?” pregunta Begoña. “Si las notas mejorasen podríamos decir que hemos encontrado la panacea pero generalmente no suele ser así”, añade Leire; “si el objetivo es que el niño esté más quieto, probablemente logres el objetivo pero no estás haciendo que el niño aprenda a controlarse y a concentrarse por sí mismo”.

Sin ser “anti-fármacos”, ambas profesionales consideran que hacen falta muchas cautelas y practicar distintas pruebas antes de decidir el consejo terapéutico más apropiado. Especialmente hay que tener en cuenta que todos los niños no son iguales; “algunos necesitan hacer mucho ejercicio físico y cansarse antes de ponerse a estudiar matemáticas”, explican.

alternativas terapéuticas Todo lo relacionado con las neurociencias está en pleno desarrollo, lo que vale para cuestionar en primer lugar la rotundidad con la que algunos psiquiatras defienden la supuesta inocuidad de los fármacos empleados para el TDAH. Aún no se han puesto blanco sobre negro las causas biológicas de este trastorno y existe una corriente de pensadores y catedráticos, desde Peter Gotzsche hasta el más cercano Marino Perez, que niegan que se trate de una enfermedad, y que ven en “esta epidemia” una patologización de problemas sociales y familiares, impulsada por el maridaje entre la psiquiatría estadounidense y la industria farmacéutica.

Una reciente encuesta realizada por la Oficina de Consumidores reflejaba que, en la práctica, el tratamiento psicoterapéutico tras los diagnósticos de TDAH está siendo dejado de lado y en esto, Ereño y Alkorta se muestran rotundas al decir que en todo caso hay que combinar la medicación con las psicoterapias. Una de las herramientas más novedosas empleadas por algunos psiquiatras es el llamado neurofeedback que consiste en realizar ejercicios de entrenamiento cerebral que ayudan al proceso de desarrollo; “en vez de darte un anabolizante para que desarrolles el músculo -explica la doctora empleando el símil- haces ejercicios y cuidas la alimentación para trabajar distintas áreas del cerebro que mejoran la funcionalidad”.

En cualquier caso, a su juicio, lo fundamental es valorar en cada caso el aspecto biológico, familiar y social, y en base a todos los datos, pensar cuál es el tratamiento que puede ser mejor para cada niño, sin olvidarnos de que “tenemos una sociedad que es muy protectora con los niños pero que luego hay muchos conflictos que ellos también pagan”.

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